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La innovadora propuesta tributaria de Jorge Claro: “Hay que pensar fuera de la caja”

El empresario inmobiliario, financiero, agrícola, del reciclaje y las telecomunicaciones, fundador del grupo Prisma, exdueño del Canal del Fútbol, tiene como preocupación principal (“hobby”, dice él) el desarrollo de las políticas públicas. Ha pasado horas, días, meses, calculando una reforma tributaria alternativa. Una que busca recaudar a través del consumo y que reduciría la tasa corporativa del 27% al 10%. Todo eso, dice, sin estresar las cuentas fiscales. “Este sistema que yo propongo no se va a hacer en este gobierno ni probablemente en varios más. Pero al final se va a hacer. Porque a la larga la lógica termina imponiéndose”, dice convencido.

Las entrevistas de Jorge Claro pueden sacar ronchas. Lo hizo hace más de diez años, cuando el Gobierno de la expresidenta Michelle Bachelet impulsaba la reforma tributaria diseñada por Alberto Arenas. Sin pelos en la lengua, como es su estilo, fue crítico.

Sigue siéndolo. “Una parte importante del bajo crecimiento es culpa de esa reforma tributaria”, dice a pocos minutos de empezar la conversación. Quiere hablar de impuestos. No exclusivamente de la ley miscelánea o de Reconstrucción Nacional que se debate en el Congreso. Tampoco (solamente) de los ajustes que se han implementado bajo otros ministros de Hacienda. Lo suyo son las propuestas que no están en el radar.

“Pensar en políticas públicas es un hobby, o una pasión, no sé cómo llamarlo, desde hace muchos años. Yo me acuerdo que ya desde el año ‘75, cuando Miguel Kast me pidió que asesorara al ministro de Educación de la época, prácticamente mi primer trabajo fue diseñar un sistema de crédito universitario. Al final al comité asesor de la Junta no le gustó”, recuerda él, describiendo una especie de antepasado del Crédito con Aval del Estado. Con algunas diferencias. Claro planteó hace cincuenta años que las cuotas se descontaran directamente de las remuneraciones, subsidios o bonos. “El Estado no puede estar sujeto a que le paguen si quieren. Fue uno de los errores de diseño de la política, no se estaban apretando las tuercas necesarias”, dice sentado en su oficina del grupo Prisma, el holding familiar que controla los negocios que van desde el sector inmobiliario al financiero, pasando por el agro, reciclaje y telecomunicaciones.

¿El llamado proyecto de Reconstrucción Nacional está apretando las tuercas necesarios?
La idea es recortar impuestos para impulsar el crecimiento. Y está muy bien hecho eso, porque la tasa de impuesto actual es muy alta. Pero lo que me produce angustia es darme cuenta de que el actual gobierno pudo haber hecho una reforma de mucho mejor calidad, mucho más importante y con un sistema de reasignaciones de la recaudación. Se sigue haciendo más de lo mismo, ¿me entiendes? Nadie piensa fuera de la caja. Hay que pensar fuera de la caja. ¿Qué sistema tributario me gustaría tener a mí? Uno que cobre lo menos posible por el lado de los ingresos, para no liquidar los incentivos a emprender y a trabajar. Lo que a mí me gustaría es que se cobrara principalmente por la vía de los consumos. Mientras más se consume, más se paga.

¿Un IVA específico?
Parecido. Lo que yo he pensado muchas veces es cómo cobrar de una manera que no le genere un problema grave a la persona que está pagando. Y la única manera lógica de hacerlo es cobrar pequeños montos a grandes cantidades de personas. Sé que eso significa poner impuestos a los estratos más pobres, pero puedes devolverle todos esos impuestos de una manera muy simple. En Chile existe la famosa cuenta Rut y la posibilidad de hacer traspasos directos a las cuentas. Es decir, tú puedes transferir completamente no sólo lo que cargan los nuevos impuestos que has diseñado, sino que también el IVA, que es un impuesto muy regresivo.
Se han hecho intentos por ese lado con la billetera electrónica…
Pero es como una gotita de agua en un mar, porque hay otras cosas en las que parece que no sacan bien las cuentas.

