No se trata solo de abrir espacios, sino de replantear el rol de la cultura en la vida contemporánea en un momento en que las ciudades buscan nuevas formas de encuentro, de sentido y de proyección colectiva. Esta proliferación de obras no es casual; responde a una urgencia compartida por redefinir cómo habitamos el arte, cómo lo hacemos público y cómo lo integramos a nuestras geografías.
En el umbral de 2026, el museo deja de ser contenedor para convertirse en territorio. Ya no es el cubo blanco el que ordena la experiencia, sino una arquitectura que se pliega al paisaje, que se infiltra en la ciudad y que reescribe las formas de mirar. En este nuevo ciclo de inauguraciones, de Los Ángeles a Eu-
ropa y de Asia a América Latina, los museos no solo abren sus puertas: redefinen la articulación entre arte, espacio y público. Se desplazan desde la neutralidad hacia la toma de posición, desde la secuencia lineal hacia la deriva, desde la autonomía del objeto hacia la continuidad con el entorno.
El caso paradigmático es el nuevo edificio del Los Angeles County Museum of Art (LACMA), diseñado por Peter Zumthor, que abrió a los miembros el 19 de abril y abrirá al público general este 4 de mayo. La apertura de las David Geffen Galleries con una superficie de 10.220 m2 marca no solo la culminación de un largo proceso que consideró un presupuesto final de aproximadamente 700 millones de dólares, sino la consolidación de una idea radical: el museo como geografía continua. Zumthor propone una pieza horizontal, extendida como una sombra sobre la ciudad, dentro de una estructura de 240 metros de longitud a lo largo de Wilshire Boulevard, lo que borra la noción de edificio autónomo. No hay fachada principal ni jerarquía evidente; el museo se experimenta como un recorrido, casi como un paisaje elevado. Esta condición transforma la arquitectura en infraestructura cultural: un sistema de relaciones más que un objeto.
Es en su propuesta museográfica donde el gesto se vuelve verdaderamente disruptivo. LACMA abandona el relato cronológico y disciplinar para ensayar una curaduría transversal. Obras de distintas épocas y geografías conviven en una continuidad espacial, organizadas por afinidades, tensiones y resonancias. El visitante no avanza siguiendo una historia única, sino que construye su propia lectura, desplazándose entre fragmentos que dialogan inesperadamente. Aquí, la arquitectura no es neutral: el espesor del hormigón, la luz filtrada, la secuencia de galerías —todas en un mismo nivel— producen una experiencia que se aproxima más a caminar por un territorio que a recorrer un edificio.
La relación con el paisaje es igualmente decisiva. Desde sus terrazas, el museo enmarca a La Brea Tar Pits y el tejido urbano, integrando arte, ciudad y naturaleza en una misma escena. La arquitectura se convierte en un dispositivo de mediación: no separa, sino que conecta. No aísla la obra, sino que la sitúa en un campo expandido donde lo urbano y lo natural se entrelazan. En este gesto, el museo deja de ser refugio para convertirse en interfaz.
En el caso del Obama Presidential Center, en Chicago, diseñado por Tod Williams Billie Tsien Architects junto al paisajismo de Michael Van Valkenburgh Associates, el museo se disuelve en un parque, configurando un espacio cívico donde memoria, comunidad y paisaje convergen. Se propone una arquitectura que se construye más desde el vacío que desde el objeto. Previsto para inaugurarse en junio de 2026, el conjunto se organiza como un campus abierto en Jackson Park, donde una torre escultórica —de geometría sobria y revestimiento pétreo— emerge como hito, mientras pabellones más bajos se dispersan en el paisaje. La operación arquitectónica no radica en la iconicidad aislada, sino en la continuidad con el parque: senderos, jardines y espacios públicos estructuran la experiencia, diluyendo los límites entre museo y ciudad. Más que un edificio único, el proyecto se plantea como una topografía cívica donde memoria, comunidad y territorio se entrelazan.
