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Lollapalooza 2026, día uno: cuando el contraste fue el show

Había fanáticas de Sabrina Carpenter que, mientras esperaban, se quedaron paradas frente al escenario donde Deftones desplegaba toda su potencia. No era lo que buscaban, pero tampoco se fueron. Eso resume mejor que cualquier análisis lo que fue el primer día del Lollapalooza 2026: un festival que no le temió al contraste y salió ganando.

El viernes 13 de marzo, el Parque O’Higgins abrió sus puertas a las 13:00 horas para una de las programaciones más heterogéneas de las que se tenga memoria. Post-punk sueco, rap de vanguardia, dream pop canadiense, metal alternativo y pop de estadio: todo en el mismo día, con una lógica de cartelera que, lejos de generar ruido, terminó funcionando.

El caos necesario: Viagra Boys

A las 18:00, el Alternative Stage recibió a uno de los nombres más esperados del circuito alternativo. Viagra Boys, el sexteto de Estocolmo liderado por Sebastian Murphy, debutó en Chile después de años de intentos frustrados y no dejó lugar a dudas: subieron al escenario con poleras del club nacional Palestino y desde el primer acorde quedó el feensí sería el hilo conductor del show. 

El saxo irrumpió sobre un bajo hipnótico que mezcla post-punk en un repertorio sostenido —entre otros éxitos— por Sports, Just Like You y Girls and Boys.

El frenesí fue escalando hasta que Murphy y el tecladista Elias Jungqvist se lanzaron al público. Fueron los veinteañeros en la explanada quienes pusieron el cuerpo, construyendo el primer mosh de la tarde con la efervescencia que la banda exige al público desde sus letras y sonido.

La pausa que también es fuerza: Men I Trust

A las 20:00, el mismo Alternative Stage vivió uno de los contrastes más interesantes de la noche. Mientras caía el sol sobre el Parque O’Higgins, el trío de Quebec salió al escenario con una propuesta radicalmente distinta. 

Men I Trust funciona en la intersección entre el dream pop y el shoegaze: capas de sintetizadores, guitarras suaves y la voz de Emmanuelle Proulx, que no necesitó de altas notas o gritos para remecer a quienes por opción o casualidad se quedaron a escuchar en la previa de Deftones. 

Las farolas en el sector del público se integraron con la iluminación del escenario, completando una ambientación que parecía diseñada a medida para su sonido. 

El momento más alto llegó con Show Me How, que en ese contexto —noche entrante, luz cálida, público en silencio cómplice— adquirió una dimensión especial. 

Que Viagra Boys y Men I Trust compartieran el mismo escenario en la misma jornada fue, en sí mismo, una declaración de principios sobre lo que puede caber en un festival cuando la programación se atreve.

El rap toma el escenario central: Doechii

A las 20:00, a la par de Men I Trust, el escenario Cenco encendía sus pantallas con imágenes de cartas de tarot. Doechii apareció con un traje rojo de dos piezas y el cabello trenzado con volumen alto. La coreografía que armó junto a sus bailarinas mezcló pasos de la cultura afroamericana con hip hop contemporáneo, y a los pocos minutos de su aparición, el público ya saltaba. 

Abanicos, animal print, vestidos con flecos y algunas palabras en español completaron desde la otra vereda una puesta en escena de primer nivel. 

En todo caso, no fue un show pensado solo para las primeras filas: Doechii interactuó permanentemente con las cámaras, y algunos de sus bailes los realizó mirando directamente hacia los costados del escenario.

Su propuesta mezcla rap con R&B y un pop pegajoso que no sacrifica la rudeza. 

Las letras importan: en Stanka Pooh, el primer tema de su álbum más reciente, la referencia al movimiento Black Lives Matter es directa y sin rodeos. Y más adelante, Anxiety —convertida en fenómeno de TikTok— fue el punto de inflexión: quienes no prestaban atención antes, lo hicieron desde ahí. 

