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A todas las ‘mamitas del cole’, ¡felices merecidas vacaciones!

Nuestra columnista Paz Bascuñán nos relata su ‘militancia’ en el chat de mamás, donde se informan y apoyan para temas escolares.

Sólo si eres una “mamita del cole” puedes llegar a entender lo que significa esta tribu/secta/cofradía/ejército en acción. Las “mamitas del cole” operamos vía whatsapp. Tenemos un avatar que es la foto del grupo (donde por lo general hay una mujer con las mechas paradas intentando ser una buena “mamita del cole”). Nuestras estrategias se organizan vía chats y nuestra batalla es para ayudarnos a evitarles sufrimiento a nuestr@s hij@s, dispuestas a inmolarnos por la causa cuantas veces sea necesario.

Las mamitas del cole nos salvamos con las tareas, los contenidos de pruebas, las colaciones compartidas y las saludables, los polerones perdidos, los olvidos de termos, los acarreos a cumpleaños, los datos de dentistas que no duelen, de gastroenterolog@s amoros@s…

Cuando alguna va atrasada a buscar a su crío, no sólo avisamos, también consolamos al hijo en cuestión y lo acompañamos hasta que llega la “mamita del cole” (que se salió antes de la reunión clave de su pega y atravesó Santiago -a velocidad prohibida- para lograr recoger a su crí@). El problema es que hay altas probabilidades de que es@ niñ@, acostumbrad@ a tener una mamá miembro de una banda de súper heroínas, la salude sin mucho entusiasmo e, incluso, puede llegar a recriminarle su retraso, en vez de abrazarla y deshacerse en palabras de profundo agradecimiento por todos sus esfuerzos.

Reconozco que a lo largo de estos años de militancia tuve algunas crisis de sentido con la causa. ¿Para qué esforzarme tanto en evitarles malestar a mis hijos si el mal/estar, el sufrir, el fallar, pasar vergüenzas, sentir frustración es parte de la vida? ¿No estaré ahorrándoles años de vital entrenamiento para que desarrollen la musculatura necesaria para lidiar con los obstáculos propios de la existencia?

Empecé a sentir que mis hijos descansaban en mi militancia y esperaban que yo les avisara de sus pruebas, sus requerimientos de cartulina verde, ropa de gimnasia…

Mi incomodidad hizo crisis cuando uno de ellos me dijo: “Mamá, te olvidaste que tenía que llevar una caja de zapatos para tecnología”.

¡¡¡Me olvidé!!! ¡¡¡Yoooooooo me olvidé!!! Estuve a punto de sacarme la capa de mamita súper heroína para ahorcarla con ella, pero finalmente sólo opté por salirme del chat de las “mamitas del cole” para no caer en la tentación de hacerme cargo de la información que recibía. Reconocí que también había una incapacidad mía para aceptar que mis hijos fallaran o sufrieran y aprender a lidiar con eso también es parte de la vida. De MI vida.

Fuera de las filas de ese ejército de salvación, por supuesto que mis hijos llegaron sin tareas. Les fue mal en las pruebas porque nunca se enteraron que existían y fueron con polerón azul cuando todo el curso estaba de amarillo.

Tuvimos que empezar a desarrollar la musculatura que cada uno necesitaba para lidiar con la frustración de la falla.

El año lo terminaron mejor de cómo lo empezaron y en el camino yo volví al chat de las “mamitas del cole”. Ya no por mi necesidad de evitarles sufrimiento a mis hijos, si no por el placer de pertenecer y ser testigo de un grupo de mujeres que, en medio de un mundo cada vez más individualista, nos tendemos la mano con cariño y nos acompañamos en el desafío de criar en los tiempos de hoy.

Felices merecidas vacaciones a todas las “mamitas del cole”.  ?

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