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El abandono de La Pintana

“Quiero decir que me parece bien que destape la olla, se saque la basura que se ha guardado por años bajo la alfombra, que por eso mismo…”.

Señor director:

Vivo hace 23 años en El Castillo, en la comuna de La Pintana, lugar que probablemente todo este país, conoce al menos de nombre y por la sombra oscura que lleva encima, porque vivir aquí en sinónimo de abandono, precariedad y vulnerabilidad. Yo lo he vivido desde que nací, pero tengo la suerte de poder contarlo. Hay otros cuantos niños, jóvenes, adultos que no pudieron escribir esta carta porque la delincuencia o a droga les quitó la vida.

Hoy somos cerca de 33.000 personas las que estamos aquí, prácticamente en el patio de atrás de la comuna, en realidad no solo de la comuna, sino que también de la Región Metropolitana.

A quienes nos destinaron a vivir aquí, porque nuestras viviendas se construyeron aquí para arrancar la pobreza de otros lugares, simplemente, nos relegaron a un lugar sin oportunidades, a un lugar en que se nos destinó a ser siempre pobres. Es como que nos fueron a botar como lo hacen siempre con la basura aquí en La Pintana, se bota a diestra y siniestra sin ningún escrúpulo.

Ante este abandono hemos pedido dignidad, desgraciadamente sin ser escuchados, porque el Estado se ha hecho el sordo por años. Este abandono ha permitido que lo que hoy se llama la Narcocultura se haya instalado desde la raíz en este vecindario, que tengamos que vivir en medio del fuego y la venta de drogas. Y tienes dos opciones, o te sumas (que es bastante más atractivo) o das una batalla monumental para que no te absorba.

Es impresionante, como ya nos acostumbramos a que no hay  soluciones concretas a nuestros problemas. El Castillo ha servido por años para levantar programas de televisión que solo aumentan el morbo y nos muestran como una sarta de delincuentes, en donde entramos todos en una sola “bolsa de gatos”.

Al menos yo y mi familia, optamos por el segundo camino, el más largo y complejo, pero al final satisfactorio, eso hace que hoy sea una estudiante de quinto año de Derecho de la Universidad de Los Andes y si escribo esta carta es precisamente porque la Universidad me lo ha pedido y pude haber hablado de cualquiera de otros temas de la contingencia. No obstante, no podía hacer vista gorda a esta situación que me afecta a diario.

Cuando le hablo del abandono y el destino a ser pobres, es que sólo como ejemplo debo decir que llevo 5 años saliendo a las 5.50 de mi casa, junto  muchos otros vecinos que eligieron el mismo camino de mi familia y yo, para poder llegar a la universidad, en mi caso a las 08.30 hrs. Y cada uno a sus trabajos. Calcule usted, cuánto tiempo invertimos en salir a hacer una tarea común y diaria.

Hay algunos que dicen que La Pintana, y particularmente El Castillo, es estigmatizado cada vez que es presentado con sus condiciones en uno y otro reportaje, en uno y otro matinal, para develar las condiciones en las que vivimos.

Quiero decir que me parece bien que destape la olla, se saque la basura que se ha guardado por años bajo la alfombra, que por eso mismo, agradezco la gestión de la autoridad comunal actual que ha logrado instalar este tema como tema país, porque nos damos cuenta que no es solo El Castillo, no es solo La Pintana.

La última esperanza real que nos queda, es que el Estado se haga cargo, debemos vencer la desesperanza, pero para eso se necesita obras reales y de confianza que esperamos lleguen pronto, o tendré que seguir viendo como mueren mis vecinos en medio de estas sombras.

Gabriela Mistral, decía “El futuro de los niños siempre es hoy, mañana puede ser tarde”…. En El Castillo ya se hizo tarde.

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