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Isidora Villarino: “Mientras resida en Santiago, mi ciudad siempre será mi gran referente”

La artista chilena participó en la feria NADA New York 2026 junto a la galería Espacio Andrea Brunson, en lo que marca el debut de Chile en uno de los encuentros más relevantes del arte contemporáneo internacional. Su obra, centrada en la arquitectura, la memoria y la transformación urbana, ha recorrido galerías, museos y ferias en América, Europa y Estados Unidos.

NADA (New Art Dealers Alliance) es uno de los eventos más destacados de la semana del arte de Nueva York. En su duodécima edición, Chile participó por primera vez a través de la galería Espacio Andrea Brunson (EAB), que exhibe el trabajo de la artista Isidora Villarino. La propuesta presentada en Nueva York reunió 66 dibujos de pequeño formato desarrollados a partir de una investigación sobre la arquitectura y su transformación según las necesidades humanas.

Las obras exploran las consecuencias sociales y culturales de los procesos de demolición y construcción, así como la memoria e identidad de los espacios que habitamos. El proyecto se centró particularmente en el tiempo de transición entre el abandono y la desaparición de un lugar, mediante imágenes translúcidas, juegos de luces y sombras, y una reflexión constante sobre la presencia y la ausencia.

Tu participación en NADA New York 2026 marca un hito para la presencia chilena en este encuentro internacional. ¿Qué significa para ti representar a Chile en un espacio tan relevante para el arte contemporáneo global?

“Fue una sorpresa enorme que mi trabajo haya sido seleccionado para una feria de esta envergadura, donde la curaduría es estricta y las plazas son escasas. Se siente muy gratificante además haber logrado abrir camino para nuestro país en esta plataforma, al ser la primera vez que Chile forma parte de NADA durante la semana del arte de Nueva York.

Me parece importante mencionar que todos estos logros han sido fruto de un camino que hemos trazado conjuntamente con Andrea Brunson, mi galerista y representante. Hemos programado un año de proyectos nacionales e internacionales en función de la proyección de mi trabajo, impulsándonos continuamente de manera mutua.

“Ha sido un trabajo arduo, arrojado y consistente, y pienso que ahí está la clave que nos ha permitido ser pioneras en distintos espacios internacionales, abriendo paso a mercados, colecciones, conexiones y nuevas posibilidades para Chile”.

Tu trabajo gira en torno a la arquitectura, el espacio urbano y la memoria. ¿Por qué estos temas se han transformado en el centro de tu investigación artística?

“En lo personal, la ciudad y la arquitectura tienen una carga estética muy grande para mí y, si bien mi trabajo parte desde esa fascinación, a medida que he ido investigando sobre nuestras maneras de construir, de habitar y de estar en un espacio, mi trabajo se ha vuelto más profundo y complejo. Todos los temas que intento cuestionar o poner sobre la mesa están conectados entre sí: la manera en que se construye, cómo la arquitectura responde a las necesidades básicas del ser humano y el hecho de que habitar sea lo que más hacemos a lo largo de nuestra vida. A partir de estos temas, intento preservar la historia y nuestra memoria.

“Este proyecto en particular sigue una investigación que llevo desarrollando hace años en torno a la arquitectura y su transformación en función de las necesidades humanas: las consecuencias de una demolición o construcción a nivel sociocultural, así como la identidad y memoria de los lugares que habitamos y recurrimos, en un intento de no olvidar nuestra historia y aquello que nos ha traído hasta donde estamos hoy. Las obras que se exhibieron en Nueva York surgen de una investigación específica sobre el tiempo de transición entre el abandono y la muerte de un lugar. Son imágenes que buscan convertirse en una línea de tiempo de un espacio perdido: obras translúcidas que dejan entrever lo que era y lo que es, juegos de luces y sombras que reflejan una presencia propensa a desaparecer. Una especie de lucha entre la vida y la muerte, la presencia y la ausencia, aspectos que atraviesan todo mi trabajo”.

Tu obra ha transitado por galerías, museos y ferias en América Latina, Europa y ahora Estados Unidos. ¿Cómo ha evolucionado tu mirada artística en este proceso de internacionalización?

