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[Fotos] El Papa en afiches de Buenos Aires

A menos de dos semanas de ser proclamado, el Papa Francisco goza de buena salud en las calles, paredes, y donde se pueda poner un cartel, en Buenos Aires. Sectores políticamente opuestos reivindican su figura.

A menos de dos semanas de ser proclamado, el Papa Francisco goza de buena salud en las calles, paredes, y donde se pueda poner un cartel, en Buenos Aires. Sectores políticamente opuestos reivindican su figura.

Un recorrido por las callecitas de los tangos, permite apreciar a un Papa peronista, cercano a la Presidenta Cristina Fernández de
Kirchner, inmortalizado en la escena en que la mandataria le regala un mate al primer pontífice argentino y latinoamericano.

Más allá se ve al Papa macrista, en un cartel amarillento, color del PRO, movimiento opositor que lidera el jefe de la ciudad de Buenos
Aires, el derechista Mauricio Macri. 

Y en un país donde el movimiento sindical es una fuerza política más, no podía faltar un Papa sindicalista, de la mano de la Utrica, que
aglutina a los trabajadores de la poderosa industria del calzado.

Es que pasan los días y todos quieren al Papa de su lado. Si algunos titubearon al principio cuando escucharon en la Basílica de San Pedro el apellido Bergoglio, porque lo asociaron con algunos hechos de la dictadura de Rafael Videla, hoy ya no discuten del tema.

Pero quienes sí mantienen sus reparos, legítimos, probablemente lo expresarán este domingo, 24 de marzo, fecha en que se conmemora el golpe de 1976. Es el equivalente al 11 de septiembre chileno.

Organizaciones convocan marchas. Ahí se verá si existe el Papa de los DDHH.

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A propósito de Tú También Eres Extraña, el más reciente libro de María José Viera Gallo, nuestro columnista revisa y recuerda un mundo que él también vivió: el de los niños chilenos en el exilio. Y aprovecha de hablar del rol clave de los retornados en la cultura y la política nacional, una fuerza sin la cual la Concertación, el gobierno de Lagos y el de Bachelet habrían sido imposibles. Gente que se hizo de nuevo afuera y suele pasar por alto esa experiencia…, ya que los hace sospechosos a los ojos del resto de los chilenos, que suelen tildarlos de cursis porque se fueron pobres y llegaron de vuelta con una gringa bajo el brazo y un posgrado que antes no tenían y porque en Europa aprendieron a tomar buenos vinos y a entender que hay más pastas que los meros tallarines.

Rafael Gumucio