Por su alta recurrencia y capacidad destructiva, los terremotos de subducción han concentrado gran parte de la atención de la ciudadanía y las autoridades chilenas. Esto ha relegado hasta ahora a un segundo plano los terremotos asociados a fallas activas que, aunque menos frecuentes, pueden tener un impacto local potencialmente mayor.
El pasado 10 de agosto se publicó en el Diario Oficial el decreto del Ministerio de Vivienda y Urbanismo (Minvu) que aprobó y declaró oficial la NCh433:2026 sobre diseño sísmico de edificios, la actualización más importante de esta normativa en casi veinte años. De todos los cambios incluidos, aquellos relacionados con la construcción sobre fallas activas son los más llamativos: la norma reconoce la existencia de las fallas activas y la construcción sobre ellas requerirá estudios adicionales.
La norma había sido técnicamente validada y aprobada por el Instituto Nacional de Normalización (INN) a inicios de este año y posteriormente fue oficializada mediante el decreto del Minvu. Entrará en vigencia seis meses después de su publicación en el Diario Oficial.
Esta actualización tiene una historia que se remonta al terremoto de 2010. Tras el 27F, la normativa de diseño sísmico mostró algunas deficiencias que fueron subsanadas mediante el Decreto Supremo N° 61 de 2011, por lo que durante quince años coexistieron distintas disposiciones aplicables al diseño sísmico de edificios.
“Aunque el decreto fue muy útil porque liberó ciertas dificultades, en la práctica teníamos dos documentos que no eran completamente compatibles”, señala el profesor Rubén Boroschek, académico del Departamento de Ingeniería Civil de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas (FCFM) de la Universidad de Chile y uno de los integrantes del comité del INN que concretó los cambios en la norma.
Boroschek es un referente en la materia, ya que participó en el comité de expertos convocado por el presidente Sebastián Piñera tras el terremoto de 2010.
Esta actualización tiene dos enfoques que la inspiran: uno probabilista (¿cuál es la probabilidad de que un evento sísmico ocurra?) y uno determinista (¿qué pasa si efectivamente ocurre?). Por ejemplo, aunque el último terremoto en la Falla San Ramón (FSR) ocurrió hace unos ocho mil años, eso “no significa que no deba hacerse nada”, agrega Boroschek.
En este sentido, la norma actualizada incorpora un enfoque determinista que antes no estaba considerado de la misma manera. “Ya nadie va a poder ignorar la información pública sobre la existencia de las fallas activas”, dice.
En Chile se han identificado casi mil fallas activas o potencialmente activas, con la Falla San Ramón como uno de los ejemplos más emblemáticos del país. Casi dos millones de personas viven en las comunas que atraviesa esta falla y miles habitan directamente sobre esta estructura geológica, que se extiende por cerca de 50 kilómetros a lo largo del piedemonte de Santiago.
A pesar de su importancia, la FSR no aparece contemplada dentro del Plan Regulador Metropolitano de Santiago (PRMS), principal instrumento de ordenamiento territorial de la capital. Esto se ha traducido en que gran parte de su traza se encuentra urbanizada, especialmente en el sector oriente de la ciudad. De todas formas, todavía existe entre un 30% y un 40% de la falla sin urbanizar entre los ríos Mapocho y Maipo, proporción que aumenta en la comuna de Pirque.