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Febrero, un mes particularmente complicado para Boric

El mandatario cierra su último mes como presidente con varias polémicas y flancos abiertos a cuestas.

Desde el terremoto del 27 de febrero de 2010 hasta el presente, pareciera que febrero se ha transformado en un mes particularmente complicado para los gobernantes. 

A Sebastián Piñera, por ejemplo, le tocó enfrentar uno de los primeros mega incendios registrados en territorio nacional en 2017 cuando 50 mil hectáreas se vieron afectadas y con un saldo de 10 fallecidos producto del fuego. 

Otro febrero importante para Piñera fue el de 2019 cuando se hizo presente en el acto de Cúcuta donde apoyó a Juan Guaidó a quién se le nombró “presidente encargado”. 

En un mes de febrero, hace dos años atrás, el ex presidente falleció en un trágico accidente aéreo. 

Ahí le tocó al presidente Gabriel Boric hacerse cargo de la sensible partida del ex mandatario. Entre otras gestiones, le tocó gestionar el funeral de Estado, ordenar a su coalición y algo que era impensado hasta ese momento: reivindicar la figura de Sebastián Piñera como un “demócrata de primera hora” luego de decir en 2021 que lo iba a perseguir judicialmente por el estallido social. 

Más allá de esa situación puntual, para el presidente frenteamplista, su gestión ha tenido la tendencia de que febrero es un mes complejo, difícil de llevar con calma pese a que es periodo sin Congreso y de vacaciones para la mayoría de actores de la política criolla. 

En 2023 y 2024 tuvo que enfrentar los incendios de la zona centro sur y Valparaíso, respectivamente, y el verano pasado fue el apagón total que dejó a gran parte del país sin suministro por casi un día entero.

Si bien este año no se ha registrado un acontecimiento de esa magnitud, Boric se ha visto complicado por varios flancos políticos, entre ellos, una inédita crisis diplomática con Estados Unidos.

Sala Cuna, déficit y un cable chino 

Boric confirmó rápidamente que este año, a diferencia de los anteriores, no se tomaría vacaciones en febrero. El motivo era muy simple: tener la casa ordenada antes de dejar La Moneda en marzo próximo. 

Esa decisión lo llevó a liderar la arremetida del Gobierno contra la UDI, partido que, según el mandatario, estaría trabando la Sala Cuna Universal. 

El proyecto es especial para el presidente ya que podría ser el último ladrillo de un legado que ha costado construir. Sobre todo luego de una dura derrota electoral a manos de José Antonio Kast y la constatación de que no se cumplirá uno de sus grandes deseos como gobernante: dejar instalada una gran coalición progresista. 

En todo caso, de poco sirvió que Gabriel Boric interviniera en el debate. La UDI cerró la puerta a avanzar en el Senado y el proyecto verá la luz en el gobierno de Kast luego de modificaciones en su financiamiento. 

Otra mala noticia para el cierre de su Gobierno fue el déficit que dejará su ministro de Hacienda, Nicolás Grau, a la próxima administración. Junto a la banda presidencial, Boric le entregará a Kast un desbalance fiscal del 3,6%, el más grande desde el retorno a la democracia en un periodo sin crisis. 

Para cerrar el mes, el mandatario debió afrontar una severa crisis en su política exterior luego de que Estados Unidos revocara la visa de su ministro de Transporte, Juan Carlos Muñoz, por el avance del proyecto de cable submarino que impulsó una empresa China en territorio nacional. 

El flanco está lejos de cerrarse. Incluso, el mandatario deberá reunirse con su sucesor para traspasar toda la información que manejen sus ministros, en lo que espera sea el cara a cara de mayor tensión entre ambos.

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