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Mateo Ruiz, el chileno que fue descubierto en las calles de París y hoy triunfa como modelo de marcas de lujo en Europa

Desde China, el modelo chileno de 21 años cuenta a EL DÍNAMO cómo han sido estos agitados años desde su descubrimiento a los 17.

Mateo Ruiz (21) tenía en el horizonte la vaga idea de estudiar ingeniería comercial en una universidad chilena. Estaba en tercero medio y pensar en esos asuntos era una posibilidad que se tornaba cada vez más seria. Sin embargo, tuvo la oportunidad de hacer un intercambio de tres meses en Inglaterra y, entremedio, pasear por Europa, hospedándose en casas de familiares o amigos de su madre.

Estaba en camino para visitar la torre Eiffel, levemente sorprendido por la cantidad de gente que había en ese punto neurálgico, cuando un hombre se le acercó y le preguntó si quería ser modelo. Sintió miedo y se preguntó si era algo peligroso, confiesa a EL DÍNAMO en esta entrevista.

Lo que Mateo no sabía es que estaba en plena Fashion Week, uno de los eventos más importantes de la moda en el año, y que con el pasar de los minutos se convencería que aquello no era una estafa, sino que un antes y un después en su vida. Un año después debutaría en la misma Fashion Week en la que fue descubierto y meses más tarde sería seleccionado como modelo exclusivo de Gucci. Emporio Armani, Moncler, Dsquared y Dolce & Gabbana son solo algunas de las reconocidas marcas con las que ha trabajado desde entonces.

A casi tres años de esa pregunta en la calle, Mateo Ruiz se encuentra en Hong Kong, China, ad portas de trabajar con una agencia un par de meses. Hace una semana, fue parte del desfile de Alta Sartoria de Dolce & Gabbana en Sicilia, donde compartió pasarela con otro modelo chileno, Pablo A. Bustamante y tuvo la oportunidad de conocer a Erling Haaland, uno de los protagonistas del Mundial 2026.

En medio de ese ajetreo, y con 12 horas de diferencia con Chile, se toma unos minutos para atender el llamado de este medio y repasar cómo han sido estos últimos años.

El sueño de ser modelo

A ti te descubrió un agente a los 17 años en plena calle. ¿Qué tan usual es eso? ¿temiste en ese momento o en las horas siguientes que pudiera ser algo peligroso?

— Sobre si es común, en Europa no lo es tanto, pero en París y Milán es más o menos frecuente; básicamente en esas capitales de la moda. En cuanto a si me dio miedo o si estaba preocupado de que fuera alguien con malas intenciones, la verdad es que sí. Estaba un poco en shock al principio cuando me dijo que podía ser modelo y que hacía scouting en la calle para buscar gente con potencial, sacarles fotos y mandárselas a la agencia. Me dio algo de susto, así que llamé a mis papás. Yo tenía 17 años en ese momento y me dijeron que fuera con cuidado, en un lugar abierto y concurrido para estar seguro. De todos modos, noté que era verdad porque me mostró su Instagram, tenía muchos seguidores y a varios modelos posteados.

Y antes de eso, más allá de que te hubieran hecho comentarios por tu apariencia, ¿soñaste con esa posibilidad de ser modelo?

— Nunca. Me lo habían comentado a los 15 o 16 años, pero jamás me lo tomé muy en serio porque en Chile no existe la profesión de modelo como tal. Estaba muy lejos de mis expectativas llegar a trabajar de eso, ganar dinero y tener esa vida, porque es algo inexistente allá; tienes que complementarlo siendo influencer o con algo más para vivir de ello. Así que nunca lo pensé, pero cuando me lo dijo este agente empecé a investigar, me di cuenta de que en Europa sí era algo común y a partir de ahí comenzó ese sueño de ser modelo.

Me preguntaba cuál era tu sueño más alocado y qué tanto se acerca a tu realidad actual. ¿Qué tanto se acerca a lo de ahora?

— Yo creo que bastante. Estuve mucho tiempo interesado en ser actor; desde los 12 años me picó ese bichito e incluso estuve en una obra de teatro en el GAM durante seis meses. Después esa idea se fue desvaneciendo porque no me convencía del todo, pero cuando salió esta oportunidad de modelar, se reactivó. Al final tiene mucho que ver: en las fotos también actúo, me pongo en un personaje y soy alguien totalmente distinto a lo que soy cotidianamente.

Mateo Ruiz en campaña para Dsquared.

Entrar en personaje

¿Cómo es eso?

— Ocurre porque me toca usar ropa que jamás vestiría normalmente, y se trata de interpretar lo que el diseñador quiere transmitir con la vibra de la prenda. Uno se mete en el personaje y camina de una u otra forma, o pone cierta cara: si es algo elegante, no voy a poner cara de enojado, a menos que eso busquen. Hay que jugar con lo que pide el diseñador.

Pensaba en las modelos de los años 90, que eran muy expresivas con su rostro, como Shalom Harlow. ¿Qué tanto se mantiene eso en el modelaje masculino? ¿Qué libertad tienes para salirte de esa neutralidad?

