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Sobre madres (y padres) desautorizados

Este Gobierno partió con la expectativa de una ministra que acarreaba a su guagua al trabajo, incluido al padre de la criatura. La idea era conectar con la ciudadanía a base de gestos íntimos y cercanos. Lejos, lejísimo, han quedado esos días, después de episodios tan fallidos como el de Temucuicui.

En mi cabeza, el Día de la Madre es el 10 de mayo, no el domingo que lo antecede. Mi mamá parió a mi hermano mayor un 10 de mayo, regalándose a sí misma un varón incondicional, cariñoso y demostrativo de su amor, incluso ahora que ella no está físicamente en este mundo.

Es importante reflexionar sobre las madres siempre, pero aprovechemos este día de connotaciones comerciales y consumistas que se nos regalan a las madres, para hacerlo.

Este Gobierno partió con la expectativa de una ministra que acarreaba a su guagua al trabajo, incluido al padre de la criatura. La idea era conectar con la ciudadanía a base de gestos íntimos y cercanos, con la exhibición de la humanidad de las nuevas autoridades en estado puro. Un presidente que leía –literatura, no documentos de gobierno– en su despacho de La Moneda, mientras la segunda autoridad femenina publicaba selfies, amamantando.

Lejos, lejísimo, han quedado esos días, después de episodios tan fallidos como el de Temucuicui; la preocupación por la salud de un supuesto estudiante agredido en una manifestación y la condena al carabinero atacado por una turba; la irónica y vociferante denuncia sobre un avión con migrantes expulsados que había ido y vuelto con los mismos ocupantes, entre un suma y sigue de errores por todos conocidos.

En el plano más anecdótico, resaltan los dichos de María Soledad Font, la mamá del presidente, en una entrevista donde cuestionó los conocimientos y capacidad de los constituyentes dada la tremenda tarea que tienen entre manos.  “Yo no me habría atrevido a presentarme”, dijo. Y agregó: “Me preocupé cuando me di cuenta de que no todos eran eruditos”. Esto, mientras Gabriel, su primogénito, comprometido indeleblemente con el proceso constitucional, tuvo que salir a bajarle el perfil al tema.

Esta semana la ministra del Interior no logró resolver el problema del bloqueo de las carreteras en la Ruta 5 Sur, a la altura de Duqueco, y tampoco cumplió con su promesa de terminarlo por la fuerza. Silenciosamente, debió viajar su subsecretario, Manuel Monsalve, a Los Ángeles, a negociar con los trabajadores forestales que claman por seguridad, para solucionar el conflicto. Como dijo maternalmente el domingo la alcaldesa Evelyn Matthei sobre las noveles autoridades: “Se van a tener que comer muchas de sus palabras y muchas de sus acciones, pero igual hay que acercarse y tratar de ayudarlos”.

Una mujer que no ha sido madre por opción, la escritora y licenciada en filosofía, Lucy Oporto, hace un análisis súper interesante sobre las fallidas acciones de las madres –y de los padres chilenos– que explican la violencia desatada y la crisis de autoridad del país, desde mucho antes del 19 de octubre.

Ya en esa fecha, la anomia se había apoderado del país, mientras los tontos lo ignoraban y los más tontos lo celebraban, ha dicho. Y en una entrevista señaló: “Padres que engendran hijos sin ningún sentido de la responsabilidad y a mansalva, mecánicamente, se diría, y con criterio cortoplacista, para después abandonarlos a su propia suerte (como a las mascotas consideradas inútiles), aunque compartan un mismo espacio físico. Además, la pésima educación pública, debido a la negligencia, desidia y autocomplacencia de todos los gobiernos de la post dictadura, que permitieron la decadencia conducente a la obscena destrucción de colegios y liceos históricos, como el Instituto Nacional y el INBA, lo cual implica la destrucción de tradiciones y memorias”.

Tiene una hipótesis sociológica muy interesante sobre qué tipo de mamá fue Michelle Bachelet para Chile. Y la trata de “terrible”. “No se trata de la madre nutricia, cuyo amor permite crecer a su hijo, sino de la madre terrible”. Qué efecto tiene esa progenitora sobre Chile. “Le impide crecer, quedando en un marasmo, detenido”, responde.

Hoy ciertamente tenemos a una madre y un padre inexpertos y poco creíbles a la cabeza de un país desbordado de delincuencia y violencia, incapaces de ejercer la autoridad porque hace muy poco alentaban la crítica destructiva y la revuelta como forma de hacer política. Quizás haya llegado el momento de que recurrir a los abuelos.  

 

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