Una alianza científica entre la Universidad Nacional de Cuyo (Argentina), la Universidad San Sebastián y el Centro Ciencia & Vida (Chile) busca entender cómo se replican dos virus que amenazan industrias alimentarias clave: el IPNV, que diezma salmones, y el IBDV, responsable de la enfermedad de Gumboro en aves de corral. El objetivo no es detectar estos patógenos desde afuera, sino descifrar los mecanismos internos que les permiten multiplicarse dentro de las células.
La enfermedad de Gumboro –técnicamente, enfermedad infecciosa de la bolsa de Fabricio– ataca el sistema inmunológico de pollos jóvenes, dejándolos vulnerables ante otras infecciones. El IPNV puede matar más del 90% de los salmones en etapas tempranas y su resistencia en el agua facilita su propagación. En Chile, el 30% de los salmones muere anualmente por infecciones virales en una industria que representa el 1,7% del PIB (USD 4.650 millones). Crisis previas, como el virus ISA, costaron más de 15.000 empleos y una caída de hasta 20% en exportaciones.
“Buscamos entender aspectos moleculares de los ciclos de replicación de virus con genoma de ARN, porque hace falta conocer primero los mecanismos involucrados en la patogénesis para después poder pensar en una aplicación”, señaló la Dra. Laura Delgui, viróloga argentina que lidera el Laboratorio de Interacción de Agentes Virales con Membranas Celulares de la Universidad Nacional de Cuyo.
Una estrategia para ver lo invisible
La investigación combina virología experimental con simulaciones computacionales de dinámica molecular. Dado que muchos procesos virales son demasiado pequeños o rápidos para observarlos directamente, los modelos digitales permiten explorar cómo interactúan las proteínas del virus con su propio material genético (ARN) en condiciones controladas.
El desafío técnico es considerable: las simulaciones actuales solo pueden trabajar con sistemas moleculares pequeños. Para superarlo, el biofísico Simón Poblete, investigador asociado del Centro Basal Ciencia & Vida y académico USS, desarrolla modelos donde grupos de miles de átomos se representan como unidades simplificadas. “La dinámica molecular tiene una limitante en el tamaño del sistema; las simulaciones están restringidas a pocas moléculas, por lo que diseñamos modelos donde los objetos son grupos de átomos que representan miles de ellos”, explica el investigador.
Este enfoque también permite comparar cómo se comportan virus que operan en condiciones biológicas muy distintas: el IPNV infecta salmones en aguas de aproximadamente 17°C, mientras que el IBDV de Gumboro actúa en aves a más de 36°C. Esa diferencia de temperatura genera comportamientos moleculares distintos que el equipo busca caracterizar. “La colaboración se centra en un aspecto fundamental de ciertas estructuras que estamos trabajando, de manera de poder caracterizar su rol y establecer un paralelismo entre ellos”, señala Poblete.
La viróloga chilena Dra. Andrea Rivas, de la Facultad de Ciencias de la USS, se enfoca en el IPNV, estudiando cómo el patógeno usa los componentes celulares del salmón para replicarse. La Dra. Delgui complementa: “Hace falta conocer primero los mecanismos que están involucrados en la patogénesis de un virus para después poder pensar en una aplicación”.
El objetivo a largo plazo es identificar puntos vulnerables en el ciclo viral donde sea posible intervenir, abriendo la puerta al diseño de vacunas o tratamientos más eficaces. “Nuestra expectativa es contribuir con una solución a un problema, como una vacuna o un tratamiento, pero estamos en la etapa de generar ese conocimiento básico”, concluye la Dra. Delgui, subrayando que la colaboración multidisciplinaria –que integra física, biología y computación– ha sido clave para abordar un desafío de alto impacto para la salud animal y la economía de ambos países.