El primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, afrontó este lunes uno de los momentos más delicados de su mandato, con su continuidad pendiendo de un hilo apenas un año y medio después de llegar al poder a raíz del caso del fallecido delincuente sexual Jeffrey Epstein. El líder laborista intentó convencer a los legisladores de su partido de que no forzaran su salida, tras dos renuncias claves en el Gobierno.
La situación se disparó el domingo tras la dimisión de su jefe de gabinete, Morgan McSweeny, y la rápida pérdida de apoyo dentro del Partido Laborista, a raíz de las revelaciones sobre la relación entre Peter Mandelson, el ex embajador británico en Washington nombrado por Starmer, y Epstein. El ahora ex jefe de gabinete había sido el principal promotor del nombramiento de Mandelson.
A ello se sumó la renuncia este lunes, menos de 24 horas después de la de McSweeny, del director de comunicaciones del primer ministro, Tim Allan, quien afirmó que dejaba el cargo para “permitir la construcción de un nuevo equipo”.
La tormenta política se originó en la decisión de Starmer, en 2024, de designar a Mandelson para el cargo diplomático más relevante del Reino Unido pese a conocer sus vínculos con Epstein. El primer ministro destituyó a Mandelson en septiembre, tras la publicación de correos electrónicos que demostraban que mantuvo su amistad con Epstein incluso después de la condena del financiero en 2008 por delitos sexuales contra una menor.
Críticos sostenían que Starmer no debió nombrar a una figura tan controvertida, marcada durante décadas por escándalos financieros y éticos.
Las disculpas y las críticas en Reino Unido relacionadas a Epstein
La reciente divulgación en Estados Unidos de nuevos archivos relacionados con Epstein aportó más detalles sobre la relación de Mandelson con Epstein y aumentó la presión sobre Downing Street. Starmer se disculpó la semana pasada por “haber creído las mentiras de Mandelson” y prometió publicar la documentación vinculada a su nombramiento.
La policía investiga ahora al ex embajador por un posible delito de mala conducta en el ejercicio de funciones públicas, aunque no ha sido arrestado ni acusado, y no enfrenta denuncias por delitos sexuales.
McSweeney, el jefe de gabinete dimisionario, asumió la responsabilidad de la designación: “Aconsejé al primer ministro que hiciera ese nombramiento y asumo toda la responsabilidad por ese consejo.” Figura clave desde que Starmer lidera el partido, su salida divide opiniones: algunos creen que dará tiempo al primer ministro; otros ven a Starmer más débil y aislado.
Desde la oposición, la líder conservadora Kemi Badenoch fue tajante al señalar que Starmer “ha tomado una mala decisión tras otra” y que su posición es “insostenible”. Elegido con la promesa de poner fin al caos político que azotó a los conservadores en el poder, el primer ministro parece tambalear más que nunca en su cargo y objetivo.