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El arte de hablar sin decir nada

Estamos en la época del “blablablá”: hablar mucho sin decir nada. Y lo mismo se puede aplicar a la oposición, que –aparte de criticar lo que hace el Gobierno y escribe la Convención Constitucional –no presenta ideas, no expone soluciones y ni siquiera es capaz de unirse y tener una voz de comunicación masiva y positiva.

El Gobierno de Gabriel Boric acaba de cumplir dos meses en el poder. El país tiene tantas cosas que arreglar que se suponía que la nueva autoridad se dedicaría desde el primer momento a concretar -y comprensiblemente- esta tarea: arreglar cosas. Seguridad ciudadana, terrorismo en La Araucanía y alrededores, inflación galopante, creación de trabajos, crimen organizado y narcotráfico son solo algunas, la punta del iceberg de los problemas país.

En cambio, cada día vemos o escuchamos al Presidente prometer mejorar alguna situación “de turno” con grandilocuentes expresiones que, en el fondo, no dicen nada concreto, solo son promesas del florido  lenguaje típico de la izquierda. Entre tanto, el Partido Comunista avanza en el seno del poder mientras los y las regalones de Boric pierden popularidad y apoyo cada día. La Convención Constitucional introduce barbaridades al futuro texto de la nueva Carta Magna, justificándolas con discursos altisonantes que, de nuevo, no dicen absolutamente nada concreto, no contienen estadísticas, números, propuestas ni programas.

Estamos en la época del “blablablá”: hablar mucho sin decir nada. Y lo mismo se puede aplicar a la oposición, que –aparte de criticar lo que hace el Gobierno y escribe la Convención Constitucional –no presenta ideas, no expone soluciones y ni siquiera es capaz de unirse y tener una voz de comunicación masiva y positiva, explicando al público qué hacer, qué está pasando, qué viene, cuáles son las alternativas.

Hablar sin decir nada parece una enfermedad chilena, causada por el peligrosísimo virus de la ignorancia, la falta de preparación, la ausencia de ideas. Estamos en medio de la peor crisis desde los 60/70 y en picada hacia una hiperinflación, superdesocupación, falta de recursos, capital, inversiones y hasta alimentos y agua. Y en medio de todo esto, los que hablan en foros que la gente escucha – o puede escuchar – no están diciendo nada.

En mi modesto papel de ciudadano simple estoy tratando de decir algo a través mis “opiniones” en este medio. Estoy tratando de hablar diciendo algo, pero con la sensación de que son insignificantemente pocos los que me leen. Estoy tratando de decir que es – el último – momento para que el centro y la centroizquierda y la centroderecha – que al fin y al cabo son la inmensa mayoría del país – organicen marchas, protestas contra este no decir y no hacer nada, este circo de Convención Constitucional, estos funcionarios sin preparación para sus cargos que solo están haciendo esto: hablar sin decir nada.

Tenemos, los que entendemos la debacle en la que estamos hundiéndonos, que decir algo. Tenemos que explicar a voz viva, en las calles y los medios disponibles cuáles son las alternativas y cuál debe ser la elección de cada ciudadana y ciudadano para frenar la caída y tratar de retomar la vía por la que tan exitosamente caminó Chile durante casi 20 años.
 

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