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Ascanio Cavallo: “Quiroz está más cerca de Thatcher que de Pinochet”

El periodista, escritor y analista político advierte del peligro que implica que, en la discusión por la megarreforma, el Congreso deje de ser “el lugar de los acuerdos” y los senadores actúen como suelen actuar los diputados; es decir “siendo díscolos y confrontacionales”. Además, asegura que la oposición todavía no tiene idea de cómo enfrentar al gobierno.

En la mesa de centro del living del departamento de Ascanio Cavallo reposa el libro Vida y Destino, del ruso Vasili Grossman. Está abierto en la mitad, lo que demuestra que el periodista lo está leyendo con atención. Incluso, pareciera que lo está estudiando. “Es un monumento del nivel de La Guerra y la Paz de Tolstói. De vez en cuando hay que volver a estos clásicos”, comenta con su estilo tan pausado como elocuente sobre esta obra que supera las mil páginas, célebre por su profundo y descarnado relato de la sangrienta batalla de Stalingrado.

Cavallo, uno de los columnistas y comentaristas políticos mejor informados y más respetados del país, se da el tiempo tanto para leer ficción como para mantenerse informado de la actualidad mundial. Sus referentes van desde el diario inglés The Guardian y el español El País; hasta Project Syndicate, sitio que reúne columnas de opinión de distintos medios; y la revista Foreign Affairs, un clásico de la prensa enfocada en el análisis internacional.

“La discusión que nos va a desbordar y que nos tendrá por mucho tiempo ocupados es cuál será el modelo de paz que nos va a regir y cómo se mantendrá esa paz. Esto a nivel mundial, nacional y personal. ¿Qué haremos con liderazgos como los de Donald Trump, Vladimir Putin y Xi Jinping? ¿Ahora vamos a estar sometidos a tres poderes en vez de solo uno, como había sido en las últimas décadas? Todo esto nos obliga a repensar cómo se organiza este mundo nuevo”, reflexiona el Premio Nacional de Periodismo y miembro de la Academia Chilena de la Lengua.

Rodeado de llamativos objetos de arte, entre ellos varios “artefactos” de Nicanor Parra, y de una biblioteca que abarca una pared completa de su living, Cavallo vuelve con naturalidad a la política nacional.

-¿Cómo evalúa los primeros meses del gobierno?

“Desde la llegada de la democracia, este ha sido es el primer gobierno frente al que existía un total misterio de cómo sería. Había un gran signo de interrogación. Ni siquiera con Gabriel Boric fue así. Casi no conocíamos a las personas que iban a llegar a La Moneda ni quiénes serían los protagonistas reales. Tampoco sabíamos cuál sería su trasfondo político-ideológico”.

-¿Eso ya se ha dilucidado?

“Se ha ido conociendo más, pero en forma fragmentada, parcial. Todavía no tenemos, creo yo, una visión completa. La oposición es la que está más perdida porque no sabe qué esperar de La Moneda. En consecuencia, en su interior hay dos actitudes sobre cómo relacionarse. Lo último que dijeron fue que solo se sentarían a negociar la megarreforma si el ministro Jorge Quiroz estaba dispuesto a cambiarla radicalmente. Eso es ridículo, es pedirle al gobierno que parta rindiéndose”.

-¿Qué pasará entonces cuando se discuta en la Cámara Alta? Se supone que ese es el lugar de los consensos…

“Efectivamente estábamos acostumbrados a que el Senado fuera un espacio de deliberación más racional, menos estridente, más proclive a los consensos y al yo te doy y tú me das. Hoy, es más difícil hacer un pronóstico porque hay varios senadores nuevos y los negociadores tradicionales ya no están. En consecuencia, podría ser que ahí también funcionen como en la Cámara de Diputados, es decir, con confrontación y muchos díscolos. Lo único que lo evitaría sería que, al haber menos senadores que diputados, estos no se puedan refugiar en el montón. En el Senado están obligados a jugar sus cartas responsablemente y poniendo la cara. Habrá que ver cómo actúan llegado el momento”.

-¿Cree que la oposición finalmente se abrirá a un acuerdo?

“El problema es que, salvo el Partido Comunista, que tiene una visión más ideológica y ya tiene encuadrado al gobierno dentro de un arquetipo, el resto de la oposición no sabe con quién está hablando, cuál es su interlocutor ni qué papel juega cada ministro. Y donde probablemente hay una mayor confusión es frente a la decisión de si negocian o simplemente se oponen frontalmente a la megarreforma. Frente a Sebastián Piñera, a la oposición de la época también le costó mucho definir cómo actuar… pero, por lo menos, a él lo conocían”.

-¿Qué pasará finalmente?

“Pienso que habrá una solución intermedia, pero esta confusión puede extenderse más allá de lo normal. A esto se suma el que los partidos de oposición no tienen una identidad común: la DC está bastante lejos de los comunistas y del Frente Amplio, por ejemplo”.

-Gabriel Boric ha mirado este debate desde lejos. ¿Es de lo que piensan que el expresidente quiere volver a La Moneda?

