Miradas Compartidas nació en 2008 a partir de un modelo que Felipe “Pipo” Olavarría desarrolló en España y que trajo a Chile cuando la crisis financiera hizo inviable seguir allá. Hoy la fundación trabaja en la inclusión laboral, deportiva y artística de personas con discapacidad intelectual a través de cinco programas —Inclusión Laboral, Experiencias Inclusivas, Pausas Activas, Taller Gastronómico y Programa Recreativo—, además del podcast Los Intercomunicadores, conducido por personas con discapacidad. El miércoles 28 de octubre celebró la segunda edición de los Miradas Compartidas Awards, que reconocen las buenas prácticas de inclusión en las empresas, y en diciembre inaugura su nueva casa.
“Siempre me llamó la atención el tema social, desde chico, y siempre tuve la discapacidad muy cerca. Mi mejor amigo, que era mi vecino, tenía epilepsia refractaria, así que las crisis eran el pan de cada día. En tanto, la mejor amiga de mi mamá tenía polio, por lo que usaba muletas. Después, uno de mis mejores amigos del colegio, Rodrigo, quedó parapléjico por una operación mal hecha. Entonces, para mí la discapacidad siempre ha sido parte de la vida”, cuenta este viñamarino.
Fue viviendo en España en donde se metió en la producción de musicales, con actores profesionales mezclados con cabros con discapacidad. “Ahí armé el modelo y empecé a pedirles plata a las empresas. Por cosas de la vida llegué a la infanta Elena y la Fundación Mapfre empezó a auspiciarnos. El proyecto funcionó, con hartos tropezones, pero lo tuvimos que parar cuando partió la crisis de 2008. Después partí con un programa de radio: yo era el conductor, pero los coanimadores eran puros cabros con discapacidad, y entrevistábamos a gerentes de empresas y a famosos, como Julia Roberts, Jon Bon Jovi o Hannah Montana. El programa se empezó a posicionar muy bien, pero la crisis ya era demasiado grande —el desempleo andaba en el 20%— y me volví a Chile”.
Al volver partió la fundación desde cero, trabajando con seis adolescentes, una escuela recreativa y un presupuesto de 23 millones de pesos al año. Hoy Miradas Compartidas es un proyecto muy bien constituido, con un presupuesto que ha crecido de manera exponencial, llegando a los 4.000 millones. “Hemos tratado de instaurar un modelo de empresa que nos permita sustentar todo esto de manera profesional. Ese fue nuestro valor agregado: profesionalizar este tema”, dice Pipo.
Actualmente la fundación cuenta con 140 personas contratadas para desarrollar programas en las regiones de Tarapacá, Antofagasta, Valparaíso y Metropolitana, beneficiando a más de 900 cabros con discapacidad intelectual, el 80% de ellos en situación de alta vulnerabilidad. De acuerdo a Olavarría, “ahí hay una doble invisibilización: por un lado, está la discapacidad y, por otro, el estrato social al que pertenecen. Además, tenemos todo un aparataje de eventos a los que invitamos a los colaboradores de las empresas a participar junto a personas con discapacidad. Hacemos, por ejemplo, un karting de gerentes: cerramos el kartódromo y el copiloto de cada gerente es un cabro con discapacidad. Ahí están compartiendo”.
—¿Y ahí está la mirada compartida?
“Ahí está la mirada compartida. Tenemos mucha experiencia en eso: campeonatos de fútbol mixtos, competencias. Es algo súper humano”.
—¿Y qué se saca de esa mirada compartida?
“Que el colaborador, la persona sin discapacidad, vea a la persona con discapacidad desde otro lugar: desde lo positivo, desde la igualdad. En la cancha todos queremos ganar; en una fiesta todos nos queremos tomar una piscola. Te vienen esos cuestionamientos. Alguien me dice que ellos no pueden tomar una piscola, ¿y por qué no? Le va a pasar lo mismo que a ti: si se toma un par, se va a marear. Así empezamos a meterle glamour a la discapacidad”.
Una gala con mucho glamour
Para darle mayor brillo a la discapacidad crearon unos premios, los Miradas Compartidas Awards, a los que postulan empresas e instituciones con buenas prácticas en distintas categorías. La segunda edición se realizó el miércoles 28 de octubre en el centro de eventos CentroParque, en Las Condes, bajo el lema “Distintas formas de hacer inclusión”, y reunió a más de 600 representantes del sector público, el mundo corporativo y la sociedad civil. Este año se recibieron 81 postulaciones.
“En los Miradas Compartidas Awards se premia la mejor comunicación inclusiva, las mejores capacitaciones, el liderazgo en inclusión, la innovación, el máximo exponente en inclusión —la empresa que ya está por sobre el 2% de contratación— y la empresa revelación por su compromiso con la inclusión. Lo que buscamos es mostrar cosas que vayan más allá de lo legal: buenas prácticas que apuntan a una transformación dentro de la empresa. Y para nuestra sorpresa, el año pasado las empresas que ganaron lo publicaron mucho. Ven que hay un valor agregado en ser inclusivas”, explica Olavarría.

