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Investigador chileno identifica bacterias probióticas que reducen daño por herpes

Cepas probióticas de voluntarios chilenos sanos producen monóxido de carbono y reducen el daño inflamatorio en modelos preclínicos. El efecto también se observó en infección por Salmonella y en cuadros de colitis y lupus.

Un equipo del Instituto Milenio en Inmunología e Inmunoterapia (IMII) descubrió que ciertas bacterias probióticas, obtenidas de voluntarios chilenos sanos, producen monóxido de carbono (CO) mediante una enzima llamada hemoxigenasa. En pruebas de laboratorio, estas bacterias disminuyeron el daño inflamatorio causado por el virus del herpes simple tipo 1 —el mismo que provoca las lesiones o “boqueras” en labios y zona bucal, y que permanece en el organismo de forma latente tras la primera infección—.

El director del IMII, Dr. Alexis Kalergis, explica el valor de este tipo de hallazgos: “Este tipo de investigación es un ejemplo de cómo la articulación entre investigación básica rigurosa y una proyección biomédica concreta puede generar conocimiento con impacto real; el hecho de trabajar con cepas aisladas desde nuestra propia población hace que las preguntas sean pertinentes y las respuestas, potencialmente aplicables”.

El estudio fue publicado en la revista científica iScience y forma parte de la tesis doctoral de Omar Vallejos, investigador del IMII. El trabajo se realizó en la Pontificia Universidad Católica de Chile, con apoyo del BMRC y de la Sorbonne Université, de Francia.

Un gas tóxico que también puede ayudar

El monóxido de carbono tiene mala fama porque en concentraciones altas es tóxico y puede ser mortal. Pero esta investigación se enfoca en algo distinto: en dosis bajas y controladas, esta molécula puede actuar como una señal que regula la inflamación, algo que el organismo humano hace de forma natural.

“En cantidades pequeñas y controladas, el monóxido de carbono es una molécula con un gran potencial antiinflamatorio; nosotros mismos lo producimos de forma endógena a través de enzimas hemoxigenasas presentes en mamíferos, y lo que hacemos es evaluar bacterias beneficiosas que producen CO de manera natural para disminuir el daño que provocan infecciones por virus herpes y otras patologías, como la infección por Salmonella, o modelos de enfermedades inflamatorias”, sostiene Vallejos.

El efecto protector no se limita al herpes: el mismo mecanismo funcionó frente a la bacteria Salmonella y en modelos de colitis y lupus, siempre sin comprometer la seguridad de los animales estudiados. Esto sugiere que las bacterias no combaten a un único enemigo, sino que ayudan a calmar la respuesta inflamatoria del cuerpo en general, sin importar si el origen del problema es un virus, una bacteria o una enfermedad autoinmune.

Vallejos también marca distancia con la moda de los probióticos comerciales, que suelen promocionarse con promesas generales sobre la salud digestiva. “Cuando hablamos de probióticos no estamos hablando solo de suplementos o tendencias, sino de investigación científica con preguntas concretas y mecanismos definidos; la pregunta es si esta plataforma de probiótico más producción de CO puede modular la respuesta frente a infecciones reales”, señala el investigador del IMII.

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