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La posibilidad de unas islas

Si bien en las librerías de Buenos Aires hay memorias y análisis retrospectivos de lo mucho que se hizo mal, donde los vecinos realmente destacan es en las buenas novelas que se han escrito al respecto. Obras que, leídas en su conjunto, resultan claves para entender el trauma nacional que representan las islas y el sentimiento movilizador que despierta su causa.

Desde que el presidente Javier Milei decidió presionar el botón de pánico de la política trasandina invocando las reclamaciones sobre las islas Malvinas/Falkland, el tema ha regresado a las primera planas. En Argentina, como un factor de unidad para acallar a la oposición en momentos en que se hace sentir el ajuste económico y se acerca la reelección; en el Reino Unido, como un reflujo estratégico que aflora de vez en cuando; y en Chile, como una tensión asociada al apoyo que se les dio a los británicos en 1982.

Se le atribuye a George Orwell o a Winston Churchill la frase de que la Historia, con H mayúscula, la escriben los vencedores. De ahí la existencia de libros que todavía se pueden encontrar, con un poco de trabajo, en cualquier Waterstones o Foyles de Londres, donde marinos, pilotos y soldados siguen contando su versión.

Si bien en las librerías de Buenos Aires hay memorias y análisis retrospectivos de lo mucho que se hizo mal, donde los vecinos realmente destacan es en las buenas novelas que se han escrito al respecto. Obras que, leídas en su conjunto, resultan claves para entender el trauma nacional que representan las islas y el sentimiento movilizador que despierta su causa.

Eduardo Sacheri (Buenos Aires, 1967), muy conocido por sus libros que sirvieron de base para las películas El secreto de sus ojos y La odisea de los giles (ver entrevista de Marcelo Simonetti en la edición 3 de Revista D), abordó el tema por partida doble con dos novelas recientes que pueden leerse como una sola: Demasiado lejos y Qué quedará de nosotros. Ambas son del año pasado y fueron concebidas como dos tomos de un mismo texto.

En la primera, aborda el impacto de la guerra en la sociedad a través de un grupo de amigos que se reúne en un bar, y las divisiones que se abrieron entre quienes eran opositores a la dictadura militar pero que, ante los hechos consumados, abrazaron la causa (no todos). Asimismo, están los exconscriptos que son llamados de vuelta a filas. Y también los mozos de palacio que observan cómo sube el consumo de café. Todo en tres frenéticos meses.

En la segunda, en cambio, los tres soldados y amigos de barrio son desplegados en las islas, donde comienza la lucha por sobrevivir. Aparecen la camaradería, los miedos, la soledad, las ganas de regresar y, por supuesto, la valentía. Pero también se abre la interrogante que le da título, porque quienes vuelvan al continente lo harán como derrotados.

Antes, Patricio Pron (Rosario, 1975) escribió Nosotros caminamos en sueños, donde salta directamente al campo de batalla, pero de una forma surrealista. Las bombas quedan suspendidas en el aire (metáfora evidente de que el tema sigue ahí), se cuelan personajes sin nombre pero con funciones específicas (como el médico que solo amputa extremidades), y surgen reflejos de otras guerras de otros tiempos. La obra juega con la idea de que todo lo que ocurrió fue un mal sueño y rescata la figura del sonámbulo para sugerir que muchas veces se avanza hacia el conflicto de forma inconsciente.

Si hay una novela que inaugura esta temática, es sin duda Los pichiciegos, de Fogwill (Quilmes, 1941). Se publicó en 1983, apenas un año después de la guerra, y es un clásico en su país. El título se refiere a una especie de armadillo que pasa su vida excavando túneles, y eso es justamente lo que hace un grupo de soldados argentinos: construir un refugio subterráneo para sobrevivir, que pronto se convierte en una comunidad en sí misma, con leyes, jerarquías y lealtades propias. Al punto de que sus ocupantes no tienen problema en contrabandear productos con los dos bandos enfrentados. Esto grafica el aislamiento y el desconcierto que vivieron muchos de los conscriptos enviados al frente.

Ambientada en los años posteriores a la guerra está Las islas, de Carlos Gamerro (Buenos Aires, 1962), donde aparecen veteranos que son reclutados para una trama absurda en plena época menemista. Por supuesto, hay mucho más: desde cuentos magistrales como La soberanía nacional, de Rodrigo Fresán, sobre un soldado argentino que quiere ser capturado por los británicos para luego ser liberado en Inglaterra, donde podrá ver a sus amados Rolling Stones, hasta el breve poema de Jorge Luis Borges Juan López y John Ward, publicado en 1982 en el diario y luego incluido en el libro Los Conjurados, de 1985, que dibuja a dos personajes cuyos caminos y tumbas se cruzan en “unas islas demasiado famosas”.

Todas estas lecturas ayudan a entender por qué el tema sigue instalado no solo en la agenda política del gobierno de turno o en una pancarta de la selección de fútbol, sino de manera profunda en la historia reciente de Argentina. Como un déjà vu constante. Así que, cuando en los próximos días de noviembre el tema salpique a Chile por la decisión de una naviera privada de comerciar entre Punta Arenas y Port Stanley/Puerto Argentino, quizás lo mejor sea tomar uno de estos libros y respirar con calma.

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