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Estudio: Mar del norte de Chile comenzó su enfriamiento definitivo hace 3 millones de años

Si bien el estudio se enfoca en Coquimbo, este pasado cálido también permitió en zonas como Bahía Inglesa la presencia de animales aún más exóticos y actualmente extintos, como gaviales marinos (reptiles similares al cocodrilo) y perezosos marinos adaptados al agua.

El mar que hoy baña las costas de Chile no siempre fue el sistema templado y productivo que conocemos. Una investigación publicada en el Journal of Palaeogeography ha logrado reconstruir la historia de la cuenca de Coquimbo, lugar donde existen depósitos de sedimentos marinos acumulados durante millones de años. Con esos datos los científicos determinaron que hace aproximadamente 3 millones de años comenzó un proceso de enfriamiento definitivo que cambió el rostro del ecosistema submarino local.

“Se puede hablar de que el mar de Chile adquirió sus condiciones templadas a partir de unos tres millones de años”, explica el paleontólogo Martín Chávez Hoffmeister, director científico de la Corporación de Investigación y Avance de la Paleontología e Historia Natural de Atacama (CIAHN Atacama) y coautor del paper. Según el experto, este cambio fue un proceso gradual: “Probablemente fue un proceso lento, no hemos visto evidencia aún de que haya sido repentino, pero sí tenemos cada vez más datos sobre en qué momento se produjo esta transición”.

Hace más de 3 millones de años, el mar en el norte era más cálido y se asemejaba a las aguas actuales de Perú. La temperatura superficial del mar (SST) era de unos 17.1 °C, entre 3 y 4 grados más cálida que lo estimado durante el Pleistoceno, hace unos 800.000 años. Este escenario permitió sostener una fauna muy diferente a la actual.

“Hay algunos géneros de tiburones que estuvieron presentes en el pasado más cálido y que en los depósitos formados durante la edad del hielo ya desaparecen”, señala Chávez. Por ejemplo, en el sitio Lomas del Sauce, se identificaron restos de tiburones sierra (Pristiophorus) y tiburones cornudos (Heterodontus). Estas especies hoy no habitan en nuestras costas y sus representantes vivientes más cercanos pueden hallarse en el Caribe y Perú respectivamente.

“En el Neógeno (hace más de 3 millones de años) estos tiburones aún eran abundantes en el norte de Chile, pero en los depósitos de hace unos 800.000 años estos animales han desaparecido y ya solo observamos formas vivientes”, añade el investigador.

Si bien el estudio se enfoca en Coquimbo, este pasado cálido también permitió en zonas como Bahía Inglesa la presencia de animales aún más exóticos y actualmente extintos, como gaviales marinos (reptiles similares al cocodrilo) y perezosos marinos adaptados al agua. “Asumimos que fueron víctimas de esta transición climática”, indica Chávez sobre estos últimos.

Los científicos consideran que esta época de transición climática, el Plioceno, es un análogo potencial del calentamiento global actual. Es decir, es lo más parecido que tenemos en el registro geológico a lo que podría pasar con el clima a finales del siglo XXI si las temperaturas siguen subiendo.

El motor del cambio: La Corriente de Humboldt

Dos eventos fueron responsables de “apagar” el calor del Pacífico chileno. El primero fue el cierre del istmo de Panamá hace unos 4 millones de años, que alteró las corrientes. “Al cerrarse la conexión entre el Pacifico y el Atlántico, se forma lo que podemos reconocer como la corriente de Humboldt con las condiciones modernas. Ya no hay mixtura de agua en el norte y el efecto frío se incrementa”, explica el paleontólogo.

Si bien ya existía una proto Corriente de Humboldt y zonas de surgencia, en la que los vientos costeros empujan el agua superficial permitiendo que agua fría y rica en nutrientes suba desde el fondo, su intensidad se incrementa durante esta transición. Este flujo consolidó el clima templado-frío actual, junto con la aparición del ciclo climático de El Niño y generó un recambio profundo en los ecosistemas de la costa del Pacifico.

El estudio indica que, en Coquimbo, solo el 22% de los géneros de moluscos sobrevivió a la transición. La fauna de aguas más templadas fue reemplazada por especies mejor adaptadas al frío, incluyendo nuevos tipos de bivalvos, tiburones y aves marinas que dependen de las aguas ricas en nutrientes de la corriente fría. Entre estas especies características de las condiciones modernas, se encuentran las machas, el choro zapato y varias especies de almejas, incluyendo la taca.

Otro de los efectos de este cambio climático fue la desaparición de la megafauna antigua, como el megalodón, un tiburón de hasta 20 metros. Con su perdida y el posible aumento de recursos como el krill, las ballenas comenzaron a superar los tamaños que habían alcanzado previamente. Chávez detalla que “el gigantismo de las ballenas es un proceso más moderno… animales tan grandes como la ballena azul son algo relativamente nuevo”. Esto dio origen a la megafauna moderna donde las ballenas con barbas alcanzan los mayores tamaños.

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