Desde que estudiaba derecho en la Universidad Católica, Claudio Alvarado (41 años) quiso combinar la política con la academia. Como miembro del centro de alumnos de su facultad, y luego como dirigente de la FEUC, coqueteó con el gremialismo. En la política universitaria sus contendores en la izquierda llegarían a ocupar puestos relevantes en el gobierno de Gabriel Boric. En la escuela de derecho le tocaba enfrentarse a Ricardo Montero, quien más tarde sería miembro de la convención constitucional y subsecretario de Defensa. Cuando llegó a la federación de estudiantes, sus disputas eran con otro dirigente de renombre: Miguel Crispi, quien se convertiría en unos de los diputados más influyentes del Frente Amplio y luego en jefe del segundo piso en La Moneda.
Desde 2013, Alvarado optó por defender sus posturas —y disparar contra la izquierda— desde el mundo de las ideas. Ese año se unió al Instituto de Estudios de la Sociedad (IES), centro de estudios ideológicamente cercano a la derecha, que dirige desde 2018.
En un caserón de estilo clásico ubicado en el barrio Alcántara, Alvarado es la cabeza de un equipo que integran nombres que habitualmente alimentan la discusión política nacional como Josefina Araos, Daniel Mansuy y Pablo Ortúzar. El mismo Alvarado da sus opiniones en las radios Duna y T13, y escribe en La Segunda y La Tercera.
Además de analizar la actualidad, el director ejecutivo del IES se ha dedicado al estudio de la Constitución y de los debates en torno a esta. “Uno de los efectos del estrepitoso fracaso del segundo proceso constitucional, es que cerró la discusión. Sin embargo, no sabemos por cuánto tiempo, ya que hay sectores que están ansiosos por revivirla”.
Argumenta que en ese momento se dio una “gran paradoja”: el gobierno de Boric, al oponerse a lo que proponían los republicanos, terminó defendiendo la constitución vigente. “Todos los sectores políticos lo han hecho en algún minuto, aunque por muy distintos motivos”.
—Luego de la aprobación de la megarreforma, ¿cómo queda la oposición?
“Derrotada, por lo menos en el corto plazo. Salvo el cambio del régimen de invariabilidad tributaria impulsado por senadores del PPD, la oposición no logró nada. No fue capaz de presentar ninguna alternativa ni influir legislativamente. En el tema de las rebajas de contribuciones, por ejemplo, una vez más se recurrió a la narrativa de ricos versus pobres, lo que tampoco tuvo efectos. Especialmente la centroizquierda perdió la oportunidad de haber dicho: Nos no gusta la megarreforma, pero entendemos que el gobierno es mayoría y vamos a intentar arreglarla. La manera en que se desarrollaron las negociaciones abre muchas interrogantes sobre cómo la izquierda enfrentará los futuros proyectos de ley del Ejecutivo”.
—En términos más generales, ¿cómo evalúa la forma en que la izquierda y la centro izquierda han hecho oposición?
“Yo veo que todavía no logran hallarse en este Chile post Boric y post procesos constituyentes. Están muy desorientados, y no entienden qué está pasando. Esto es comprensible porque hace pocos años atrás, al inicio del gobierno de Boric, la izquierda creía que estaba ad portas de alcanzar el poder total, convencida de que sus ideas tenían respaldo popular. Sin embargo, desde 2022 ha recibido puros mazazos. Esto ha hecho que la oposición tenga actitudes que solo la perjudican a ella misma. Por un lado, deslegitima a sus adversarios políticos afirmando que son la extrema derecha y, por otra, se opone al diálogo”.
—¿Por qué sucede eso?
“La izquierda no ha tenido la valentía de mirarse al espejo. Sin ese esfuerzo es muy difícil que vuelva al poder. No le habla al Chile actual, ni es capaz todavía de descifrar por qué ha tenido una derrota tras otra. Esto demuestra que la oposición se ha puesto un antifaz que le impide ver la realidad”.
—¿Le afecta al gobierno las acusaciones de ser de ultraderecha?
