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21 de Junio de 2012

3 claves para entender por qué Isla de Pascua está al borde de un colapso medioambiental

La inexistencia de alcantarillado, la profiferación de baños de pozo negro y la sospecha fundada de que éstos están filtrando excretas a las napas subterráneas, única fuente de agua para consumo humano en la isla, mantienen al pueblo Rapa Nui al borde de una grave y poco difundida crisis sanitaria.

Por Cindy Rivera
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Isla de Pascua nunca ha tenido una red de alcantarillado. Los expertos dicen que no se puede, que no es viable. Básicamente, porque excavar e instalar redes domiciliarias sería como trabajar en un campo minado: en cualquier momento puede aparecer una reliquia arqueológica.

En ese contexto, los pozos negros fueron históricamente una solución discreta y coherente para una población que en 1920 no superaba los 250 habitantes.

Pero ese número ha aumentado vertiginosamente en las últimas décadas (3.791 habitantes en 2002; más de 5.000 al 2011). Y también el de los turistas que visitan el lugar sobre todo en los meses de temporada alta (entre enero y febrero y entre agosto y noviembre), y que cada vez alargan más su permanencia, aumentando la demanda de recursos hídricos y también las cargas contaminantes.

Resultado: los pozos negros han debido incrementarse para atender las necesidades de los antiguos, de los nuevos y de los curiosos, llevando al límite de sus capacidades a un terreno frágil y permeable, que se sospecha está filtrando silenciosamente las excretas hacia el gran embalse de aguas subterráneas que abastece el consumo humano de la isla.

Allí estarían llegando también los lixiviados producidos por la descomposición de los residuos sólidos que son depositados en los dos grandes basurales de este territorio insular. Porque en Rapa Nui tampoco hay rellenos sanitarios y la basura es depositada sin clasificar en terrenos que hasta hace poco ni siquiera estaban cercados. Para esto no hay explicaciones suficientes.

Basura y pozos negros están configurando hace años una crisis ambiental poco conocida en el continente. A continuación, algunas claves para entender el origen del problema y las soluciones que se están evaluando.

1- El origen del agua

La Isla de Pascua es de origen volcánico y tiene una superficie total de 166 Kilómetros cuadrados. Sus suelos son altamente permeables. No existen ríos en su superficie, de modo que la única fuente de agua dulce son las lluvias que infiltran rápidamente hacia las napas subterráneas.

Desde allí, el elemento es extraído por medio de pozos de bombeo y sometido a un proceso de cloración y fluoración para ser distribuido en la comunidad.

En la isla el consumo de agua potable se ubica entre los 80.000 y los 100.000 metros cúbicos al mes. Según los estudios que se han realizado en el territorio, la cantidad de agua dulce que se consume en el lugar no representa un problema, y tampoco está cerca de la sobreexplotación, porque la infiltración media producto de las lluvias es mucho mayor a los volúmenes de extracción. El riesgo está, más bien, en la calidad del producto.

De ella se encarga en la superficie la Sociedad Agrícola y Servicios Isla de Pascua (SASIPA), una empresa de amplio giro que, además de proveer y distribuir agua potable en la isla, funge de generadora y distribuidora eléctrica y de administradora del fundo Baitea, además de prestar servicios de carga y descarga marítima.

2- La falta de alcantarillado

Lo que no hace SASIPA es tratar las aguas servidas de la isla.

En Rapa Nui no existe un sistema de alcantarillado y la construcción de uno resulta poco factible, principalmente por el alto costo económico producto de la excavación en roca y por el elevado costo ambiental, dado que en la gran mayoría del territorio insular hay zonas con restos arqueológicos declarados patrimonio de la humanidad.

Según el plan regulador de la isla, la inmensa mayoría de las viviendas posee un pozo negro, que consiste en un hoyo revestido por piedras, para la disposición de sus aguas residuales.

La pregunta que muchos se hacen allí es por qué no se ha hecho una planta de tratamiento pequeña, al menos para las familias que tienen fosas sépticas, que según cálculos locales deben ser unas 500.

Éstas, al saturarse de excretas, son retiradas por un camión aljibe que las deposita en el basural.
Y como el suelo de la isla se caracteriza por una alta permeabilidad, con presencia de grietas, varios estudios coinciden en que es muy posible que estos pozos no retengan las excretas. De este modo, las aguas estarían siendo drenadas directamente hacia las capas inferiores del suelo.

No se conocen formalmente intoxicaciones de la población por contaminantes en el agua potable, lo que no significa que no puedan existir en el futuro, considerando el tiempo de viaje de los contaminantes y el crecimiento de la población, que podría generar un aumento en el caudal de extracción de los pozos y la consiguiente aceleración de la migración de los contaminantes hacia ellos.

