16 años han pasado desde la muerte de Pedro Lemebel y su impacto en el arte continúa más vigente que nunca luego de que el pasado martes 20 de enero se inaugurara en el Museo Nacional de Bellas Artes la exposición Desbocadas. Yeguas del Apocalipsis. Retrospectiva.
La muestra reúne por primera vez el trabajo artístico que realizó junto a Francisco Casas entre 1987 y 1993. El dúo que iniciaron estos dos escritores se destacó por sus intervenciones completamente incendiarias para la época: un Chile que comenzaba a dejar atrás la dictadura pero donde la represión y la discriminación seguían más presentes que nunca.
A casi 40 años del nacimiento de las Yeguas del Apocalipsis, hace solo unos días más de dos mil personas se reunieron en el hall central del Museo de Bellas Artes en lo que fue la apertura de Desbocadas. En dicha cita -que tuvo un minuto de silencio por las víctimas que dejaron los incendios forestales en el sur- estuvo presente Francisco Casas, quien fue testigo de cómo la masiva asistencia demostró que el arte que realizó con Lemebel, sigue más vivo que nunca. Sobre todo en los jóvenes.
Desde que se abrieron las puertas para el público general, la sala sur del museo en ningún momento queda vacía. Una vez que se ingresa, el ruido del hall queda atrás y solo es posible oír los registros audiovisuales de los artistas, los cuales acompañan las fotografías y documentos que dan cuenta del trabajo que realizaron Lemebel y Casas hace más de tres décadas.

Cada uno de los presentes en el lugar recorre minuciosamente cada espacio, deteniéndose en las leyendas que contextualizan las imágenes instaladas. Algunos de ellos, se dan el tiempo de explicarle a sus acompañantes quiénes son los autores de estas intervenciones “adelantadas para la época”, dicen algunos. Otros las califican de “incendiarias”, tal y como lo consigna un recorte de prensa de principios de los años 90.

Para Varinia Brodsky Zimmermann, directora del Museo Nacional de Bellas Artes, “presentar esta exposición retrospectiva significa saldar una deuda con un colectivo icónico que en los años 80 desafió la norma y visibilizó las disidencias sexo-genéricas relegadas al margen en un contexto de represión”.
“Esta es una exposición que nos permite abrir un espacio para reflexionar sobre la historia de las diversidades, su resistencia y a pensar el arte como un espacio de libertad y crítica. Las Yeguas del Apocalipsis, con una obra incuestionable y reconocida internacionalmente, no solo ampliaron los límites del arte en Chile y en Latinoamérica, sino que interpelaron a una sociedad atravesada por la violencia política, la homofobia y el silencio, es por ello que desde el museo, no podemos pasar por alto la importancia de su enorme aporte en la transformación del imaginario social”, agregó.

“Este masivo reconocimiento popular a las Yeguas es muy importante que suceda en Chile”
Gerardo Mosquera fue el curador encargado de Desbocadas. En conversación con EL DÍNAMO, Mosquera se manifestó sorprendido por la masiva convocatoria para la apertura. Para este artista se trata de un tardío reconocimiento al trabajo de Lemebel y Casas.
–¿Cómo llegaste a las Yeguas del Apocalipsis y qué conocías de este colectivo antes de este trabajo?
-No recuerdo con exactitud cuándo supe por primera vez de las Yeguas del Apocalipsis. Tal vez fue durante el proceso de investigación para el libro Copiar El Edén: Arte reciente en Chile, que se publicó el 2006. Desde antes estuvo investigando mucho sobre el arte chileno. Tal vez ya lo conocía de antes, por alguna referencia, pero sí sé cuándo conocí a los artistas personalmente. En ocasión de la presentación del libro, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, donde las Yeguas reaparecieron después de años sin actuar y se presentaron travestidas, y se sentaron en la primera fila del acto. La prensa les preguntó si es que iban a volver a actuar y dijeron que no, que simplemente habían ido en reconocimiento a la manera cómo el libro las había apoyado, y había reconocido su trabajo. Antes de curar la retrospectiva, sí conocía bastante bien de las Yeguas. Los tuve en la exposición grande que curé en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México por el Bicentenario que se celebró en ese país. Las tuve también en otras exposiciones internacionales que curé a lo largo de los años.

–¿Cómo fue el proceso y que te dejó a ti, como curador, trabajar en esta exposición?
-El proceso fue muy laborioso. Es una exposición que plantea desafíos de curaduría porque la mayor parte de la obra, de las acciones que hicieron las Yeguas no está documentada. La que existe, por lo general, es bastante débil, pues ellas nunca se preocuparon por registrar sus acciones. La institución cultural no tenía interés en ellas. Para mí ha sido una gran satisfacción poder hacerlo y poder contribuir al muy merecido reconocimiento institucional que debieron haber recibido hace tiempo. Lamentablemente es una retrospectiva semi póstuma porque Pedro Lemebel no pudo verla. Pero para mí ha sido aún mayor la satisfacción de ver lo que ocurrió el día de la inauguración. Más de dos mil personas asistieron, la gran mayoría de ellos jóvenes. Pero no solo fue esta masividad nunca vista por mí, sino el entusiasmo, la energía positiva, la emoción que había en este público que constantemente ovacionaba a Pancho y a los que participamos.
–¿Cuán relevante es para ti el trabajo de Pedro Lemebel?
-Pedro Lemebel es, sin duda alguna, un gran escritor. No lo digo yo, lo dice hasta Roberto Bolaño. Es un escritor muy original y muy valioso para Chile y más allá. Aparte del trabajo artístico con las yeguas, tiene una obra performática y de fotos escenificadas hecha individualmente que también es de gran interés. A la vez, Francisco Casas es un muy buen escritor y ha desarrollado una obra como artista performance. Por cierto, está teniendo mucho éxito en Buenos Aires, donde está viviendo en estos momentos. Está teniendo una carrera individual como performer exitosa.
–¿Imaginaste el nivel de convocatoria que tuvo la apertura?
-Esperábamos una gran asistencia el día de la inauguración, pero desbordó todo lo que podíamos imaginar. El museo estaba reventado de gente en el gran hall como en la parte superior. Para entrar a ver la exposición, había una larga cola de gente amontonada. Fue extraordinario. Pero más allá de eso, había que ver la intensidad de la gente y cómo lo estaban recibiendo. Sobre todo los jóvenes. Fíjate que no hay clases en este momento, no eran jóvenes a los que los profesores le hayan indicado que fueran ahí a ver la exposición. Lo hacían por iniciativa propia y con un enorme entusiasmo. Me parece muy importante lo que pasó en la inauguración. Este masivo reconocimiento popular a las Yeguas es muy importante que suceda en Chile y más en estos momentos.
