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Ojo al Charqui: paz en el centro

Juan Diego Santa Cruz descubre un nuevo hito de Santiago Centro, el Café Precolombino.

Pasear por el centro de Santiago no es lo mismo que hace 2 años y tampoco que hace 6. La cosa está mejor que al final de la pandemia pero mucho peor que antes del estallido. Abundan los locales comerciales sin arrendatario y hasta se puede sentir algo silencioso para los que estamos acostumbrados al ruido de la ciudad. Pero el centro sigue siendo el centro y los que lo frecuentamos seguimos caminando a velocidad de urgencia para ir a al banco cuando abre o cuando faltan 2 minutos para las 2.

Así, bajando a toda velocidad por Huérfanos me vino un instante de confusión al comprobar que el Bar Nacional había sido reemplazado por 2 farmacias. Donde antes se curaba el alma ahora se cura el cuerpo.

Medio depre, decidí emplumarla hacia el Museo Chileno de Arte Precolombino, que además de tener una colección maravillosa tiene un café en el patio norte del edificio. Pedí un espresso doble que llegó lentamente a mi mesa. La pausa, que habitualmente podría ser exasperante resulto muy distinta. El garzón, uno de los varios jóvenes con síndrome de Down que atiende el café, complemento su ritmo con una gran sonrisa. Me cambió el día el hombre, así que me quedé a almorzar en el Café Precolombino.

Me comí una muy bien aliñada ensalada con jamón serrano $11.900 y una deliciosa torta de zanahoria por $5.500. El café es administrado por Edudown, una fundación que atiende gratuitamente a más de 1200 personas con síndrome de Down en Chile. Unos cracks. Tienen un fantástico centro en San Bernardo y también en Coquimbo y Temuco.

Ojo al charqui porque los de Edudown no se andan con chicas. Hasta hacen sus propias mermeladas y encurtidos que los venden en el supermercado Tottus con la marca A la huerta de la esquina. Al parecer y a diferencia del centro de Santiago, los de Edudown si que están mejor que hace 2 o hace 6 años. Bien por ellos.

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