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A 20 años de la “revolución pingüina”: del hito que sacudió la educación chilena a la pérdida de articulación

Lo que comenzó con movilizaciones y tomas de liceos derivó en el movimiento estudiantil más importante desde el retorno a la democracia. Expertos y dirigentes de esa época analizan su impacto y su devenir en las décadas siguientes.

Dos décadas cumplió esta semana el movimiento estudiantil que por entonces puso en jaque a la entonces presidenta Michelle Bachelet (PS). Por los estudiantes secundarios, generalmente de liceos públicos, que llenaban las calles y eran vistos de lejos enfundados en uniformes blancos y negros, se le denominó “revolución pingüina”.

La primera manifestación vino del liceo A-45 Carlos Cousiño de Lota, en la Región del Biobío. Las inundaciones que golpeaban cada año al establecimiento y dificultaban la realización de clases hicieron que se le denominara “liceo acuático”. Los estudiantes se tomaron el colegio a modo de protesta. En mayo, escenas como esta se replicarían en varios liceos municipales del país, especialmente en los emblemáticos de la Región Metropolitana.

Pero antes de eso, surgieron movilizaciones en las calles a raíz de dos anuncios que involucraban a la comunidad estudiantil: el precio para poder rendir la Prueba de Selección Universitaria (PSU) aumentaría y el pase escolar solo podría ser utilizado dos veces al día.

Las tomas en liceos municipales alcanzaron su punto álgido a lo largo de mayo. Más de 200 establecimientos se plegaron al paro nacional convocado por la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios el 30 de mayo.

Un escenario de deslegitimación

Para Cristián Bellei, investigador del Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE) de la Universidad de Chile, “fue novedoso que fueran estudiantes secundarios, porque Chile no había tenido movimientos de protesta muy grandes después de la dictadura, que fueran sostenidos y que tuvieran impacto en las políticas públicas, como ellos lo lograron”.

“Fue con toda seguridad, la movilización estudiantil más importante desde el retorno a la democracia. Marcó el retorno del movimiento estudiantil como un actor político y social con capacidad de interpelar el sistema político, por primera vez en varias décadas”, coincide en conversación con EL DÍNAMO sociólogo y cientista político de la Universidad de Los Andes, Cristóbal Karle.

Cristóbal Karle.

Hubo factores que influyeron especialmente en la forma que tomó ese movimiento. “Tuvo que ver especialmente con un proceso de deslegitimación del sistema político de partido y del formato que había tomado la política en Chile desde la transición a democracia. Habían pasado ya 16 años desde que se recuperó la democracia en Chile y los partidos durante esos 16 años habían sufrido un desarraigo de sus bases sociales tradicionales y una pérdida en su capacidad de disciplinar el conflicto en la base social precisamente. El movimiento estudiantil logra capturar un poco ese ánimo de insatisfacción”, explica Karle.

La dirigencia estaba un poco más disipada en cuanto a militancia de lo que ha estado en otros ciclos de movilización, porque la organización a nivel secundario suele ser menos sólida que la universitaria, por razones de la estructura propia del sujeto social. Aunque también hubieron probablemente varias dirigencias, de las cuales, por supuesto,  algunas tenían militancias de partido, como en el caso de César Valenzuela, Karina Delfino“, añade Karle aludiendo al final a dos militantes socialistas.

Las demandas y su éxito

El doctor en Educación Cristián Bellei explica que pese a que durante la transición a la democracia, el Mineduc comenzó a promover la participación de los estudiantes en los liceos principalmente a través de centros de alumnos, persistían problemas estructurales. “El país demostró que tenía una aspiración de universalizar el liceo, pero era un liceo todavía muy desigual, muy segmentado, y con algunos bolsones de mala calidad de infraestructura y de equipamiento”,

Además de las demandas básicas, detalla Bellei, hubo “demandas más políticas fueron el terminar con la LOCE, que era la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza, que dictó Pinochet el último día de su mandato”.

Cristián Bellei.

Para Karle, que cuenta con varias investigaciones ligadas a los movimientos estudiantiles en Chile, la LOCE representaba además “la insatisfacción de cómo estaba funcionando la democracia en ese momento y de demandas que llevaban mucho tiempo insatisfechas”.