— Siento que esa expresividad se ha ido perdiendo con el tiempo. Lo veo muy poco; en mi caso, rara vez me han pedido ser expresivo. En el modelaje masculino es algo más tradicional y serio. París y Nueva York son de las pocas capitales donde hay un trabajo más artístico detrás, con editoriales que te hacen actuar o expresar más ante la cámara. De todos modos, eso no asegura ganar más dinero ni tener más trabajo; conozco a muchos modelos muy cotizados que jamás cambian su cara seria.

Decías que antes no habías pensado seriamente en el modelaje. ¿Cómo te fuiste encantando con esto? ¿Empezaste a estudiar en solitario, a buscar tus gustos, referentes y formas de desfilar?

— Sí, viendo videos en YouTube. Tenía referentes como Fernando Lindez, un modelo muy exitoso que tiene un look parecido al mío. Estudié su carrera y vi cómo hacía las pasarelas y editoriales. También seguía a Leon Dame o Kit Butler; analicé a varios referentes que me hicieron darme cuenta de que era posible hacer una carrera y tener este estilo de vida. La oportunidad de viajar, conocer culturas nuevas y vivir del arte fue lo que me apasionó al principio.

Mateo Ruiz. Foto de archivo.

Una rutina dispar en medio de desfiles

A eso iba mi otra pregunta: ahora estás en Hong Kong y hace una semana estabas en Italia. ¿Cómo describirías tu rutina entre un día normal y uno más extraordinario?

— Es muy volátil. Es difícil describir una rutina porque cuesta mantener una. Los días que no trabajo ni viajo intento entrenar y conocer la ciudad donde estoy. Si estoy en Milán, donde tengo una base, me junto con mis amigos. Pero tener una rutina fija es complicado porque estoy en constante movimiento: la última semana estuve en Suiza, luego pasé a Milán, de ahí a Sicilia y ahora estoy en Hong Kong, por lo que cuesta planificar.

En tus tiempos muertos, por así decirlo, ¿intentas recuperar cierta normalidad?

— Claro. Por bienestar mental, en esos momentos trato de mantener el día ordenado: levantarme temprano, hacer ejercicio, estudiar algo y mantenerme activo. Como hay días sin trabajo o castings, y no tengo otra ocupación además de esta, busco cultivar otros espacios para mantenerme en movimiento.

La trastienda del desfile de Moncler. En la imagen Mateo Ruiz. Foto: @mateooruiz.

¿Cuál es la experiencia que más atesoras de tu carrera hasta ahora?

— Uff, hay tantas que es difícil elegir una. Creo que sería la pasarela que hice para Gucci en 2024, que ha sido el trabajo más importante de mi carrera.

Ahí tuviste exclusividad con la marca.

— Sí, me pagaron una exclusividad por unos seis meses en la que no podía hacer desfiles ni fotos con otra firma en Milán. Es el trabajo que más atesoro porque cumplí el sueño de estar en una pasarela de ese nivel con una marca tan icónica, y además porque impulsó mi carrera. Me dio la validación de que realmente podía ser modelo.

Pensaba también en lo más reciente, el desfile de Dolce & Gabbana. ¿Qué significó para tu carrera? Y en un plano más anecdótico, vi que te sacaste una foto con Erling Haaland. ¿Cómo fue conocerlo?

— En términos profesionales me ayuda mucho porque me mantiene activo y visible en la industria, donde es fácil que los modelos queden en el olvido. Trabajar con una de las marcas más importantes de Milán me da presencia ante todos. Sobre Haaland, justo una semana antes del desfile estaba viendo sus partidos y videos; me cae muy bien. Verlo ahí fue casi irreal; lo felicité por el Mundial, conversamos un poco y le pedí una foto. Fue una experiencia muy bonita.

Mateo Ruiz junto al futbolista Erling Haaland en el desfile de Dolce & Gabbana. Foto: @mateooruizz.

El vínculo con Chile y el camino al futuro

Ahí también compartiste pasarela con otro chileno, Pablo Bustamante. ¿Qué se sintió encontrarse en esas circunstancias con un compatriota?

— Conozco a Pablo desde que empecé en 2024, cuando éramos prácticamente los únicos chilenos en esto. Siempre hemos tenido una muy buena amistad y hacer un desfile juntos fue un sueño cumplido. Nos sacamos fotos y el tema se volvió viral en Chile. Ahora que iremos en diciembre queremos dar entrevistas juntos y generar contenido para visibilizar nuestro trabajo, ya que allá no existen esos espacios.

¿Qué es lo que más extrañas de Chile?

— Lo que más extraño es la sensación de estar en casa y pertenecer a un lugar. Con tanto viaje termino siendo siempre el extranjero, y eso se echa de menos. Tampoco es fácil cruzarse con chilenos afuera, a diferencia de otras nacionalidades.

¿Te queda algún sueño por cumplir?

Recién tengo 21 años y sigo aprendiendo. Más que tener una meta fija ahora, estoy en un proceso de conocerme y aprovechar esta experiencia para construir un propósito más grande a futuro, para adentrarme a el mundo artístico. Como no sé si el día de mañana tendré un trabajo, hacer planes por adelantado se hace complicado.

Mateo Ruiz junto al modelo chileno Pablo Bustamante en el desfile de la colección Alta Sartoria de Dolce & Gabbana. Foto: @mateooruizz.

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