No hay cuerpo, no hay arma, no hay confesión. El crimen de la estudiante japonesa Narumi Kurosaki, ocurrido hace casi ocho años en la localidad francesa de Besançon, sigue siendo un rompecabezas para los investigadores franceses. A partir de huellas dactilares, datos de GPS, compras en un hipermercado y testimonios de testigos, la justicia condenó dos veces al chileno Nicolás Zepeda por la desaparición y homicidio de la que fuera su exnovia. Pero ninguno de esos fallos se mantuvo a firme, y ahora se inicia un tercer proceso en la ciudad de Lyon. Acá, un resumen de esta historia.
Todo comienza en Japón
En 2014, el chileno Nicolás Zepeda llegó a la Universidad de Tsukuba para continuar sus estudios y allí, en octubre de ese año, conoció a Narumi Kurosaki. Iniciaron una relación en febrero de 2015. Ese mismo año viajaron juntos a Chile, donde Nicolás la presentó a su familia.
En agosto de 2016, Narumi partió a Francia para estudiar en la Universidad de Franco Condado, en Besançon. Llevaba apenas dos meses allí cuando puso fin a su relación con el chileno, el 6 de octubre de 2016. Pronto conoció a un nuevo novio, Arthur del Piccolo, estudiante local.
Previo a la desaparición de la estudiante, Zepeda publicó un video en Dailymotion en el que hablaba de Narumi en términos perturbadores: “tiene que pagar un poco por lo que ha hecho”.
La noche en que Narumi desapareció
El domingo 4 de diciembre de 2016, Nicolás Zepeda y Narumi Kurosaki cenaron juntos en el restaurante La Table de Gustave, en el pueblo de Ornans, a veinte kilómetros de Besançon. Una cámara los registró saliendo a las 21:57. A las 22:58, otras cámaras los captaron llegando a la residencia universitaria donde vivía Narumi.
Esa noche, alrededor de las 3:20 de la madrugada, unos quince estudiantes de la residencia escucharon gritos seguidos de un ruido sordo. Una estudiante británica escribió a una amiga: “Tengo miedo, escuché un ruido como si alguien estuviera siendo asesinado”.
Narumi nunca más fue vista. Nicolás Zepeda fue la última persona que estuvo con ella.
GPS, ADN y una maleta que falta
Cuando la policía entró a la habitación 106 de Narumi, el 15 de diciembre, encontró algo extraño: el cuarto estaba perfectamente ordenado. Sus amigos dijeron que ella era habitualmente desordenada. Su único abrigo seguía ahí, en pleno invierno. También su notebook y una cartera con 565 euros en efectivo. Faltaban su pasaporte, una manta, una maleta y su teléfono.
Las huellas dactilares en una taza y rastros de ADN en las paredes, el suelo del baño y el borde del lavabo permitieron identificar a Nicolás Zepeda. Los investigadores reconstruyeron su recorrido con precisión milimétrica: el GPS del auto que arrendó, su teléfono y su tarjeta bancaria del Banco de Chile dejaron un rastro inequívoco.
Los registros mostraron que Zepeda había llegado a Europa el 29 de noviembre. Días antes de la desaparición de Narumi, compró en un hipermercado de Dijon un bidón de combustible de cinco litros, una caja de fósforos y un pulverizador de cloro. Pasó medio día recorriendo caminos secundarios del bosque de Chaux. Después de la desaparición, el mismo auto volvió a esa zona boscosa a las 4:23 de la madrugada. Cuando devolvió el vehículo, estaba cubierto de barro por dentro y por fuera.
Desde Barcelona, donde se reunió con un primo antes de volar a Chile, Zepeda le preguntó a ese familiar —estudiante de medicina— cuánto tardaba en morir una persona asfixiada. Y habló de Narumi en tiempo pasado: “A Narumi le gustaba mucho el mar”.
La extradición
El caso adquirió una dimensión diplomática inusual. En enero de 2017, los cancilleres de Francia y Japón lo discutieron en una reunión bilateral en París. El viceministro de Exteriores japonés viajó a Santiago para reunirse con el canciller chileno y el fiscal nacional. Se trata de caso poco común: involucraba a tres países de tres continentes distintos.
El 18 de mayo de 2020, la Corte Suprema autorizó la extradición de Zepeda. El 23 de julio fue detenido por la PDI y trasladado al aeropuerto de Santiago. Al día siguiente aterrizó en París y fue llevado en auto hasta Besançon, donde quedó en prisión preventiva.
Dos condenas a 28 años
El primer juicio comenzó el 29 de marzo de 2022 ante la Cour d’Assises del Doubs, en Besançon. Fue llamado “Gran Juicio” por el Ministerio de Justicia francés. El proceso fue excepcional: seis intérpretes trabajando en simultáneo para japonés y español, tres relojes en la sala marcando la hora de Francia, Japón y Chile, y testigos conectados por videoconferencia desde Tokio, Santiago y Escocia. El 12 de abril de 2022, Zepeda fue declarado culpable y condenado a 28 años de cárcel. La condena establecía que pasaría los primeros 15 años en Francia y los últimos 13 en Chile.
Zepeda apeló. El segundo juicio se celebró entre febrero y marzo de 2023 en Vesoul, ante la Cour d’Assises del Alto Saona. Fue un proceso accidentado: dos abogados defensores renunciaron antes o durante el juicio. El 21 de diciembre de 2023, el veredicto fue nuevamente de culpabilidad y la pena fue de 28 años, pero esta vez todos en Francia.
La sentencia anulada y el tercer juicio
En enero de 2025, la defensa de Zepeda presentó un recurso ante la Corte de Casación, la instancia judicial más alta de Francia, argumentando ocho irregularidades procesales. El 26 de febrero de 2025, el tribunal les dio la razón en una de ellas: durante el segundo juicio se habrían utilizado diapositivas que no fueron comunicadas previamente a la defensa, vulnerando el principio de igualdad entre las partes. La sentencia fue anulada y se ordenó un tercer proceso.
Actualmente, Zepeda permanece en prisión. Este martes comenzará su tercer juicio, con un juez y fiscales distintos, y enfrentando la posibilidad se que se le condene a cadena perpetua.