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IA y automatización: la nueva brecha entre emprendedores

No se trata de reemplazar personas, sino que de un mejor uso del tiempo. De dejar de hacer tareas repetitivas para enfocarse en lo que realmente mueve el negocio. Por eso, el desafío no pasa solo por “subirse a la ola”, sino que por hacerlo con sentido. Entender para qué sirve, cómo aplicarla en el negocio propio y cómo convertirla en una ventaja real.

Abril es un mes que destaca el trabajo de los emprendedores: el día 16 se celebra el Día Mundial del Emprendimiento y el 29, el Día Nacional del Emprendimiento. Y cómo no poner los ojos encima de quienes han decidido apostar y arriesgar por los negocios en Chile, si ellos son (somos) más de un millón de micro, pequeñas y medianas empresas, que representan el 98% de las compañías (según el Servicio de Impuestos Internos correspondientes al año tributario 2023), y generan cerca del 65% del empleo formal en el país.

Por eso mismo, hay que estar siempre atentos a las necesidades y oportunidades que se abren para ellas. Y dentro del último tiempo, por supuesto, la tecnología ha sido una de las protagonistas. Siendo más específica, la inteligencia artificial y las automatizaciones. Se trata de herramientas que permiten desde responder mensajes de manera automática, crear sistemas para generar contenido, apoyar las finanzas, entre otras tareas que tenemos como directores y ejecutivos de un negocio.

Afortunadamente, la IA ya llegó a las pymes chilenas. El problema no es la adopción, sino la profundidad. Esta tecnología está presente en la mayoría de las pymes (en el 70% de ellas, según un estudio de Entel Digital junto a diversas instituciones académicas y asociaciones empresariales), pero su uso sigue siendo principalmente operativo (por ejemplo, en marketing, ventas y atención al cliente), y no se está utilizando para transformar procesos y mejorar la productividad. Es decir, falta capacidad de integrarla estratégicamente al negocio. Aún es un desafío aplicarla en automatizar procesos, tomar decisiones con datos y ganar tiempo para enfocarse en lo estratégico. Ahí es donde empieza a abrirse una nueva brecha.

Y esa brecha no es sólo tecnológica, es también de productividad. Se estima que una parte relevante de las tareas en pequeñas empresas podría automatizarse o hacerse más rápido con estas herramientas, liberando tiempo y reduciendo costos. De hecho, el Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial de 2025, señala que en Chile el 44% de los quehaceres de estas empresas podrían acelerarse con IA. Estamos hablando de un gran potencial.

Pero eso no ocurre automáticamente. ¿Por dónde partir? ¿Existen las capacidades para implementarla? Falta formación, falta acompañamiento y, muchas veces, falta tiempo para aprender en medio de la operación diaria. La capacitación, en este sentido, es clave. Porque en un escenario económico desafiante, la decisión de cuánto provecho le sacamos a la IA pesa.

No se trata de reemplazar personas, sino que de un mejor uso del tiempo. De dejar de hacer tareas repetitivas para enfocarse en lo que realmente mueve el negocio. Por eso, el desafío no pasa solo por “subirse a la ola”, sino que por hacerlo con sentido. Entender para qué sirve, cómo aplicarla en el negocio propio y cómo convertirla en una ventaja real. Porque al final del día, la diferencia no la va a marcar quién tiene acceso a la tecnología, sino quién logra usarla mejor. Y en esa carrera, los que parten antes no necesariamente son los más grandes, sino los que se atreven a cambiar la forma en que trabajan. Y a invertir en ello (tiempo y recursos).

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Foto del Columnista Aurora Sepúlveda Aurora Sepúlveda