Mario Zúñiga, jefe de Producción y Distribución de Agua Potable de SASIPA, explica que se están estudiando los términos de referencia para licitar durante la primera semana de julio un disgnóstico que analice el grado de contaminación que están generando los pozos para, en una segunda etapa, buscar alternativas de alcantarillado, previa consulta con la comunidad. “Todos sabemos que se está filtrando. Por sentido común sabemos que las rocas filtran hacia abajo. El miedo es que la proliferación de los pozos negros llegue a la napa”, admite.

Un proyecto más avanzado es el Estudio y Monitoreo sobre la Capacidad y Calidad de los Acuíferos de la Isla de Pascua, que según informa el delegado presidencial en la isla, Carlos Llancaqueo, permitirá disponer de información básica para determinar la situación del recurso hídrico.

El costo del estudio asciende a unos $91 millones y fue encargado por SASIPA a Schlumberger Water Services Chile, consultora que deberá elaborar un modelo hidrogeológico conceptual y posteriormente un modelo numérico del sistema de agua subterránea de la isla.

Actualmente, la investigación se encuentra en la etapa de recolección de datos, instalación de equipos de monitoreo, levantamiento topográfico de sondajes (por cuenta de la Dirección General de Aguas) y toma de muestras para análisis químico, bacteriológico y físico. Su fecha de término está programada para agosto de este año.

Enzo Muñoz, consejero regional de Valparaíso en representación de Isla de Pascua, ve con escepticismo la realización de todos estos proyectos. “Mucho se ha hablado, pero poco se ha hecho. Este sería el último de muchos estudios, pero nada indica que se vaya a encontrar una solución. Es lo que ha sucedido siempre”, opina.

3- El eterno problema de la basura

En Isla de Pascua existe un escaso manejo de los residuos sólidos, los que son dispuestos en dos vertederos, sin ningún tipo de protección para evitar que los lixiviados propios de su descomposición sean infiltrados hacia la napa de agua. Este fenómeno se ve potenciado por las precipitaciones.

Por normativa el retiro y la disposición final de la basura corresponde al municipio. Allí explican que durante los últimos años, sin embargo, se han realizado avances importantes.

En septiembre del año pasado se inauguró la primera planta de reciclaje, gestionada por el municipio de Rapa Nui, el Ministerio de Medio Ambiente y la empresa Gerdau Aza. Esta iniciativa resuelve una parte, al menos, del problema ocasionado por la contaminación de los dos vertederos que hay en la isla.

La función de la planta, según informa el delegado presidencial Carlos Llancaqueo, es el tratamiento de los residuos sólidos para el posterior traslado al continente para su reciclaje. El último embarque de basura reciclada se realizó el pasado 9 de abril.

Además, se está trabajando en la normalización del vertedero. Ya se le realizó un cierre perimetral, se instaló un módulo para personal de seguridad y un acceso con muro de fachada.

¿Por qué no se hizo antes? Según explica Ana María Gutiérrez, encargada de la Unidad de Gestión Ambiental de la Municipalidad, el terreno era de un privado, y para invertir en él con fondos estatales tenía que ser propiedad del municipio. “La permuta fue un trabajo de 5 a 6 años. Recién a partir del año pasado pasó a ser del municipio y comenzaron las inversiones”, explica.

La construcción y puesta en marcha del relleno sanitario, para la que se dispone de un propupuesto de $ 1.300 millones, comenzará a ejecutarse el próximo año.

Ana María Gutiérrez informa, además, que la municipalidad trabaja en la caracterización de los residuos que genera la isla para establecer las condiciones especiales que debe contemplar el relleno. “Recibimos todo tipo de residuos (pesticidas contra el dengue, aceite usado de los generadores eléctricos, desechos hospitalarios,etc.) en un mismo lugar y un problema adicional que tenenos es la escasez de material de cobertura (tierra) para ir tapando las capas de basura. La idea es buscar una forma de generar nuestro propio material de cobertura a través e la reutilización de alguna basura”, adelanta.

Simultáneamente, el municipio ha desarrollado un programa de compostaje comunal. Las familias reciben composteras y capacitación y seguimiento de un año para lograr un cambio de hábito. “Con ello hemos buscado minimizar los efectos de la basura mientras trabajamos en los vertederos. No sacamos nada con realizar el relleno sanitario si no educamos simultáneamente a la gente. Vivir acá es un privilegio y ese privilegio tiene un costo: aprender a reciclar y a cambiar los hábitos”, dice.

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