No es el fondo, es la forma

Vivimos tiempos de incertidumbre en que como nación debemos optar por diferentes hojas de ruta para el país. Para quienes defendemos este modelo, es momento de cambiar el trato, es hora de no pedirle a la gente que se levante más temprano. Es el minuto de cambiar la forma, no el fondo.

Por Natan Melnick Ingeniero comercial y académico de la USS › Actualizado: 02:20 hrs
"Chile es un gran país (con muchísimo que mejorar), pero su evaluación debe hacerse siempre en términos relativos con los comparables correctos". AGENCIA UNO/ARCHIVO
"Chile es un gran país (con muchísimo que mejorar), pero su evaluación debe hacerse siempre en términos relativos con los comparables correctos". AGENCIA UNO/ARCHIVO
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“El modelo disminuyó la pobreza de 40% a 8% en 30 años”. “La inflación se contuvo en cifras cercanas al 3%”. “El PIB creció más que nunca en la historia de Chile”. “La cobertura en educación superior superó el millón de estudiantes por año”. “El agua potable urbana llegó al 99% de la población”. “La recaudación tributaria pasó de 13% del PIB a 21% en 30 años”. “La desigualdad medida por el índice de Gini cayó de 0,54 a 0,45 en el mismo periodo”. “El salario mínimo en Chile es el mayor de Sudamérica”.

Todas estas frases ya no tienen efecto, así de simple. Es una realidad que en Chile hace rato las cifras “no prenden”, como si lo hacen las frases célebres, eslóganes o historias particulares. Es por eso que, me parece, es hora de entrar en ese debate y convertir todas las frases mencionadas anteriormente en historias de éxito, datos concretos (micro en vez de macro), y proposiciones inspiradoras.

Siempre se dice que los candidatos liberales (o más cercanos al libre mercado) son aquellos que defienden las demandas y exigencias de la élite, lo que inevitablemente implicaría que descuiden su rol social o preocupación por la población vulnerable. Nada puede ser más incorrecto o distante de aquel postulado. Cuando, por ejemplo, el ex candidato Jadue propone cerrar una pyme que no logra pagar sueldos dignos, la pregunta inmediata que debemos hacernos es la siguiente: incluso olvidando al dueño de la pyme por un momento, ¿los trabajadores de esta empresa preferirán ganar un sueldo bajo o ganar cero (como consecuencia del cierre)? Pareciera una respuesta simple, sin embargo, da la impresión de que el partido comunista y sus asesores no se dan cuenta.

Volviendo al tema de la forma, la propuesta de esta columna es buscar una dialéctica más cautivadora, cosa de “empezar a jugar en los estadios que hoy reciben más público”. Por qué no, por ejemplo, en vez de mencionar que la pobreza cayó en x%, decimos que Jaime pasó de vender sopaipillas en la calle a tener su propio restaurante. Por qué no, en vez de mencionar el millón de personas en educación superior, contamos que los hijos de Cristina son los primeros profesionales de su familia gracias al CAE. Por qué no, decimos que Roberto vino de Ecuador a Chile porque el salario mínimo es más alto acá. Por qué no, decimos que Marta (que no cotiza en las AFP) y guardó sus pocos ahorros bajo el colchón por muchos años, no perdió tanto poder adquisitivo de ese dinero gracias a una inflación controlada. Por qué no, decimos que Javier cumplió el sueño de su casa propia ya que pudo acceder a un crédito hipotecario con plazo de 30 años. Por qué no, contamos que Teresa se demora la mitad del tiempo en ir a Talca a ver a sus nietos, gracias al avance en las carreteras por medio de concesiones. Por qué no, decimos que Héctor puede exportar sus naranjas a Estados Unidos en forma competitiva, gracias a los tratados de libre comercio.

Los más desfavorecidos tienen historias terribles y es a ellos a quienes hay que ayudar como primera prioridad nacional. La focalización -bien hecha- es una virtud, no un defecto. Es y será siempre preferible ir en ayuda de los más vulnerables, considerando como axioma que los recursos nunca dejarán de ser escasos. Dicho lo anterior, es importante señalar que por cada caso desfavorable, existen centenares de casos exitosos, que al parecer permanecen en el olvido.

Ser liberal no es defender a los poderosos, sino a los más pobres y a la clase media. Hoy Chile gasta más de lo que recauda, de modo tal que cualquier programa de gobierno será imposible de financiar sin crecimiento económico. Algunos dirán que basta con subir los impuestos, pero la verdad es que el solo hecho de aumentar las tasas, no asegura siempre mayor recaudación (Curva de Laffer).

Los números son aburridos, las historias interesantes. El centro liberal no ha comunicado bien y es por eso que incluso varios políticos de la ex Concertación hoy se avergüenzan de su legado. Chile es un gran país (con muchísimo que mejorar), pero su evaluación debe hacerse siempre en términos relativos con los comparables correctos. No tiene sentido compararse con Finlandia o Dinamarca (aún), ya que primero debemos llegar a los niveles de productividad, desarrollo, cultura y educación de dichos países.

Vivimos tiempos de incertidumbre en que como nación debemos optar por diferentes hojas de ruta para el país. Para quienes defendemos este modelo, es momento de cambiar el trato, es hora de no pedirle a la gente que se levante más temprano, o que comience a comprar flores porque están más baratas. Es el minuto de cambiar la forma, no el fondo. 

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