“Nadie tiene asegurado su espacio, y probablemente tendrá que pelear por un lugar, pero yo lo veo dedicado a la política chilena. Ese parece que será su oficio permanente. Si bien Boric ha tenido el buen tino de no ser parte de la discusión de los proyectos del oficialismo, participa en las reuniones de su partido y en otras actividades políticas. Es un perfil más parecido al que tuvo Sebastián Piñera, quien luego de su primer gobierno siguió dedicado a la política local más que a la internacional, a diferencia de Ricardo Lagos y Michelle Bachelet. Todo eso hace pensar que Boric está interesado en volver a ser presidente”.

“Al ministro Alvarado le falta lucirse”

-¿Cómo ha manejado el presidente José Antonio Kast las crisis? No le importó sacar a Mara Sedini y a Trinidad Steinert a poco más de dos meses de llegar a La Moneda…

“Esa era una mejor opción que pasarse los próximos seis meses con toda la prensa diciendo que había que sacarlas. Sin embargo, los nombramientos que hizo o, mejor dicho, los que no hizo al repetir a los ministros, dan la sensación de que no hubiera mucha gente disponible. Pero no es que no exista la capacidad, sino que pareciera que no hay las confianzas y eso pareciera ser más central de lo que fue en otros gobiernos. La prueba de que Kast solo se rodea con gente de su extrema cercanía es que nadie sabía con anterioridad del cambio de gabinete, ni siquiera las ministras afectadas”.

-¿Esto explicaría que Kast no se haya abierto a sumar a más figuras de RN y la UDI al gabinete, tal como lo hizo Boric al convocar al socialismo democrático cuando estuvo en problemas?

“Exacto, Kast busca gente que le dé confianza. En el gobierno anterior se sabía con mucha anticipación cuáles serían los movimientos. Ahora hay un hermetismo inédito”.

-¿Eso es bueno?

“Fue positivo porque permitió tener mayor control de las interpretaciones del cambio de gabinete. Todos los análisis han puesto énfasis más o menos en lo mismo: la rapidez, lo inadecuadas que eran Sedini y Steinert, y, en general, de lo necesario que era el ajuste ministerial”.

-¿El biministro Claudio Alvarado será el panzer de La Moneda? Su poder se fortaleció.

“Nunca he creído que los títulos se otorguen así. El poder se gana o no se gana. Hasta el momento, el ministro Alvarado no ha mostrado una gran disposición por copar espacios, por así decirlo. Ha sido más bien pasivo, le falta lucirse”.

-¿Pero tiene las competencias para ser el “factótum” del gobierno?

“Sí, es un político experimentado y con bastante destreza por lo que se ha visto. Sin embargo, le falta mayor lucimiento; porque el tenerlo implica que te respeten más y te tengan más cuidado”.

-¿La aprobación de la megarreforma significaría un éxito instantáneo para La Moneda o dependerá que cuánto se negocie y de los costos de esta negociación?

“Sin duda sería un tremendo logro político, aunque eso no necesariamente se refleje en las encuestas. Pero, en los tiempos actuales, ¿qué es un éxito para un gobierno?, ¿cómo se mide eso? Yo creo que el único parámetro de triunfo es si el presidente después de Kast proviene de su misma coalición. Si se logra, eso indiscutidamente sería un éxito. Aunque falta mucho, hoy eso sería posible porque, pese a que el gobierno ha disminuido en las encuestas, la oposición no despega”.

-¿Hasta el momento alguno de los ministros se ha destacado como para proyectarse?

“Es muy temprano para pensar eso. Probablemente los que están pensando en liderazgos futuros estén fuera del gabinete, ya que los que tienen cargos ministeriales generalmente se queman”.

-En la discusión por la megarreforma en la Cámara de Diputados, Franco Parisi se posicionó como negociador frente al ministro Quiroz. Logró, además, que la bancada del Partido de la Gente votara ordenadamente. ¿Ha crecido Parisi?

“No lo sé. Él es muy consciente de que en la elección presidencial pasada tenía un problema de reconocimiento. Además, sentía el ninguneo de parte de la clase política y pagó el costo de que todos sus parlamentarios renunciaran al PDG. Esta vez aprendió que no podía ni alejarse de Chile tanto ni dejar de participar en la política contingente. Si bien el ministro Quiroz le dio una oportunidad de protagonismo, hasta ahora ese es un negocio de corto plazo. Veamos si Parisi participa en algún otro proyecto relevante. Recordemos que PDG no tiene senadores, lo que es bastante delicado. Le resta poder”.

-¿Su reciente figuración no sería entonces un impulso a sus aspiraciones presidenciales?

“No todavía… Parisi ya tuvo un empujón respecto en la elección pasada. Pero entre cero y uno no hay tanta distancia”.

-¿Y Johannes Kaiser?

