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La agonía del pensamiento crítico

La escuela dejó de ser crítica cuando las aulas se repletaron de educandos sin tener la capacidad de atender a todos los alumnos y lo único que importa a los líderes de las comunidades educativas son las subvenciones.

Sin duda, dejar el ramo de Historia como electivo es una aberración con un claro sentido ideológico. Sin embargo, no es un atentado al pensamiento crítico, sino un golpe directo a la resistencia.

Hoy, la escuela no es un espacio que incentive la crítica, es más bien un lugar de reproducción y, nosotros, los docentes, que nos negamos a concebir la escuela como un lugar de adiestramiento somos la resistencia.

Somos los que entendemos la educación como una instancia de reflexión que concibe al ser humano en todo su esplendor respetuoso de las diversidades y los derechos humanos, pero la escuela dejó de ser crítica cuando aquello pasó a un segundo lugar.

La escuela dejó de ser crítica cuando la estandarización trazó las líneas del trabajo pedagógico en un intento directo de automatizar y tecnificar el trabajo docente.

La escuela dejó de ser crítica cuando saturó a las y los docentes con un agobio laboral, puesto que docentes que no tienen tiempo para pensar, menos tendrán las ganas de hacer pensar a sus estudiantes.

La escuela dejó de ser crítica cuando las aulas se repletaron de educandos sin tener la capacidad de atender a todos los alumnos y lo único que importa a los líderes de las comunidades educativas son las subvenciones.

La escuela dejó de ser crítica cuando cada vez más se instauró la inestabilidad laboral docente en los sectores públicos, privados y subvencionados, debido a que se ha pretendido generar el miedo para que las y los colegas guarden silencio. ¿Se puede enseñar a exigir derechos, si los mismos educadores tienen miedo a expresar su opinión?

Hoy, sacar Historia es un ataque directo a la resistencia, a esa misma resistencia que expulsa, margina, calla y reprime a los docentes valientes que contra todo pronóstico siguen levantando la voz ante la injusticia, ya que como diría Paulo Freire “Nuestra presencia en el mundo, que implica elección y decisión, no es una presencia neutra”.

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