El consumo insuficiente de proteínas se perfilará como el eje central de la próxima actualización de las Guías Alimentarias Basadas en Alimentos (GABA), según advirtió el Dr. Rodrigo Valenzuela, director del Departamento de Nutrición de la Universidad de Chile, durante las Jornadas GABAs: Lácteos y Salud, convocadas por la Universidad Finis Terrae y el Consorcio Lechero. El académico propuso lácteos, huevo y pollo como la tríada proteica de bajo costo que debería estructurar esa revisión, dado que combinan alto valor biológico, accesibilidad económica y hábitos de consumo ya instalados en la población.
El contexto es una paradoja estructural: Chile erradicó prácticamente la desnutrición infantil, con tasas de retraso en el crecimiento por debajo del 2%, pero tres de cada cuatro personas entre 15 y 60 años presenta malnutrición por exceso, según la Encuesta Nacional de Salud 2016-2017. El IMC promedio de la población chilena creció el equivalente a casi diez kilos en cuatro décadas, en índices de obesidad entre los más altos del mundo.
Las GABA son documentos de política pública elaborados por los ministerios de salud para orientar decisiones cotidianas de alimentación. Chile publicó su primera versión en 1997 y ha realizado tres actualizaciones; la más reciente, de 2022, integró por primera vez criterios de sostenibilidad ambiental e identidad cultural. La próxima revisión enfrenta un desafío análogo con huevo y pollo: grupos que la evidencia respalda pero que en la versión vigente no tienen el protagonismo que su aporte nutricional justificaría.
El respaldo científico más sólido proviene del estudio PURE (Prospective Urban Rural Epidemiology), realizado con 136.384 personas en 21 países durante nueve años. Sus resultados mostraron que consumir más de dos porciones diarias de lácteos reduce en un 17% la mortalidad total, en un 22% el riesgo de enfermedad cardiovascular mayor y en un 34% el de accidente cerebrovascular, tanto en productos enteros como descremados.
“Que los lácteos estén presentes siempre en las guías es un paso muy importante pensando en los programas alimentarios y las políticas públicas en general; el próximo desafío es garantizar que la población chilena llegue a sus requerimientos proteicos con alimentos que ya consume y que tienen un costo accesible”, afirmó el Dr. Valenzuela, investigador postdoctoral de la Universidad de Toronto e integrante del Comité Científico de Lácteos del Programa Gracias a la Leche.
Durante la misma jornada, el programa Gracias a la Leche del Consorcio Lechero exhibió un desayuno basado en las GABA 2022: bastones de zanahoria, apio y tomate cherry con quesillo o queso fresco, fruta fresca y frutos secos. La complementariedad entre la fibra de la fruta y el valor proteico del lácteo tiene efecto positivo sobre la microbiota y la prevención de enfermedades crónicas. “Un desayuno con yogur, fruta y verdura puede salir incluso más barato que lo que se gasta en ultraprocesados, y con un impacto nutricional completamente distinto”, señaló Catalina Guzmán, interna de Nutrición de la Universidad de Chile.
El Dr. Valenzuela identifica el yogur con fruta como una de las preparaciones más completas para el desayuno y las colaciones. Estudios prospectivos indican que su consumo regular, a partir de ocho porciones semanales, se asocia a una reducción de hasta el 63% en el riesgo de obesidad abdominal cuando se llega a 21 porciones semanales. “El yogur con fruta no es solo una colación nutritiva para los niños; también protege nuestro cerebro y la función cognitiva a largo plazo”, señaló el investigador.
La investigación emergente sobre el eje intestino-cerebro agrega otro argumento: los lácteos fermentados podrían contribuir a la prevención del deterioro cognitivo. “Los chilenos gastamos mucho dinero en comida de mala calidad; redirigir ese gasto hacia preparaciones simples con lácteos, frutas y verduras haría una diferencia enorme”, concluyó el académico