El alto vuelo del bien común
En los últimos años he tenido el placer de viajar mucho más de lo que quisiera. Suena incongruente, pero no lo es. Y en cada viaje, he ido observando comportamientos que me sorprenden al extrapolarlos a la vida fuera de un avión. Desde la eficiencia hídrica y energética de los baños, hasta el tremendo desperdicio que suele conllevar la alimentación en los lugares “de paso”. Cuando se tiene que dar un servicio a muchas personas que pasan poco tiempo ahí, mi conclusión es que el sistema rápidamente se adapta para usar la menor cantidad de agua y energía posible, pero suele no escatimar (aún) en los residuos que se generan en envases y embalajes.
Columnista