Una transición sin líderes

Queda una esperanza: que este nuevo presidente sea sólo para firmar algún decreto, que sea casi interino o de transición esperando el gran acuerdo que es la Constitución, una ley que supere en tiempo y en espacio decisiones cotidianas menores que terminan siendo voluntaristas. Estamos en transición y seguiremos en transición, ya que no tenemos líderes que la puedan guiar.

Por Guillermo Bilancio Consultor en Alta Dirección
Este acto electoral tiene la relevancia de elegir a quien va a recibir un país con un nuevo manifiesto, una nueva Constitución surgida de un proceso democrático. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Este acto electoral tiene la relevancia de elegir a quien va a recibir un país con un nuevo manifiesto, una nueva Constitución surgida de un proceso democrático. AGENCIA UNO/ARCHIVO
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Tal vez, las elecciones más relevantes de las últimas décadas en Chile estén subvaloradas en función de los posibles e impensables futuros presidentes. La Moneda, exige otro nivel…

Claramente, este acto electoral tiene la relevancia de elegir a quien va a recibir un país con un nuevo manifiesto, una nueva Constitución surgida de un proceso democrático intachable y con la voluntad (¿popular?) que la legitima.

Cuando debiésemos estar pensando en un estadista, en realidad estamos eligiendo suplentes, o tal vez una mala copia de quienes debiesen ocupar el cargo cuya responsabilidad no es ni conservar ni romper, sino promover la evolución para alcanzar la transformación tan necesaria para el desarrollo país.

Obvio que Kast no tiene la aptitud visionaria para hacerse cargo de este momento, pero el temor hace recurrir al viejo y obsoleto discurso conservador popular que el mismo Kast desempolvó del arcón de los recuerdos (no buenos recuerdos) y lo puso a discutir con todo lo que está asociado a los nuevos tiempos. Nuevos tiempos con viejas herramientas no parecen llevarse bien, pero es lo que una sociedad temerosa prefiere.

Obvio que Boric no representa al progreso. Porque el progreso exige la integración de ideas y la capacidad de convertirlas en acción. En este punto, el candidato de Apruebo Dignidad no parece cumplir con ninguno de los dos requisitos: No es un integrador ni parece tener equipo para convertir un modelo (¿utópico?) en acción efectiva.

Vivimos una instancia determinante para el futuro de los chilenos, que ojalá vaya mucho más allá que comprar un televisor o un refrigerador en cuotas, o en pagar un viaje a Punta Cana, o comprar cosas y más cosas que le den a esta sociedad la ilusión que ha alcanzado una condición superior. No es así.

En esta instancia determinante donde, además de la Convención Constituyente que está generando las bases de convivencia social, Chile está necesitando de un influenciador que desde su visión del mundo pueda guiar a una sociedad que parece dormida. Que se despertó en octubre de 2019, pero que la decisión de plantear un nuevo modelo de país que logró más del 80 por ciento de adeptos, ahora asusta. Entonces, la aversión al riesgo y a ver un mundo en el que conservar también exige transformar, asusta. Y frente a eso, busca enmendar la desobediencia y se transforma en un rebaño obediente de lo que nunca debió cambiar.

Porque no es una cuestión de izquierda o derecha. Del fantasma rojo y comunista versus el fantasma del más despreciable conservadurismo. Es una cuestión de progreso o retraso, adelante o atrás.

Pero queda una esperanza: que este nuevo presidente sea sólo para firmar algún decreto, que sea casi interino o de transición esperando el gran acuerdo que es la Constitución, una ley que supere en tiempo y en espacio decisiones cotidianas menores que terminan siendo voluntaristas.

Estamos en transición y seguiremos en transición, ya que no tenemos líderes que la puedan guiar. Simplemente vamos a votar suplentes.

Los titulares quedarán para una oportunidad en la que podamos contar con esa ley suprema que permita la convivencia, la evolución cultural y el acuerdo social.

Para eso, necesitamos visionarios. Pongamos un aviso: “se busca un líder, con características de estadista integrador, capaz de conducir un rebaño que dice querer lo que no quiere…” Difícil.