Para ese momento, el escenario Cenco ya concentraba la convocatoria más grande de la jornada: había fans de Deftones que se asomaban desde la tarima contigua, y quienes claramente estaban guardando lugar para Sabrina Carpenter —desde que abrió sus puertas el Parque O`Higgins, de hecho— un par de horas después.

El puente hacia la noche: Interpol

A las 19:00, con algunos minutos de atraso y el viento metiéndose entre el público, Interpol salió al escenario Banco de Chile para cumplir el rol que le correspondía en la jornada: ser el puente entre la tarde alternativa y los dos grandes cierres de la noche. El conjunto neoyorquino liderado por Paul Banks entregó un show definible en una sola palabra: impecable. 

Abrieron con All the Rage Back Home y de ahí no bajaron el nivel: Obstacle 1 y Evil —clásicos de sus dos primeros discos, Turn on the Bright Lights y Antics— encendieron a una fanaticada que los recibe por octava vez en Chile. 

La ausencia del baterista Sam Fogarino, reemplazado por Urian Hackney por problemas de salud, no se notó en el resultado. Fue una presentación sin estridencias y sin fisuras, que hizo exactamente lo que tenía que hacer: mantener la expectativa alta antes de lo que venía.

El alma rockera del festival: Deftones

A las 21:00 en punto, el escenario Banco de Chile se encendió con “Be Quiet and Drive (Far Away)” y el Parque O’Higgins recordó por qué sigue siendo uno de los recintos más capaces de acoger al público rockero del continente. Deftones volvió a Chile después de ocho años —y al Lollapalooza por segunda vez desde la primera edición de 2011— con una presentación que equilibró los grandes himnos con material de private music, su disco de 2025.

En medio de un line up inclinado notoriamente hacia el pop, las poleras con portadas simbólicas de la banda se hicieron notar desde antes de que comenzara el show. A los quince minutos, el parque entonó al unísono “¡Olé, olé, olé, Deftones!”, entregando su aprobación completa a un conjunto que trajo de vuelta la nostalgia de fines de los 90. Chino Moreno se movió por todo el escenario contagiando una energía que los mosh pits en el público tradujeron en movimiento colectivo. 

Sextape obligó a sacar los teléfonos; Change (In the House of Flies) devolvió el alma metálica a una noche que también tendría pop. La hora y quince minutos de show repasó material de Around the Fur, White Pony, Saturday Night Wrist y Diamond Eyes, y cerró con Cherry Waves, My Own Summer (Shove It) y “7 Words”. Ocho años de espera saldados.

Lo más revelador de la noche: del otro lado del parque, más de una fanática de Sabrina Carpenter se quedó a escuchar de lejos. Algunos fanáticos de Deftones miraron de reojo hacia el escenario contiguo. Nadie se quedó del todo insatisfecho.

El cierre pop: Sabrina Carpenter

A las 22:15, la noche cerró en el escenario Cenco con el debut chileno de Sabrina Carpenter, que llegó con la presión de ser uno de los nombres más esperados del festival y cumplió. La pop star estadounidense desplegó una propuesta de showgirl con coreografías precisas, sentido del espectáculo y una solvencia vocal que en vivo no defrauda. Quienes llevaban meses anticipando la fecha encontraron exactamente lo que buscaban. Quienes llegaron sin grandes expectativas también tuvieron razones para quedarse.

El balance

El primer día del Lollapalooza 2026 funcionó como un argumento en favor de la diversidad como estrategia. Cada escenario tuvo coherencia interna y, al mismo tiempo, complementó al resto. El caos de Viagra Boys, la delicadeza de Men I Trust, la potencia del rap de Doechii, la solidez histórica de Interpol, la descarga metálica de Deftones y el espectáculo pop de Carpenter construyeron juntos algo más grande que la suma de sus partes. Fue quizás la jornada más diversa de las tres, y por eso mismo, la que mejor demostró de qué es capaz el festival cuando su programación habla con claridad.

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Daniel Lillo