“Los hechos han demostrado que ese argumento es ineficaz electoralmente: Camila Vallejo incluso la ocupó contra el gobierno de Sebastián Piñera, sin mayor efecto. También en la última campaña presidencial dijeron que José Antonio Kast representaba a la ultraderecha y tampoco resultó. A esto se suma la falta de liderazgos, aunque no desde el punto de vista electoral, porque sí tienen figuras que logran altas votaciones. El problema es que nadie tiene una postura distinta a las que han dominado en ese sector en los últimos años, ni propone una ruta alternativa. Solo algunas voces aisladas, como las del exministro Luis Cordero y el exembajador Juan Gabriel Valdés se han desmarcado de ese tipo de ataques”.
—¿Cuál es el peligro de centrarse en esa crítica?
“Es grave porque la izquierda le niega la legitimidad a su adversario político, demostrando lo mucho que les cuesta asumir que la derecha puede ser mayoría. Si se insiste en que se enfrentan a la ultra, se anula toda posibilidad de diálogo, porque a la extrema derecha, desde su perspectiva, se la combate, no se llega a acuerdos con ella. Además, esta etiqueta es injusta e irreal porque, si bien uno puede tener muchas críticas al gobierno, este no ha adoptado ninguna medida que ponga en riesgo la institucionalidad o la democracia”.
—¿El revuelo que provocó la entrevista de Camila Vallejo es sintomático de algo?
“Como no hay grandes liderazgos, ella llena un vacío. Camila Vallejo también es una de las que habla de ultraderecha, reflejando así el ánimo actual de la izquierda. Esa postura no tiene un contrapeso relevante. Es muy revelador que justo cuando ella da esa entrevista, Carolina Tohá publica una columna de opinión diciendo lo mismo”.
—¿Vallejo podría levantar una candidatura presidencial competitiva o todavía pesa ser comunista?
“Sin duda ella es una apuesta de futuro del PC, por lo que es perfectamente posible que en algún minuto intente llegar a La Moneda. No olvidemos que, si bien como candidata presidencial de todo el oficialismo Jeannette Jara sacó pocos votos, para ser una militante comunista logró un gran apoyo. Sin embargo, el Partido Comunista, más que querer lograr la mayoría en el corto plazo, busca hablarle a un nicho. Quiere ser la mayoría de la minoría”.
—El presidente Gabriel Boric también reaparece públicamente cada cierto tiempo.
“Boric muestra el mismo tipo de ambigüedades que tenía como presidente. Durante su mandato nunca fue ni puramente revolucionario, ni totalmente institucional. Hubo momentos en los que demostró su compromiso republicano como en el funeral de Estado de Sebastián Piñera; pero hubo otros en los que degradó la institución presidencial. Por ejemplo, cuando se produjo esa feroz intervención electoral en el plebiscito constitucional del 4 de septiembre de 2022. Él continuará navegando entre esas dos aguas: a veces lo veremos con un comportamiento a la altura de las circunstancias, como cuando asistió a la celebración de los 200 años de la institución del Presidente de la República en La Moneda. Sin embargo, días después, retuiteó insultos contra José Antonio Kast, en una actitud completamente inédita en nuestra historia reciente”.
—El alcalde Tomás Vodanovic logró el liderazgo de los alcaldes de oposición en el debate sobre la exención de las contribuciones. ¿Eso le ayudará a posicionarse como presidenciable?
“Tanto él como el alcalde de Ñuñoa Sebastián Sichel han aprovechado bien esa coyuntura para fortalecer sus liderazgos internos. No es secreto que Vodanovic es quien tiene más posibilidades de disputarle el liderazgo presidencial a Boric en el Frente Amplio. Últimamente, el alcalde de Maipú ha estado más dispuesto a meterse en debates de alcance nacional, pero, hasta ahora, su única diferencia con el FA, y con la izquierda en general, es de tono. No ha mostrado una opinión ni un diagnóstico propios, salvo frente a la participación de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad interior. Su liderazgo es más calmo y más correcto en las formas que del promedio de los dirigentes frenteamplistas, pero él también votó Apruebo y por Jeannette Jara. La interrogante es si eso es suficiente para superar la dificultad que tiene la oposición para hablarle al Chile del voto obligatorio y persuadir a las grandes mayorías. Yo creo que no basta. Si la izquierda quiere sacar el 50% más uno de los votos, tiene que hacerse las preguntas incómodas que hasta ahora ha escabullido”.
