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Quién cuida a los perritos comunitarios del Congreso, los acompañantes silenciosos de la Cuenta Pública

Actualmente son dos los animales que pernoctan en el Congreso. Esta jornada, en medio de la Cuenta Pública y como en cada ceremonia formal, fueron vestidas con corbata para la ocasión.

En cada ceremonia formal que se realiza en el Congreso, como lo fue la Cuenta Pública que encabezó este lunes el presidente José Antonio Kast, o meses atrás el cambio de mando presidencial, son los protagonistas del lado B de la jornada: los perritos comunitarios de la sede del Poder Legislativo, que visten con corbata para la ocasión.

Pese a que no es un asunto que esté normado de forma institucional, hay alguien detrás de su alimentación y cuidado diario, así como en su presentación para estos eventos especiales. Entre los trabajadores del Congreso surge nítidamente un nombre cuando se consulta quién vela por estos animales: Claudia Ramos, parte del personal del casino de los funcionarios. “Ella se desvive por ellos”, resume un funcionario antes de llamarla por walkie talkie.

“Ahora son dos las niñas, pero hace unos meses eran como 10 en total los perritos. Gracias a Dios la mayoría de los chicos se fue en adopción”, cuenta Claudia a EL DÍNAMO en medio de sus labores.

Fue ella quien costeó en esta oportunidad los corbatines que visten Choquita y Confite, las dos hembras que fueron ampliamente fotografiadas por los medios esta jornada. Los chalecos impermeables que vistieron hoy fueron donados por una fundación. Su presencia en el Parlamento ha podido ser posible, según cuenta Claudia Ramos, gracias al secretario general de la Cámara, Miguel Landeros, quien ha dado las directrices para que puedan quedarse.

La organización que permite sustentar la vida de los perritos comunitarios

“No es que sea un albergue, sino que muchas veces llegan perritos que suelen estar en la plaza Argentina, dónde a veces son maltratados por personas u otros perros callejeros. De a poco algunos se quedan acá y hay que protegerlas de la lluvia, del calor, los maltratos”, añade.

Los gastos veterinarios, su alimentación y su refugio ha sido costeado a través de donaciones de los propios funcionarios. Incluso uno de los perros de mayor edad, Negrito, se encuentra en un hogar temporal, a la espera de una adopción definitiva, debido a que no puede permanecer en el Congreso por su vulnerabilidad ante otros perros que rondan el Congreso. Los gastos asociados a su hogar temporal también son financiados con donaciones.

Las colectas, incluso, se pueden ver en un diario mural de uno de los pasillos del Congreso. “Todo es con ayudas. Me ayudaron a hacer el cartel para el tratamiento por el cáncer de mama de una de las niñas, Choquita, y así juntar recursos. Siempre se necesita, porque al haber vivido en la calle han estado más expuestas a maltrato, a condiciones más difíciles. Por ejemplo, no podemos saber su edad exacta, que en el caso de los perros se mide por la dentadura. Al haber vivido en la calle, en condiciones duras, se desgasta más. Pero las hemos cuidado como mejor hemos podido”, cierra.

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