“Lo que sucede es que el tema de las transformaciones económicas, que es lo que actualmente se está discutiendo en el Congreso, no está entre sus énfasis. Lo suyo es la seguridad y el orden público, lo disciplinario. Cuando empiece el debate por el plan de seguridad, probablemente va a sacar la voz más que Parisi. El problema de Kaiser es que no está tan claro cuál es la diferencia entre su proyecto y el de Kast”.

“La migración: el problema más complicado”

-¿Pese a la percepción de que no hay avances significativos en seguridad, el gobierno todavía tiene espacio para cumplir con las expectativas?

“Sí, queda mucho tiempo antes de que la gente se haga una opinión sobre los resultados de las políticas contra la delincuencia. Yo creo que el ministro Martin Arrau, a diferencia de Steinert, entiende que un plan de seguridad consiste en un conjunto de medidas que se recogen de cosas que ya existían, como estudios y propuestas, lo que luego tiene que presentarse en forma coherente. Esto no garantiza el éxito, pero sí da un montón de señales, especialmente para el mundo del delito”.

-¿Y frente a la inmigración? También hay críticas por la falta de avances.

“Eso es más complicado porque se ha producido una fantasía paranoica ante los migrantes. No es cierto que ellos sean los principales delincuentes en Chile ni que le estén quitando el trabajo o los servicios de salud y educación a los chilenos. Sin embargo, la gente tiene juicios extremadamente duros y crueles, algo que nunca había existido en nuestra historia. En la presidencial, la inmigración se usó como un tema de campaña, lo que fue una demagogia muy dañina, porque obviamente existen todo tipos de migrantes. En muchos casos son un gran aporte y suplen mano de obra que ya no existe en nuestro país. Hay cosas que el Ejecutivo puede hacer, como tener un mayor control de las fronteras, pero la promesa de expulsar 300.000 personas apenas llegar al poder, era absurda”.

-¿Cree que, ante la realidad, ahora el gobierno tendrá una posición más moderada?

“Está haciendo lo correcto: expulsar a los migrantes con antecedentes delictuales. Este es probablemente el problema más complicado que enfrenta La Moneda, el que tiene más resonancia en las encuestas, pero también donde es más fácil equivocarse”.

-Por lo que se ha visto hasta el momento, ¿este será un gobierno de ultraderecha o eso es un mito?

“Es evidente que es muy liberal, lo que es más notorio porque llega justo después de un período de estatismo intenso, como el que se vivió con el presidente Boric. Ahí probablemente se pasó el tejo”.

-¿Ahora se podría “pasar el tejo” hacia el otro extremo?

“Es que ser ultraliberal en Chile después de la experiencia que tuvimos en la época de Pinochet es muy difícil. Además, están las limitaciones de lo ya logrado en el ámbito social. El ministro Jorge Quiroz, que es el centro del gobierno, es un liberal clásico, tal como lo que fueron los ministros de Hacienda de Pinochet, Sergio de Castro y Hernán Büchi. Aunque sin la vehemencia que estos tenían porque las condiciones políticas eran muy distintas. Quiroz está más cerca de Margaret Thatcher que de Pinochet”.

-¿Los chilenos apoyan ese tipo de políticas?

“Existe un cierto grado de asfixia con la tutela excesiva del Estado. Pero esto depende del área de la que se hable: si, por ejemplo, se quiere quitar el subsidio a la educación universitaria o reducir los consultorios de salud, probablemente todo el mundo grite. Pero si dices que vas a bajar el costo del TAG, seguramente te celebren. El Chile actual es menos dogmático y no está interesado en discusiones tan de fondo como sucedía en los noventa. Este escenario hace que los gobiernos tengan que moverse por unos desfiladeros bastante estrechos. Ya no es tan sencillo subir los impuestos, ni tampoco bajarlos. Esta una discusión cada vez más compleja, aunque en algunos aspectos la política se ha hecho extremada y peligrosamente simple”.

-¿Por ejemplo?

“En ganar votos: la gente es muy receptiva a los mensajes fáciles y rápidos. Si no fuera así, la composición del parlamento sería muy distinta”.

-¿Qué opina del rol de la primera dama, Pía Adriasola? Al parecer influye mucho en el Presidente.

“Lo que hace la primera dama no debería importar. No me gusta el protagonismo excesivo de la esposa del Presidente. Aunque es verdad que la campaña se hizo con ella y que había una cierta promesa de que iba a gobernar un matrimonio y no solo una persona”.

-Se fueron a vivir a La Moneda…

“Claro, como que se hacen cargo de esa familia que sería Chile”.

-Y después aparece consolando a las ministras que salen del gabinete, como si fuera una consejera familiar o religiosa.

“A mí se me ocurren figuras más feas, pero no las voy a mencionar. Una primera dama no debería tener una figuración demasiado importante. Elegimos a una persona, no a una pareja. Su rol tiene un límite”.

-¿Que se ha traspasado?

“No todavía. Recordemos lo que sucedía con Irina Karamanos, que sí tenía un perfil alto y controversial, lo que cayó muy mal en la ciudadanía. Lo mejor es mantener la moderación para no pasarse de largo”.

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