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A los 88 murió David Hockney, el artista más pop de todos

Durante más de seis décadas el pintor se transformó en el sumo pontífice de las artes británicas. Siempre enfocado en el pop, las luces de Hollywood, pero también la campiña inglesa, Hockney fue uno de los primeros artistas en abrazar su homosexualidad —junto a Andy Warhol—, y transformarla en un producto vendible.

Entre los Andy Warhol, Roy Lichtenstein, Robert Rauschenberg y James Rosenquist, ningún artista estadounidense trataba la cultura pop tan directamente como el pintor inglés David Hockney. Nacido en 1937 y criado en Bradford, Yorkshire, Hockney debió pasar por el servicio militar antes de entrar a la Royal College of Arts en 1959. Ahí se cultivó junto a una generación más joven de artistas que incluía a Allen Jones, Derek Boshier y Ron Kitaj, quienes eran el terror de sus profesores mayores, todos nacidos a comienzos del siglo XX y empeñados en enseñar las técnicas tradicionales, la pintura clásica y los antiguos maestros.

Todos estos artistas estaban profundamente inspirados por Norteamérica. Tal como dijo el artista y cineasta Derek Jarman, “habiendo crecido en los 50, todos soñábamos con el sueño americano”, agregando que “Inglaterra era oscuro y sobrio, mientras que al otro lado del Atlántico tenían refrigeradores y autos, televisores y supermercados. A medida que la década llegaba a su fin nos llegaron Elvis Presley y Buddy Holly, y discos de Long Play de West Side Story. Todo nuestro sueño estaba envuelto en celuloide. ¡Cómo añorábamos a Norteamérica! Necesitábamos viajar al oeste”.

A sus 88 años de edad, David Hockney falleció en horas de la noche en su casa de Londres. Siempre activo, seguía pintando y haciendo obras en su iPad, luego de una vida en que se transformó en uno de los artistas británicos más importantes de todos los tiempos tanto por su trabajo como por su vida personal, en la que nunca ocultó su homosexualidad incluso en tiempos que esta era ilegal en el Reino Unido. Amante de la vida (su frase típica era “amo la vida”), solía decir que “creo que soy ávido, pero no soy ávido de dinero —eso puede ser una carga—. Soy ávido de una vida emocionante”, algo que se veía en tanto en sus cuadros como en cada una de sus presentaciones públicas”.

Tras conocerse su muerte, la destacada artista inglesa Tracey Emin dijo que Hockney era “un gran artista y un hombre maravilloso, que con el poder del arte transformó la percepción de lo británico. Un orgulloso homosexual fumador empedernido, que enarbola la bandera más alto que cualquier otro artista británico”.

Mientras, Alex Farquharson, director de la Tate Britain, señaló a la BBC que “David era un artista infinitamente inventivo, con una visión única del mundo. Siempre fue completamente él mismo, con valentía, tanto en su obra como en su vida. Nos enseñó sobre el placer de mirar, a ver cosas que el resto no lograba notar: sus observaciones ingeniosas y agudas, una presencia constante en su obra y en persona. La pérdida para el mundo del arte es inmensa: la partida de David cierra un cuerpo de obra extraordinario, marcado por la reinvención”.

A Bigger Splash (1967).

De acuerdo al destacado periodista y escritor inglés, John Savage en su libro “The Secret Public. A queer history of pop” (2025), Hockney se dio cuenta que era homosexual a una edad temprana, pero fue en la universidad donde se sintió liberado. “De repente me sentí parte de un mundo bohemio, un mundo lleno de arte, poesía y música. Finalmente pertenecía a un lugar. Una vez que acepté esto comencé a pintar objetos homosexuales”.

Inspirada en las revistas de ejercicios y musculación, los grafitis que aparecían en los baños públicos y los poemas de Walt Whitman en Hojas de hierba, comenzó a pintar una serie de cuadros sobre el amor en 1960. Una de las obsesiones de él en ese tiempo era la estrella de la canción juvenil Cliff Richard, quien dominaba los rankings con “Living Doll”. Basándose en esa canción, Hockney pintó el cuadro Doll Boy, en la que aparece Richard como “la muñeca viviente”. En la imagen aparece la figura central en contra de un fondo de fuertes colores. La cara es claramente del cantante, pero luce un vestido en el que se deletrea la palabra “Queen”.

El ascenso de Hockney fue rápido. En febrero de 1961, se presentó en la exhibición de artistas jóvenes contemporáneos de la Royal Society of British Artists, el grupo que anunciaba a las nuevas promesas del arte británico. A los pocos meses visitó Nueva York por primera vez, en donde no tuvo problemas para insertarse en su vida cosmopolita y hacerse un nombre como artista. Para completar su liberación, se transformó asimismo, decolorando su pelo a un rubio platinado tal como lo había hecho Andy Warhol anteriormente solo porque “las rubias se divierten más”. Así regresó a Londres “con su pelo rubio, fumando cigarros y calzando zapatos blancos”. David Hockney era una sensación.

El sueño californiano

En 1964, David Hockney se aburrió del frío inglés y se instaló en Hollywood, California. Donde residiría por más de 30 años. Sería ahí donde pintaría A Bigger Splash (1967), uno de sus cuadros más famosos y que se vuelve una de las imágenes más reconocidas del siglo pasado. Según el periodista y columnista de Revista D, de El Dínamo, Ernesto Ayala, en la imagen “la piscina no tiene bordes a sus lados y es tan grande que dan ganas de sumergirse en ella. Al mismo tiempo la forma cuadrada del lienzo y su marco sin pintar hace pensar en una fotografía Polaroid, cámara que por entonces Hockney usaba. Una Polaroid gigante, eso sí, lo que es de por sí algo surrealista. De hecho, la composición congelada, estática, tiene algo de Magritte. Al mismo tiempo, las líneas rectas, las franjas rectangulares y las repeticiones hacen pensar en Mondrian”.

Portrait of an Artist (Pool with Two Figures), de 1972.

Tras varias retrospectivas y homenajes, durante los años 80 Hockney se dedicó a explorar el teatro, el grabado y la fotografía, creando composiciones fotográficas múltiples para superar la visión limitada de una sola imagen. Al mismo tiempo diseñó escenografías de ópera y ballet, pero nunca renunció a la pintura.

En 2018, su cuadro Portrait of an Artist (Pool with Two Figures) marcó un récord de 90 millones de dólares, convirtiéndolo en el artista vivo más cotizado del mundo en ese momento. La obra, de 1972, representa al pintor Peter Schlesinger, a quien Hockney conoció en 1966 y que se convirtió en su amante y máxima inspiración. Schlesinger aparece de pie, elegante, al borde de una piscina, contemplando una silueta que nada bajo el agua.

Activo hasta sus últimos días, durante el confinamiento por la pandemia, creó A Year in Normandie, una pintura compuesta en iPad de 90 metros de largo con 220 paneles que documentan el cambio de estaciones en su jardín francés, inspirada en el Tapiz de Bayeux.

Tal como han señalado muchos sobre la obra de David Hockney, sus pinturas son cálidas, pero de alguna manera distantes; llenas de luz, pero a menudo sombrías e inquietantes; simples y cotidianas, pero también etéreas y complejas. Un legado imperecedero, lleno de color, vida y rebeldía.

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Felipe Ramos