Imaginar cómo será la ciencia en 2050 es un ejercicio seductor e incierto. Pero se puede hacer con datos y buenos fundamentos. Eso fue justamente lo que se propuso la Revista Nature, que recientemente publicó un reportaje sobre los posibles escenarios que marcarán la investigación científica en los próximos 20 años. Un viaje en el que pasó revista a avances tecnológicos, riesgos globales y profundas tensiones políticas y sociales.
Uno de los elementos centrales de su análisis es el papel de la inteligencia artificial (IA). Para el futurólogo Nick Bostrom, el futuro podría ser radical: “Existe una alta probabilidad de que, para 2050, toda la investigación científica sea realizada por una IA superinteligente en lugar de investigadores humanos”.
En ese escenario, añade, las personas podrían dedicarse a la ciencia solo como un pasatiempo, sin aportar avances relevantes. Aunque esta visión es discutida, incluso los más cautos coinciden en que la IA transformará profundamente la manera de investigar, con laboratorios automatizados que funcionen sin presencia humana.
Algunos en el campo de la IA incluso argumentan que para dicho año, un sistema de aprendizaje automático podría hacer ciencia digna de un Premio Nobel.
El cambio climático aparece como otro factor decisivo. Según el climatólogo Guy Brasseur, para 2050 el mundo ya habrá superado el umbral de los 2 °C de calentamiento global. “Será peor de lo que habíamos anticipado en términos de cambio climático”, advierte.
Ante impactos cada vez más severos, podrían surgir propuestas extremas como la geoingeniería, incluida la inyección de partículas en la atmósfera para reflejar la luz solar con el fin de disminuir la temperatura media del planeta. “Creo que debería estar prohibido”, argumenta Brasseur, debido a los riesgos de alterar patrones de lluvia y generar conflictos entre países.
Futurología y las problemáticas en la ciencia para 2050
El reportaje también aborda los límites de la futurología. Para Richard Watson, experto en estudios del futuro, es más fiable proyectar tendencias a 10 o 15 años que imaginar horizontes más lejanos, donde las predicciones tienden a volverse especulativas. Aun así, 2050 se ha convertido en una fecha simbólica para agencias espaciales y gobiernos, que ya planifican misiones a Marte o ambiciosos proyectos en cosmología y fusión nuclear.
Finalmente, el reportaje de la Revista Nature subraya amenazas externas a la ciencia: el auge del populismo, la desconfianza en el conocimiento experto y la presión por obtener resultados inmediatos. Se trata de fenómenos en crecimiento que perjudican el avance de nuevos descubrimientos que podrían solucionar problemas globales.