—Pero esto tampoco asegura que la derecha se mantenga en el poder después del gobierno de Kast.
“En absoluto. La centroizquierda y la izquierda están desorientadas, pero tienen varios posibles candidatos potencialmente fuertes, Parisi también competirá. Ante este escenario, el oficialismo debería actuar con mayor responsabilidad y no estar constantemente haciendo noticia por sus conflictos internos, como sucede ahora. Si es verdad eso que dijeron de que Chile estuvo al borde del abismo, ahora deberían actuar con seriedad y unidad”.
—¿Y por qué no lo hacen?
“Por varios factores: uno es que el oficialismo es más amplio de lo que históricamente estaba habituada la derecha. Si con tres partidos Chile Vamos tenía dificultades para coordinarse, esto es aún más complejo en un gobierno que tiene desde un ministro del Partido Radical hasta varios republicanos. Por otra parte, el no haber querido formar una coalición dificulta la unidad, así como haber diseñado un gobierno sin una presencia fuerte de los partidos. Militantes hay, pero no son políticos de peso. Este sesgo tan receloso de los partidos ha dificultado la conducción política”.
—¿Fueron demasiado optimistas al asumir el poder?
“Efectivamente, luego del fracaso de la administración de Boric se instaló una excesiva confianza. El gobierno tiene escasa fuerza política, con pocos ministros que se desplieguen y pongan temas en la agenda. Uno es Jorge Quiroz, lo que ha hecho que la acción del gobierno esté muy centrada en lo económico. De hecho, el único logro que puede mostrar La Moneda es la aprobación de la megarreforma. Si bien ministros como Martín Arrau e Iván Poduje están bien evaluados y son conocidos por la opinión pública, no logran destacar por cosas positivas”.
—¿El alza en el precio de las bencinas fue lo que marcó el punto de inflexión?
“Desde el bencinazo el gobierno ha perdido respaldo popular y, lo que es más grave, la ola de optimismo y esperanza que acompañó la elección de Kast se transformó en pesimismo. Gobernar Chile es muy complejo y requiere una habilidad política que no se ha visto”.
El fantasma del estallido social
Claudio Alvarado vislumbra que la próxima elección presidencial, que se realizará en 2029, a diez años del 18 de octubre, el estallido social y sus consecuencias todavía serán temas determinantes. “A los candidatos se les interrogará sobre cómo actuaron en esa crisis. Se discutirá, por ejemplo, cómo se trató al presidente Piñera, así como por qué algunos validaron la violencia”.
—¿Esto perjudicará principalmente a la izquierda?
“Ese décimo aniversario será una coincidencia fatal para ella. El estallido social envejeció muy mal y no creo que esa evaluación cambié, por lo que la izquierda deberá hacer una introspección profunda y actuar en consecuencia. Además, tanto a la oposición como a la derecha les debería preocupar cómo se moverá Franco Parisi. Porque si bien él tiene los problemas propios de un liderazgo demagógico, nadie le podrá decir que estuvo con la violencia o que apoyó a la convención constitucional”.
—Desde el Partido de la Gente dicen que ellos son el principal partido opositor.
“Nunca habíamos visto a una oposición tan variopinta: los libertarios son críticos desde la derecha, mientras que el PDG está en un lugar más difuso, no son gobierno, pero llegan a acuerdos. Lo que está claro es que, en el corto y mediano plazo, la izquierda y la centro izquierda estarán unidas por razones electorales. Si bien se cumplió el deseo de unidad que tanto quería el presidente Boric, ese mundo, hoy dominado por los partidos más de izquierda, es más pequeño electoralmente que cuando el sector predominante era el centro. Actualmente, en la Cámara de Diputados el PDG ocupa el lugar que históricamente tenía la izquierda pragmática, es decir, marcar diferencias en algunos temas, pero negociar en otros. Esto se vio claramente en la tramitación de la megarreforma, ya que fue un actor relevante en la Cámara de Diputados. Con esta errada estrategia, se le está dejando libre el camino a Parisi. Además, el PDG cuenta con esta alianza singular entre él y Pamela Jiles, quienes incluso están orgullosos de su demagogia. Si las elecciones fueran el próximo año, nadie discutiría que seguramente el líder del PDG pasaría a la segunda vuelta”.