2020: el año del duelo

Si hay alguna palabra que podría resumir este año 2020, es precisamente aquella: duelo. Siendo esta una expresión que tiene múltiples significados, que puestos en un contexto de grave crisis política, económica y sanitaria, adquiere uno especial.

Por Francisco Orrego Consultor y director de empresas. › Actualizado: 15:24 hrs
Foto Agencia Uno.
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Leyendo un medio especializado en temas constitucionales, descubro que este año se cumplieron 146 años desde la promulgación del artículo que contempla el “duelo” como delito en nuestro Código Penal. Aunque el duelo haya caído en desuso como manera de resolver cuestiones de honor o venganza, me sorprendió que este delito aún se encuentra vigente en nuestro país. Fue imposible evitar que el concepto de duelo me quedara resonando en la mente, más aún sabiendo que uno de los últimos duelos conocidos, ocurrido en 1952, habría sido entre Salvador Allende y Raúl Rettig.

Si hay alguna palabra que podría resumir este año 2020, es precisamente aquella: “duelo”. Siendo esta una expresión que tiene múltiples significados, que puestos en un contexto de grave crisis política, económica y sanitaria, adquieren un especial significado. Ha sido, por un lado, un año de dolor, pena y sentimientos por las pérdidas humanas, pérdidas de negocios, de empleos y de todo tipo de desgracias personales. Y, por otro lado, este año se ha convertido también en campo fértil para toda clase de enfrentamientos en el mundo político. En ambos casos, estos duelos nos causan desesperanza, desilusión, incertidumbre y temor.

Me detengo, en primer lugar, en el duelo como fenómeno emocional o afectivo que sigue a cualquier pérdida personal o laboral. De acuerdo a cifras entregadas por el Ministerio de Salud, más de 16.000 personas han fallecido en Chile durante el año 2020, por causas asociadas al COVID-19. Para quienes hemos sufrido la pérdida de un familiar o amigo cercano, sabemos y empatizamos con el dolor de aquellas personas que han debido despedir a un ser querido. Muchos de estos pacientes han terminado falleciendo en soledad, lejos de su familia. Son más de 16.000 familias que viven el luto o duelo por la partida inesperada de un abuelo, padre, hermano, hijo o amigo. “Nadie me dijo jamás que el duelo se siente como el miedo”, nos recuerda C.S. Lewis.

Por otra parte, desde el 18-0 -y pandemia de por medio- han quebrado cerca de 1.700 empresas, sin incluir aquellas decenas de miles de Pymes que han debido cerrar, lo que afecta a cientos de miles de empleos. La gran mayoría de estos negocios son familiares y su cierre genera estragos con efectos multiplicadores en la economía. Del mismo modo, la cifra de personas desempleadas alcanza levemente más de un millón de trabajadores en todo el país, y detrás de cada uno de ellos, hay una familia que vive el duelo de un padre, madre o sostenedor que quedó cesante.

Me enfoco, en segundo lugar, en el duelo en su acepción de combate entre bandos (del latín duellum o bellun, guerra), pues el año 2020 ha sido un año de enfrentamientos en el plano político, entre los poderes Ejecutivo y Legislativo. Como consecuencia del “parlamentarismo de facto”, que reina en el país y el abierto obstruccionismo de la oposición, negándole “la sal y el agua” al Gobierno, importantes iniciativas legislativas se encuentren paralizadas en el Congreso, mientras que sólo avanzan aquellas que son fruto del populismo e irresponsabilidad de amplios sectores de oposición, en ocasiones con la complicidad de algunos sectores oficialistas. “Con malas leyes y buenos funcionarios todavía es posible gobernar. Pero con los malos funcionarios, incluso las mejores leyes no pueden ayudar”, nos advierte Otto Von Bismarck.

Aunque este duelo entre ambos poderes colegisladores ha sido resuelto recientemente por el Tribunal Constitucional, al dictar un fallo que reprocha la invasión de los parlamentarios en las atribuciones exclusivas del Ejecutivo, así como la utilización de resquicios constitucionales para impulsar iniciativas abiertamente contrarias al texto fundamental, en la práctica se observa una suerte de “desacato” político por parte de los legisladores, de difícil o reservado pronóstico. “He llegado a la conclusión de que la política es un asunto demasiado serio como para dejarlo a los políticos”, apela Charles de Gaulle.

El complejo e intenso año electoral que nos depara el 2021, hará inevitable que estos duelos legislativos se intensifiquen y nos acompañen -desgraciadamente- por un buen tiempo. En este caso, el duelo puede ser indefinido. 

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