Esa misma idea fue la que repitió durante la gala: “Hoy premiamos a quienes entendieron que la inclusión no es un check administrativo ni beneficencia, sino una oportunidad de transformación cultural dentro de los equipos. Ver a más de 600 personas del mundo privado y público reunidas demuestra que el compromiso existe, pero debemos seguir empujando para que cada persona con discapacidad intelectual tenga un espacio donde desplegar su potencial”. Marcela Sabat, vicepresidenta de la fundación y una de las animadoras de la noche junto a Angélica Castro, el actor Carlos Díaz y Lucas Orellana, apuntó en la misma dirección: “Cuando una empresa o institución decide abrir sus puertas a personas con discapacidad intelectual, no les está haciendo un favor: está transformando profundamente su propia cultura interna”.
La noche tuvo también su cuota de humor y música. Uno de los momentos centrales fue el adelanto exclusivo de Insoportable, la serie de comedia impulsada por la fundación que derriba sesgos y aborda situaciones cotidianas en torno a la discapacidad desde el humor y la empatía. Luego, la banda 1 Segundo coronó la jornada con una presentación en vivo.
Entre los galardonados, BHP se quedó con el primer lugar como Máximo exponente en contratación inclusiva, Bupa ganó en Comunicación inclusiva, Mutual en Innovación y la Universidad del Biobío en Programa educativo inclusivo, mientras que Coca-Cola Andina fue elegida Empresa Revelación, una categoría con ganador único. Varias compañías repitieron en el podio, entre ellas Veltis, Sigma, MPM y SKIC.

—¿Qué aportan el arte, la música o la gastronomía como herramientas de inclusión? Parte del trabajo que hacen acá es una escuela de rock, teatro, expresión, creatividad.
“Lo que más aporta, creo yo, es romper sesgos. Dejar de lado el asistencialismo y ver la verdadera cara de las personas con discapacidad. Concientizar, que no es lo mismo que sensibilizar: sensibilizar apunta a una emoción; concientizar es tomar conciencia. Eso es lo que buscamos con cualquier proyecto que hacemos. Concientizar sobre una realidad que alcanza a más de dos millones y medio de personas en el país, personas que han sido privadas de sus derechos por ser diferentes. Lo que buscamos es devolverles esos derechos. El derecho a jugar a la pelota en un lugar digno, a tener un trabajo que vaya más allá de limpiar los baños o reponer la fruta —que son trabajos dignos y están ahí—, pero mostrando la verdadera habilidad de estos compadres. Cuando metes a un trabajador con una persona con discapacidad a hacer este tipo de actividades, vas conociendo facetas que, por el tecnicismo y la gravedad con que siempre se asocia la discapacidad, más que acercarte, te alejan. Lo que hacemos a través de esto es acercarlos y chasconear la discapacidad”.
—¿Sigue siendo difícil convencer a las empresas de que participen desde la mirada de ustedes, con su modelo, o ya hay una apertura mucho mayor?
“Muchas de las empresas con las que trabajamos, que son de las más grandes, tienen estándares internacionales muy ligados a la sostenibilidad, y la inclusión es uno de esos pilares. Entonces ves que ya miran más allá de tener una persona con discapacidad: el cambio de mirada, la empatía, la relación con los clientes. Todo eso va mejorando, y antes no se veía. Lo que le ofrecemos a la empresa es algo súper integral. No es solamente incluir personas: es concientizar, brindarte un servicio, asesorarte, hacerte partícipe. Que a tus colaboradores les haga sentido, que sepan con quién están trabajando”.
—En pocos meses se cambian a una sede nueva, un crecimiento importante. Imagino que eso significa algo para ustedes, más allá de un edificio.
“Sí. Yo estuve en los Padres Franceses y teníamos un cura que siempre nos decía ‘Dale a un pobre lo que un rico quisiera’. O sea, si haces una colecta de zapatillas, ¿por qué vas a pasar zapatillas usadas? A ti no te gustaría que te dieran una zapatilla usada; quieres una nueva. Es la misma lógica de Miradas Compartidas: darle a una persona con discapacidad lo que una persona sin discapacidad quisiera. Una cancha rica, un buen uniforme, una pelota que no sea chafa, un trabajo acorde a su capacidad. La nueva sede apunta a eso: crear un espacio de calidad donde podamos explotar al máximo todo lo que ellos hacen. Va a tener salas de ensayo, el taller gastronómico, una megainfraestructura. Vamos a armar un programa de rock con el estudio ahí mismo, y no solo para nosotros: también vamos a invitar a artistas a participar. La idea es que la casa esté funcionando todo el día y que ahí se genere inclusión”.