“Ha sido un proceso de mucho aprendizaje en todo sentido. Desde cómo presentar el trabajo de manera coherente, la importancia de que exista una conexión entre el contenido, el concepto y la forma en que se exhibe la obra, hasta lograr que el discurso sea transversal para que las personas conecten con él. Participar con mi trabajo en el extranjero me ha confirmado que mientras más genuino es el contenido y la práctica, mejor recepción tiene la obra. Y eso ha sido muy bonito: constatar que el espectador conecta desde lo simple, desde sus propias vivencias y sentimientos”.

Has expuesto en ciudades y contextos culturales muy distintos, desde Berlín hasta Ciudad de México. ¿Qué has descubierto sobre la manera en que públicos de distintos países leen o interpretan tu obra?

“Si bien los temas que aborda mi trabajo son absolutamente transversales —en el sentido de que todos hemos sufrido alguna pérdida a lo largo de nuestra vida, hemos tenido que dejar algún lugar significativo por obligación o necesidad, o bien ajustarnos a cambios drásticos—, mi trabajo intenta apelar a una memoria colectiva. Busco conectar con lo cotidiano, con el entorno, con el recuerdo y con quiénes somos. En esa misma línea, también con nuestra identidad, con la cualidad intangible de la memoria y con la manera en que un recuerdo se presenta en nosotros. De ahí la utilización de papeles translúcidos como soporte, buscando emular la forma en que recordamos: no todo es nítido ni certero. Hay una presencia, algo que está, pero no está, y eso intento transmitirlo no solo a través de la imagen, sino también mediante el soporte, la superposición de capas y la forma en que trabajo el material”.

Vienes de un período especialmente intenso, con reconocimientos internacionales, presencia en importantes ferias y nuevas nominaciones. ¿Cómo estás viviendo este momento de consolidación profesional y artística?

“Ante todo, con calma, intentando no pasar por alto estos últimos meses, que han sido muy emocionantes y relevantes para mi carrera. Estoy disfrutando los procesos y todo lo que ha ido sucediendo en torno a los proyectos que he realizado, procurando que ningún logro me haga perder el hilo del trabajo, porque la constancia es lo que finalmente ha generado estos frutos. Lo bonito es que todo se ha dado de manera muy orgánica, en función de la inversión que hemos hecho junto a Andrea en mi trabajo, así como del tiempo e investigación entregados a cada proyecto. Ha sido un trabajo de tiempo completo, intenso, pero inmensamente gratificante”.

A pesar de tu creciente proyección internacional, gran parte de tu trabajo sigue profundamente conectado con la ciudad, la memoria y ciertos paisajes emocionales chilenos. ¿Qué lugar ocupa Chile hoy en tu imaginario creativo?

“Chile es mi gran imaginario, porque trabajo a partir de los lugares en los que me muevo, vivo y habito. Mientras resida en Santiago de Chile, mi ciudad siempre será mi gran referente”.

Exposición en Zapallar

Hasta este domingo 24 de mayo, Isidora Villarino presenta su octava exposición individual, Repetir para no olvidar, en el Centro Cultural Teatro de Zapallar. La muestra puede visitarse en el Teatro de Zapallar, de jueves a sábado entre las 11:00 y 14:00 horas y de 16:00 a 19:00 horas, mientras que los domingos permanece abierta entre las 11:00 y 14:00 horas.

La exposición se desarrolla a partir de una investigación y reflexión sobre la manera en que la ciudad se va edificando y expandiendo, evidenciando las consecuencias de este movimiento a nivel social y cultural.

La obra propone una serie de dibujos sobre la identidad de nuestra arquitectura, la ciudad, su movimiento incesante y la manera en que se habita, se estructura y se adapta constantemente a nuevas necesidades humanas.

Esto se expresa a través de una acumulación de imágenes superpuestas en una extensión de 15 metros de largo, donde aparecen fragmentos de casas, arquitecturas o espacios que, con el paso del tiempo, han dejado de ser lo que eran o han sufrido transformaciones por necesidad u obligación.

Son imágenes translúcidas que dejan entrever lo que era y lo que es, juegos de luces y sombras que reflejan una presencia propensa a desaparecer, aludiendo a la memoria, al paso del tiempo y a cómo vamos construyendo historia sobre historia hasta relegarla al olvido.

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Felipe Ramos