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Chilenas son las más afectadas: capacidad de detectar riesgo de Alzheimer avanza más rápido que su tratamiento

La demencia y la enfermedad de Alzheimer constituyeron en 2025 la principal causa específica de muerte entre las mujeres en Chile, según datos preliminares del Departamento de Estadísticas de Información de Salud (DEIS) del Ministerio de Salud.

AGENCIA UNO

Un análisis de sangre ya puede detectar señales biológicas asociadas a la enfermedad de Alzheimer en etapas tempranas. El marcador más avanzado apunta a una forma alterada de la proteína tau, la misma que se acumula en el cerebro de los pacientes. Para esas personas detectadas a tiempo no existe todavía un tratamiento que frene o cure la enfermedad, aunque en los últimos años se han aprobado terapias capaces de desacelerar modestamente su progresión en grupos seleccionados de pacientes en etapas tempranas, cuyo Día Mundial se conmemoró el pasado 21 de septiembre.

El Alzheimer y las demencias explican entre el 60% y el 80% de los casos de demencia. En 2021, esa condición afectaba a cerca de 57 millones de personas en el mundo y las proyecciones la sitúan en 139 millones hacia 2050. En Chile viven alrededor de 200 mil personas con demencia, equivalentes al 7% de la población mayor de 60 años, de acuerdo al Plan Nacional de Demencia. Según datos del DEIS, el Alzheimer y las demencias son la cuarta causa específica de muerte del país y, entre las mujeres, la primera.

La Dra. Soledad Matus, bioquímica y académica USS, lidera el Laboratorio de Biología de la Neurodegeneración del Centro Ciencia & Vida, de la Fundación Ciencia & Vida y la Universidad San Sebastián (FCV-USS). Su equipo estudia el punto donde dos neuronas se conectan, llamado sinapsis, y las proteínas que mantienen firme esa unión. Ahí empieza el daño del Alzheimer, años antes de que aparezca cualquier síntoma.

El laboratorio explora las estructuras que participan en la formación y mantención de la memoria, las neuronas y sus conexiones; y las proteínas que mantienen esa unión en condiciones de funcionar. Sus líneas de trabajo apuntan a identificar qué factores sostienen la estructura y cuáles participan en su deterioro. Con resultados ya publicados, el grupo sostiene que ese tipo de proteínas podría servir como blanco para futuras terapias.

El Alzheimer suma décadas de investigación en centros de todo el mundo y hasta ahora, si bien no se ha logrado una cura para todos los pacientes, en los últimos años la FDA ha aprobado el uso de anticuerpos que demoran la progresión en algunos pacientes con Alzheimer temprano, señala la Dra. Matus. “Actualmente no hay terapias curativas (N. de la R.: la FDA de Estados Unidos aprobó dos medicamentos, lecanemab y donanemab, con beneficios acotados) que se traduzcan en algo efectivo y accesible para todos los pacientes”.

La señal antes del síntoma

Un biomarcador es una característica biológica medible, por ejemplo, una molécula que circula en la sangre, que informa sobre un proceso que no necesariamente es visible clínicamente. En el Alzheimer, algunos biomarcadores sanguíneos permiten detectar cambios asociados a la enfermedad y podrían contribuir a reconocerla en etapas cada vez más tempranas.

Los desarrollos más avanzados se dirigen a una forma modificada de la proteína tau, uno de los componentes de los agregados proteicos que se detectan en el cerebro con la enfermedad. Su capacidad para identificar la patología asociada al Alzheimer es cada vez mayor, aunque su interpretación depende del contexto clínico. “Si bien no está completamente resuelto ahora, sí hay algunos indicios de marcadores que nos permitan diferenciar, o le permitan al médico diferenciar, si ese olvido del cual uno está relativamente preocupado va a derivar en un proceso patológico o es parte del proceso natural”, precisa la investigadora chilena.

Ahí está la asimetría que ordena hoy las expectativas. El avance del diagnóstico abre la posibilidad de identificar cada vez más temprano la enfermedad, mientras que las opciones terapéuticas siguen siendo limitadas. Esa diferencia hace especialmente relevante desarrollar en paralelo mejores herramientas de detección y tratamientos capaces de actuar antes que el daño sea avanzado.

“El marcador es la banderita roja que nos está diciendo que esto puede terminar mal, y la aplicación de una terapia cuando esté disponible. Las dos cosas van de la mano”, describe la Dra. Matus. El interés por anticipar tiene además una razón biológica que está en el momento en que comienza el deterioro. Muchos de los cambios biológicos asociados al Alzheimer comienzan años antes de que aparezcan los síntomas clínicos y ese desfase es lo que vuelve determinante la detección.

Mientras no exista tratamiento

Olvidar un nombre o el lugar donde quedaron las llaves acompaña al envejecimiento y no constituye por sí mismo una señal de enfermedad. Uno de los criterios que separa un fenómeno del otro es funcional. Es decir, si el deterioro cognitivo impacta en la capacidad de la persona para desenvolverse de manera independiente en la vida diaria, representa una alerta importante.

Ante la ausencia de una cura y las limitadas opciones terapéuticas, la discusión pública se concentra en los factores que una persona puede modificar. De acuerdo al Plan Nacional de Demencia, estos factores representan un 62% del total en Chile, frente a 45% a nivel mundial y 54% en Sudamérica. Algunos de los factores que se han destacado para ser considerados, en la población chilena son la obesidad, la hipertensión arterial y la inactividad física. El mismo informe añade que la demencia es más prevalente en zonas rurales, con 10,3%, que en zonas urbanas, con 6,3%.

Las guías de las asociaciones mundiales de Alzheimer convergen en un punto, que es mantener la función cognitiva activa. La lista de prácticas es amplia y admite sustituciones, porque el efecto se atribuye al uso sostenido del cerebro y no a una actividad determinada. “Al final va a depender del gusto de las actividades de la persona, y hay personas que prefieren jugar dominó y otras que prefieren leer, ver películas o simplemente conversar”, cuenta la investigadora del Centro Ciencia & Vida (FCV-USS).

La lectura, los juegos que exigen cierto esfuerzo, la conversación y el mantenimiento de las relaciones sociales aparecen en esas recomendaciones con el mismo rango, y el componente social pesa tanto como el intelectual. El consumo de pantallas entra en el balance por su función antes que por su volumen, porque el mismo dispositivo que aísla puede ser el que organiza un encuentro presencial. El riesgo, para la bioquímica, aparece cuando ese uso se vuelve la única actividad.

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