En el V&A East Museum de la oficina O’Donnell + Tuomey, ubicado en el Parque Olímpico de Stratford, Londres, la tradicional institución se expande hacia el este de la ciudad, reconfigurando el acceso cultural y desplazando el centro hacia nuevas periferias. Este nuevo centro cultural gratuito, parte del complejo East Bank, se enfoca en arte, diseño y creatividad contemporánea, mientras su arquitectura, de escala abierta y carácter industrial, propone espacios flexibles capaces de adaptarse a nuevas formas de exhibición.
En tanto, en el Hip Hop Museum en Nueva York, la arquitectura recoge una cultura viva, urbana y en constante transformación, llevando al museo hacia territorios donde antes no llegaba; su propuesta espacial apuesta por una experiencia inmersiva y dinámica, más cercana a la performance que a la contemplación tradicional. Abre sus puertas en octubre de 2026.
En paralelo, en Europa, el Centre Pompidou Kanal (Sergison Bates architects, EM2N Architekten, noAarchitecten), en Bruselas, reinterpreta una infraestructura industrial a gran escala, un antiguo garaje junto al canal, para convertirla en un espacio cultural híbrido, donde la robustez existente se combina con nuevas intervenciones que abren el edificio a la ciudad. Se inaugura en noviembre de 2026.
En Estados Unidos, el Memphis Art Museum, en Memphis, de la oficina Herzog & De Meuron, amplía la relación entre museo y paisaje fluvial, situándose estratégicamente frente al río Mississippi, donde su arquitectura se proyecta en continuidad con el terreno y los espacios públicos. Inaugura en diciembre de 2026.
En Medio Oriente, el Guggenheim Abu Dhabi, diseñado por Frank Gehry, despliega una monumentalidad escultórica compuesta por volúmenes entrelazados que reinterpretan la tradición de patios y sombras del desierto, redefiniendo la presencia del museo en el paisaje. Su inauguración también está prevista para 2026. Por su parte, en Asia, el Suzhou Museum of Contemporary Art, diseñado por Bjarke Ingels Group (BIG), introduce una arquitectura que combina experimentación formal con integración paisajística, evidenciando cómo la contemporaneidad museal se construye desde múltiples geografías y culturas.
En todos estos casos emerge una condición compartida: el museo como espacio expandido. Ya no se trata únicamente de albergar colecciones, sino de producir experiencias, encuentros y formas de comunidad. La innovación ya no se mide solo en la forma, sino en la capacidad de articular materia, relato y experiencia; de abrir el museo a la ciudad y convertirlo en infraestructura cívica.
¿Y en Chile?
A comienzos de este año se inauguró el nuevo Museo Regional de Atacama en Copiapó, de Max Núñez, que articula estructura maciza y materialidad mineral, hormigón pigmentado y arcilla para construir una arquitectura de espesor, sombra y permanencia. Su museografía se exhibe en una secuencia de vacíos y recorridos contenidos, donde luz, materia y territorio se vuelven una misma experiencia.
En tanto, el esperado Nuevo Museo de Santiago (NuMu) —para el cual fui directora del concurso desde Constructo— proyecta su apertura para 2027, en el Parque Bicentenario de Vitacura. Éste proyecto, desarrollado por Cristián Fernández junto a Matías González, Guillermo Bustos, Constanza Hagemann, Nicolás Valdés y Claudio Araya, aparece como una oportunidad singular. Más que sumarse a la ola de inauguraciones, su relevancia radica en cómo puede traducir estas transformaciones al contexto local. En una ciudad donde la cordillera define el horizonte y donde el paisaje ha comenzado a reconfigurar la experiencia urbana, el NuMu avanza en su construcción como un proyecto que busca integrarse al parque, abrirse a la ciudadanía y proyectar una nueva institucionalidad cultural desde nuevos formatos expositivos.
Quizás desde esa articulación entre lo urbano, espacial y cultural, se juega hoy el verdadero sentido del museo: no como objeto aislado, sino como una infraestructura viva que activa la ciudad, intensifica la experiencia del espacio y amplía el horizonte de lo común. Ahí, en ese espesor compartido, el museo deja de ser un destino para convertirse en condición.