En la ceremonia que se llevó a cabo este domingo en el Dolby Theatre, la estatuilla de oro se la llevó 20 Days in Mariupol de Mstyslav Chernov, de corte político sobre lo ocurrido en la ciudad portuaria de Ucrania con la invasión rusa.
Lo ocurrido esta noche, coincide con lo que los expertos anticipaban desde hace días, dejando a La Memoria Infinita sin el tan ansiado Oscar, pese a las buenas críticas que recibió por parte de los medios especializados durante su paso por festivales y en su debut en distintos países.
La obra de Alberdi abordaba la historia de amor de Augusto Góngora y Paulina Urrutia, la cual se vio golpeada luego del diagnóstico de Alzheimer del comunicador, ocurrido hace algunos años.
Previo a iniciada la ceremonia, Maite Alberdi publicó una imagen junto a Urrutia desde el Dolby Theatre, donde señaló que “este es un equipo que hoy celebra la dicha de haber hecho una película que nos encanta, que nos enseñó mucho y que nos hizo trabajar juntos”.
“Y al fin vamos todos a una ceremonia real. Con El Agente Topo nos tocó una versión pequeña y pandémica, así que vamos todos de la mano, orgullosos de representar a Chile y a todo el cine iberoamericano“, cerró.
El caso vuelve a generar polémica tras una nueva denuncia pública contra el mismo hombre que en 2025 se viralizó por un insólito episodio durante una audiencia judicial por Zoom.
Investigador de Clapes UC y profesor de la Universidad de Columbia, Cifuentes pasó por Santiago para exponer en la pasada Feria de Arte Chaco sobre lo que más sabe: arte y mercado. Una pasión que lo llevó a escribir, junto a Ventura Charlin, “The Worth of Art”, una investigación sobre qué colores, formas o autores venden más en el mundo y por qué.
A la luz de las encuestas, los primeros en dar señales de enfriamiento fueron los votantes de Franco Parisi (lo que ayuda a explicar buena parte de la caída en apoyo al gobierno).
El cuerpo es solo el comienzo. La misma lógica que hoy decide que estoy en ruina corporal es la que moldea el mundo que se me presenta. Y hasta el más brillante puede caer por insistencia, sin darse cuenta de que suscribe tal o cual idea no porque la eligió, sino porque el algoritmo la empujó, suavemente y sin pausa, hasta volverla inevitable.
Hablamos de un clásico de Providencia, que lleva décadas congregando a un variado universo de comensales. Algunos más frecuentes que otros —incluido el autor de estas líneas—, pero todos seducidos por lo que ofrece: una mezcla de fuente de soda, salón comedor y terraza con mozos a la antigua. Y una carta tan variada como alejada de las modas.