Otra de las demandas, además de la derogación de la LOCE, fue el fin al lucro, puntualiza Bellei. “Esta última demanda reflotó con el movimiento universitario años después y finalmente se logró hacer una ley que termina con el lucro en educación con fondos públicos, con el segundo Gobierno de la Presidenta Bachelet. Pese a que tuvieron que pasar dos gobiernos, diría que llegaron de lejos. Se derogó la LOCE años más tarde, y en su reemplazo se implementó la Ley General de Educación, se creo la Superintendencia de Educación, la Agencia de Calidad de la Educación”, añade.

“En el mundo se estudia el movimiento de los pingüinos como un movimiento social y educacional exitoso por haber sido capaz de impactar en las políticas públicas“, precisa Bellei.

El escenario actual y sus “heridas”

“Todos los procesos de negociación que terminan en protesta, incluso si son exitosos, dejan heridas, dejan divisiones y esta no fue la excepción. Muchos liceos emblemáticos comenzaron ahí un proceso de división que es muy fuerte y además, la evidencia muestra que los procesos de protesta estudiantil comenzaron a ser cada vez más violentos”, advierte Cristóbal Bellei.

Para Karle, el escenario actual es peor que hace dos décadas en cuanto a articulación secundaria: “No existen organizaciones representativas. El resultado es que la movilización que ocurre es más bien desarticulada, con poca capacidad estratégica y donde los sectores más radicales, más orientados a la acción directa terminan tomando un protagonismo que en realidad no deberían tener, de acuerdo al peso que realmente tienen dentro del segmento social organizado”.

Julio Isamit, ex dirigente estudiantil de esa época y director del Instituto Res Publica dijo esta semana a T13 Radio que las dos décadas “han pasado la cuenta”. “Hoy veo movilizaciones y tomas, cuando nosotros siempre entendimos que la toma era el último recurso. Nosotros no hicimos una toma para llamar la atención de Michelle Bachelet. Hicimos una declaración, fuimos a hablar con el Seremi, que en esa época era Alejandro Traverso. Luego hicimos un paro, tampoco nos pescaron y tuvimos que tomarnos el colegio después del discurso presidencial cuando la presidenta no se refirió a educación“, dijo aludiendo a la alocución de Bachelet del 21 de mayo, el punto que agravó las movilizaciones.

Julio Isamit.

“Pero hay un punto relevante. Yo siempre recuerdo las palabras de Omar Letelier, que era el rector del Instituto Nacional, cuando le devolvimos el colegio. Él dijo que encontró el colegio mejor de lo que lo había dejado. Nosotros nos tomamos el colegio, pero lo ordenamos, lo limpiamos y lo cuidamos de que no entrara gente que no fuera del Instituto Nacional“, destaca el exministro de Piñera en su segundo Gobierno.

En diálogo con EL DÍNAMO, la exdirigente estudiantil y alcaldesa de Quinta Normal, Karina Delfino, ahonda en el declive de las movilizaciones, en comparación con las de aquellos años. “Creo que a la juventud sí le interesa la política, como siempre, en la medida que los y las jóvenes sean testigos de las múltiples inequidades que se mantienen. Hoy en día la lógica de las redes sociales, la violencia en manifestaciones, el fracaso constitucional, además de la constante criminalización de los medios de comunicación son factores que muchas veces parecen jugar en contra de la movilización en la calle”.

Respecto de las posibilidades que movimientos como ese resurjan bajo el actual Gobierno de José Antonio Kast, Delfino sostiene: “El Gobierno del presidente Piñera manejó las problemáticas de cierta manera y las falencias estructurales derivaron en un estallido social. En el actual Gobierno de Kast vemos una provocación, falta de empatía e indolencia que debe cambiar en forma urgente. Este país no lo puede gobernar el ministro de Hacienda. No podemos escuchar al Presidente salir a solucionar un problema que provoca su propio Gobierno. Necesitamos que el Gobierno que escuche los dolores de la gente. Y lo necesitamos ahora”.

Que una movilización se mantenga de manera consistente, no obstante, es difícil en el escenario actual, según advierte Karle. “La capacidad de movilización y de organización de base del movimiento estudiantil secundario está muy mermada”, afirma.

La alcaldesa de Quinta Normal, Karina Delfino. FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE / AGENCIUNO

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