Más de diez virus, entre ellos el hantavirus Andes, pueden causar un cuadro clínico de fiebre hemorrágica, según explican investigadores del Instituto Milenio de Inmunología e Inmunoterapia (IMII).
“Hay muchos virus que pueden causar cuadros hemorrágicos graves. Algunos agentes microbiológicos no virales también pueden producir cuadros clínicos similares“, señala el doctor Pablo González, científico del MII y académico de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
Su análisis surge tras conocerse que un tripulante extranjero falleció tras permanecer aislado en un hospital de Talcahuano sospecha de fiebre hemorrágica.
En Chile, el principal causante de fiebre hemorrágica es el virus Andes, la variante local de hantavirus. En la región existen otros virus hemorrágicos, como Guanarito en Venezuela; Junín en Argentina; Sabiá en Brasil; Machupo en Bolivia; y dengue y fiebre amarilla. A nivel global, la lista incluye al ébola, la fiebre de Lassa, el virus de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo y el virus de Marburgo, entre otros, todos capaces de producir cuadros graves con distinta letalidad.
Vías de contagio, según el virus
No todos estos virus, sin embargo, se transmiten de la misma manera. Algunos llegan al ser humano por contacto con roedores, otros por garrapatas o murciélagos, y su ruta de contagio inicial determina buena parte de las medidas de control que se activan después.
La diferencia más relevante para la salud pública es si el virus, una vez que infecta a una persona, puede transmitirse entre personas. “El ébola también es muy contagioso de persona a persona si no se toman las medidas adecuadas de prevención. Pero hay otros que no se transmiten habitualmente persona a persona, y por tanto, si la persona está infectada y tiene este cuadro hemorrágico, queda contenida en la persona”, explica la Dra. Susan Bueno, directora alterna de IMII.
Cuando el virus tiene potencial de transmitirse de persona a persona, se requieren medidas más estrictas de manipulación de la persona afectada y acciones de cuarentena pueden extenderse ampliamente al círculo de interacción y de cuidado del paciente.
Diagnóstico molecular, clave del protocolo
Determinar cuál de estos virus está detrás de un caso sospechoso ayuda a definir el cuidado del paciente y puede determinar el protocolo de contención. El proceso de diagnóstico, explica el Dr. Alexis Kalergis, director de IMII, es molecular.
A partir de una muestra se determina si hay elementos genéticos de uno u otro virus, y existen ensayos capaces de detectar varios patógenos a la vez. Una vez que la muestra llega al laboratorio, el resultado suele obtenerse en dos a tres horas. El tiempo final del ensayo puede depender de la integridad de la muestra recibida.