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Esas pequeñas humillaciones del ministro Varela

“Les incomoda el cuerpo de una mujer semidesnuda que se está manifestando, el cuerpo libre que no busca ser sexualizado, que no encaja con los cánones del porno”.

El ministro Varela no ha estado a la altura de las demandas de las estudiantes, activistas feministas y de la comunidad en general. Se sigue hablando de “pequeñas humillaciones”, de hechos aislados, de incidentes particulares. Intentan hacernos creer que estamos movilizadas sólo por la violencia recibida en un espacio privado y reducido, ignorando que las prácticas que nos han sometido durante siglos provienen precisamente de la estructura en la cual se sustenta esta sociedad y que luego es replicada al interior de las colectividades.

No existen las “pequeñas humillaciones” cuando estamos soltando años de violencias recibidas desde los colegios, casas, instituciones. Hay un sistema que está funcionando mal, que está entregando garantías solo a los agresores y que revictimiza una y otra vez a las mujeres que se atreven a denunciar y las expone nuevamente al escarnio público. No hay protocolos reales, no hay reparación, no hay justicia. Los académicos involucrados en caso de acoso y abuso se cambian de universidad o son sumariados por años mientras reciben el pago por licencias médicas psiquiátricas. Cuando pasa el revuelo aparecen en otra casa de estudios de forma impune. Los estudiantes que han violado permanecen en un limbo, donde la educación mercantilista los toma como clientes contra los cuales nada pueden hacer más allá de sugerirles tomar ciertos ramos para no toparse con sus víctimas.

Académicos, políticos, apoderados, ex parejas, amigos, todos ellos han entrado al cuestionamiento y vendrán más. Porque ya no nos estamos callando. Los espacios separatistas no se están dando porque sí. Hay una necesidad de re-encontrarnos como mujeres, de confluir entre distintas corrientes en un punto en común: estamos luchando por las que ya no están, por las que perdieron la voz, por nosotras mismas y las veces que guardamos silencio. Como dicen muchos carteles de la marcha, “nos quitaron tanto, que nos quitaron el miedo”.

Que les moleste más ver a una mujer semidesnuda manifestándose es replicar nuevamente la cultura de la violación. Les incomoda el cuerpo que se está manifestando, el cuerpo libre que no busca ser sexualizado, que no encaja con los cánones del porno, ni del sexismo de la televisión o la publicidad. Cientos de hombres se lanzaron a criticar la forma y tamaño de los senos de las manifestantes, entre ellos el ex candidato a la presidencia Tomás Jocelyn Holt, que recordemos fue el menos votado de la historia. ¿Con qué fin? replicando nuevamente el morbo, mismo modo en el cual justifican las “pequeñas humillaciones” que cometen día a día.

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