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Argentina supera el “kirchnerismo” y da la bienvenida al “cristinismo”

La muerte de Kirchner, hace un año, cambió radicalmente el panorama y Fernández supo enfrentarse a la soledad del poder, recomponer su imagen y hacerse fuerte frente a adversarios, peronistas y opositores, que esperaban verla caer.

La presidenta Cristina Fernández se adjudicó el domingo un histórico triunfo electoral que marca un antes y un después en la política argentina y que consolida un modelo propio: el “cristinismo”.

Simpatizantes y detractores coinciden hoy en reconocer que la presidenta se ha alzado con una victoria sin precedentes -más del 53 por ciento de votos y una ventaja de unos 37 puntos sobre el segundo candidato- por méritos propios, sin “deberle nada a nadie”.

La mandataria, sin embargo, atribuyó anoche su contundente triunfo a su esposo y antecesor, el fallecido Néstor Kirchner, y se apresuró a anunciar una profundización en el modelo inaugurado por el expresidente.

Cristina Fernández, que llegó a la Presidencia de la mano de su esposo en 2007 con un 42 por ciento de aceptación, no logró despegarse de la sombra de Kirchner durante sus primeros años de gestión y pagó con un intenso desgaste la estrategia de confrontación que cultivó su marido.

La muerte de Kirchner, hace un año, cambió radicalmente el panorama y Fernández supo enfrentarse a la soledad del poder, recomponer su imagen y hacerse fuerte frente a adversarios, peronistas y opositores, que esperaban verla caer.

Su cambio de imagen, la rebaja de la tensión y los llamamientos al diálogo la hicieron subir como la espuma en valoración hasta convertirla en una presidenta sin rival político, avalada por la bonanza económica y por un sinnúmero de programas asistenciales y de subsidios que ampliaron su base electoral.

“Un mérito atribuible exclusivamente a Cristina, a su decisión de tomar las riendas y seguir adelante con un estilo propio”, apuntó a Efe un influyente empresario argentino.

“Se confirmó la hegemonía del ‘cristinismo’. Fue Cristina la candidata, la que reinventó el ‘kirchnerismo’ y emerge como la figura política que más poder acumuló desde la transición a la democracia”, tras la última dictadura militar (1976-1983), opinó hoy el analista Sergio Berensztein, de la consultora Poliarquía, en declaraciones radiales.

Para el analista Julio Blanck, la primera presidencia de Fernández “fue un regalo de Kirchner”, pero ahora “acaba de ganársela, sin deberle nada a nadie”.

“Ni siquiera a Kirchner, porque lo que la mayoría de la sociedad percibe como su verdadero Gobierno y su verdadera estatura como presidenta y candidata, nacieron el día en que ‘Él’ (Kirchner) se murió”, subrayó hoy en el diario Clarín.

Desde la muerte de Kirchner, a quien la presidenta se refiere enfáticamente como a “Él”, Cristina se ha alejado del aparato tradicional del peronismo y de polémicos dirigentes sindicales y piqueteros.

La presidenta ha buscado respaldos más heterogéneos y menos cuestionados socialmente, organizaciones juveniles, como La Cámpora, grupos de intelectuales y artistas que han contribuido a mejorar su imagen y estructuras barriales que han favorecido la movilización de electores.

Se ha rodeado de cuadros técnicos, como el ministro de Economía y futuro vicepresidente, Amado Boudou, y, en su nuevo Gobierno, a partir de diciembre, se despedirá de varios de los más señalados funcionarios heredados de Kirchner, como su jefe de Gabinete, Aníbal Fernández.

Pese a las señas de identidad propias del modelo de Fernández, “el cambio entre el ‘kirchnerismo’ y el ‘cristinismo’, es de forma, no de fondo, porque las políticas no han cambiado en lo más mínimo”, explicó a Efe el peronista disidente Francisco de Narváez.

“La presidenta entendió que una forma de comunicación más amena, más cercana a la gente, más cálida -inclusive esto desde su rol de mujer y de género- tiene una respuesta más positiva de la gente”, agregó este peronista disidente que el domingo sufrió un importante batacazo en sus aspiraciones de gobernar la provincia de Buenos Aires.

Bien con un modelo propio o con un cambio que se limita a las formas, Fernández ha logrado ser la primera presidenta reelegida en América, con el mayor caudal de votos desde el retorno de la democracia en Argentina y al frente del primer proyecto reelegido para gobernar en tres periodos consecutivos.

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