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El 48% de las mujeres chilenas dejó de tomar leche por intolerancia a la lactosa

Chile tiene uno de los mayores índices de abandono del consumo de leche por lactosa de la región, pese a que la mitad de los casos no está diagnosticada, pero el 75% de los casos podría tolerarla sin síntomas.

Un primer estudio del Comité Científico de Lácteos, realizado sobre una muestra de más de dos mil personas en todo el territorio, reveló que la intolerancia a la lactosa es la principal barrera de consumo de leche en Chile: un 48 por ciento de las mujeres encuestadas señaló esta condición como el motivo principal para no ingerir lácteos, frente a un 36 por ciento de los hombres.

“La gente está dejando de consumir un alimento muy valioso debido a una percepción, muchas veces no diagnosticada médicamente”, señaló el Dr. Andrés Bustamante, académico del Departamento de Nutrición de la Universidad de Chile.

El especialista advirtió que en Chile podría existir una brecha significativa entre la intolerancia real y la percibida: “Hay mucho autodiagnóstico. Ante cualquier malestar digestivo lo asocian a la lactosa, pero podría haber una infinidad de otras causas”. Bustamante puntualizó que cualquier sospecha de intolerancia debería ser confirmada mediante examen médico, ya que un diagnóstico erróneo puede derivar en restricciones alimentarias innecesarias con consecuencias nutricionales a largo plazo.

Se estima que hasta el 50 por ciento de la población chilena podría presentar algún nivel de intolerancia a la lactosa, una condición que se produce por la reducción natural de la enzima lactasa —responsable de descomponer el azúcar de la leche— a medida que las personas envejecen.

La actividad de esta enzima es máxima durante los primeros meses de vida y disminuye progresivamente a partir del año de edad. Sin embargo, la comunidad científica subraya que se puede tolerar entre diez y doce gramos de lactosa al día sin presentar síntomas severos, y que el mercado dispone de una amplia gama de alternativas: quesos, yogures, leches y lácteos fermentados que son naturalmente bajos en lactosa o que han sido procesados para eliminarla.

La evidencia no respalda “mitos”

Esta realidad no es exclusiva de Chile. A nivel global, se estima que el 75 por ciento de la población adulta tiene algún grado de deficiencia de lactasa. La distribución es, sin embargo, profundamente desigual: mientras en países nórdicos como Finlandia la prevalencia es inferior al cinco por ciento, en Asia central supera el 90 por ciento. América Latina y el Caribe se sitúan en una franja intermedia que podría superar el 50 por ciento. Esta diversidad geográfica refleja factores evolutivos y culturales, entre ellos la historia del pastoreo bovino y la adaptación genética de distintas poblaciones al consumo de leche.

La nueva encuesta apunta a mapear con mayor detalle esas brechas de conocimiento en el contexto local. Los resultados previos ya dieron señales de un problema más amplio de desinformación alimentaria: un 13 a 17 por ciento de quienes no consumen leche lo hace creyendo que es perjudicial para su salud, un 8 por ciento de las mujeres la asocia con la aparición de acné (versus menos del uno por ciento de los hombres), y un seis por ciento señaló haber optado por una dieta vegana sin que se disponga de datos sobre si estas personas acceden a suplementación nutricional para compensar el déficit.

La evidencia científica no respalda las creencias sobre el daño de los lácteos en la población sana. La preocupación de los especialistas radica en el costo nutricional de ese abandono. La leche aporta proteínas de alto valor biológico, calcio, fósforo, magnesio, zinc, selenio, vitaminas del complejo B y vitamina D (cuya carencia llevó a Chile a publicar en 2022 una norma de fortificación obligatoria). Además, es un vehículo eficiente para la incorporación de ácidos grasos omega-3, hierro y fitoesteroles.

El déficit en el consumo de lácteos afecta de manera especial a grupos prioritarios: niños, adolescentes, embarazadas y adultos mayores, quienes según reportes recientes podrían no alcanzar las tres porciones diarias recomendadas por las Guías Alimentarias para Chile.

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