Con la llegada de marzo, la vuelta al trabajo, el inicio del año escolar, la reorganización familiar y las exigencias económicas generan lo que muchos llaman “síndrome post vacaciones”.
Según la psicóloga y académica de ADIPA, María José Jeldres, no se trata de un diagnóstico clínico formal. “No aparece en manuales, pero es una etiqueta popular que describe síntomas transitorios asociados al retorno a la rutina, como irritabilidad, baja motivación, cansancio y desánimo”, explicó a EL DÍNAMO.
Más que un síndrome, aclaró, es un proceso de reajuste adaptativo: “El problema no es volver a la rutina; es cómo estábamos antes de salir de ella”.
Marzo sin colapso: cinco consejos para sobrellevar la irritabilidad post vacaciones
El regreso a la rutina implica un cambio brusco en sistemas psicológicos y biológicos. Durante las vacaciones, los horarios se alteran, las demandas cognitivas disminuyen y predomina la recompensa inmediata. Al retornar, se reinstalan estructuras, límites y esfuerzo sostenido.
“Hay un cambio en el ritmo circadiano, en la activación cognitiva y en el sistema motivacional. El cerebro necesita reorganizar hábitos, foco y energía. Esa fricción temporal se interpreta muchas veces como malestar”, señala Jeldres.
Entre los efectos habituales se incluyen:
- Irritabilidad y desmotivación.
- Fatiga mental y dificultad para retomar horarios.
- Ansiedad anticipatoria y sensación de “no querer empezar”.
Estos síntomas suelen ser transitorios y forman parte del proceso de adaptación. Sin embargo, si el malestar persiste o es intenso, podría reflejar desgaste previo, insatisfacción laboral o sobrecarga sostenida, lo que requiere atención profesional.
Cinco consejos para una transición más amable:
- Retomar horarios algunos días antes del inicio formal.
- Priorizar pocas tareas clave durante la primera semana.
- Cuidar el sueño antes que la productividad.
- Ajustar expectativas de rendimiento inicial.
- Reinstalar pequeños rituales de bienestar.
Desde el punto de vista psicológico, una transición progresiva favorece la regulación emocional y la adherencia a hábitos saludables.
En el ámbito familiar, anticipar conversaciones, distribuir responsabilidades y ajustar expectativas ayuda a reducir la tensión propia de este periodo.
“Más que temer a marzo, necesitamos entender que toda transición requiere ajuste. Si el malestar es leve y transitorio, es parte del proceso. Si es intenso o persistente, puede ser una señal de algo que merece atención”, concluyó María José Jeldres.