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Crisis en Educación Parvularia: el fantasma de la deserción

Si bien Chile ha realizado grandes esfuerzos por ampliar la cobertura, desarrollar una nueva institucionalidad y mejorar la calidad de este nivel educativo, las cifras demuestran que tales esfuerzos no son suficientes. La valoración de este nivel educativo debe ser un reconocimiento transversal a toda la sociedad.

Los datos entregados el lunes 19 de abril por el Ministerio de Educación respecto a la asistencia de los niños y niñas a prekínder y kínder, plantean dos elementos urgentes de ser considerados. Las cifras sobre la deserción en prekínder y kínder son a lo menos alarmantes, correspondiendo a un 25% y a un 48% de niños y niñas que dejaron de asistir, respectivamente, siendo el nivel más alto de deserción de los últimos 10 años. Respecto a esto, son innumerables los estudios que respaldan la importancia de la asistencia a este nivel educativo, sobre todo para quienes están en contextos de mayor complejidad social, donde las escuelas otorgan una oportunidad efectiva para la reducción de las brechas.

En segundo lugar, se refieren a la disminución en la matrícula, donde prekínder descendió un 15% y en kínder un 8%, lo que pronostica un complejo panorama para los niños y niñas del país, considerando que en la actualidad sabemos que el ausentismo al jardín infantil afecta a su desarrollo integral y rendimiento académico en los años posteriores, viéndose disminuidas habilidades que les permitirán enfrentar con éito su paso por la escuela y la vida adulta en general.

Si bien Chile ha realizado grandes esfuerzos por ampliar la cobertura, desarrollar una nueva institucionalidad y mejorar la calidad de este nivel educativo, las cifras anteriores demuestran que tales esfuerzos no son suficientes. La valoración de este nivel educativo debe ser un reconocimiento transversal a toda la sociedad, en donde los impactos presentes y futuros de asistir a este nivel educativo, sean un conocimiento generalizado.

En la misma línea deben estar las políticas educativas, especialmente tras los aprendizajes que se extraen de la pandemia, en sintonía con hacer efectivo el derecho a la educación parvularia de calidad. Las grandes brechas socioculturales que existen en Latinoamérica sólo se han incrementado a partir de la pandemia, y Chile no es la excepción. Escuelas y jardines infantiles han modificado su modalidad de enseñanza, y habría que identificar si esta puede ser una de las causas por las que se explicarían estos porcentajes de deserción y baja en las matrículas de prekínder y kínder. Abrir las escuelas y dejar un horario exclusivo de salida en pandemia para la niñez, daría luces a la sociedad que los niños y niñas chilenos son claves, muy claves, para el presente y futuro del país.

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