¿Quiénes nos sacan bien las cuentas?
La gente que diseña las políticas públicas.

¿El actual Gobierno?
No, en general, porque si uno saca las cuentas, se empieza a dar cuenta que hay diseños alternativos que son mucho más eficientes. Es un tema de incentivos y costos. La crítica de la oposición es que se le está bajando el impuesto a los ricos. Bueno, esa cuestión es muy, muy, pero muy vendedora. El gobierno trata de decir que lo está compensando por fondos que están en el extranjero, por las donaciones y por un montón de cosas que probablemente recaudan más. Pero hay una manera mucho más sencilla y eficiente de cobrarle a las personas de ingresos más altos y tener recursos para devolvérselo a los más pobres y a mucha gente de la clase media.

¿Cuál?
Chile está cobrando muy pocos impuestos de segunda categoría, los que pagan las personas por sus ingresos. Entre el 70% y el 80% prácticamente no pagan y los que pagan son el 20% de los ingresos más altos. Chile, por ese tipo de impuestos recauda 2,2% del PIB. Los países OCDE recaudan 8,9% del PIB. Estamos recaudando la cuarta parte. Eso no sería problema si pudiésemos reemplazar esas recaudaciones. Y hay una cosa que es muy sencilla de hacer: fíjate que Chile ha invertido durante toda su historia, en los últimos cincuenta o setenta años, una cantidad gigantesca de plata en la construcción de calles y caminos, que incluye túneles, puentes, semáforos, toda la infraestructura vial. Son más o menos US$450.000 millones en un bien público, que tiene un costo de mantención anual cercano a los US$4.000 millones, casi un punto del PIB. Lo que estoy planteando yo es cobrar por usar la infraestructura que existe, la infraestructura vial. Eso recauda 7% del PIB

¿Cómo llega a ese cálculo, a ese 7%? ¿Cuánto se cobraría por cruzar la calle, por ejemplo?
Si tú calculas una rentabilidad razonable sobre ese capital social, digamos, estás cobrando menos que la rentabilidad razonable. Las tasas que yo puse coinciden más o menos con cobrar entre un 3% y un 4% anual de todo ese capital. A eso se suma un aumento en la recaudación por una menor evasión y también un alza por igualar el impuesto específico del diésel con la gasolina.

¿Pero cómo funcionaría en la práctica?
Pagarías un impuesto de $50 por kilómetro recorrido al año en los vehículos livianos a partir de los 3.000 kilómetros. Los primeros 3.000 no se cobran. Para los vehículos pesados se cobraría $100 por kilómetro. Eso recauda 2,3 puntos del PIB. Igualar el impuesto al diésel con el de la gasolina recauda 0,7 puntos del PIB. Eso lo calculó la Comisión Marfán hace tiempo, y además es fácil de calcular. Eso te da 3 puntos del PIB, de mayor recaudación.

¿De dónde salen los 4 puntos extras?
De un impuesto bajo por tonelada transportada por cualquier medio, pero principalmente por el medio terrestre. Los otros medios aportan muy poco en eso. ¿Y cuánto se cobra? 0,5 UF por tonelada, que son $20.000 por tonelada, unos $20 por kilo.

¿Eso lo tendrían que pagar los camioneros?
No. Los camioneros actuarían como agentes recaudadores, porque ellos inmediatamente le suben la tarifa en $20.000 por tonelada a quien los contrata. Y el que los contrata, ¿qué puede hacer si todos los camioneros le suben la tarifa en $20.000 por tonelada? Traspasar a precio. Están obligados a pagar y traspasan una parte a precio. Entonces una parte es menor rentabilidad, les cuesta un poco de su margen, un poco de menor venta podría ser. Pero además, hay empresas que exportan y otras importan. Las que exportan, obviamente, no le cobran a los chilenos ese traspaso a precios. Por ejemplo, el caso del cobre. Cuando tú sacas esa cuenta y las proporciones de cargas que hay, este impuesto es capaz de generar cuatro puntos del PIB. Más los tres que teníamos antes, llegamos a los siete.
Pero finalmente con eso se aumentan los impuestos y el diagnóstico desde el mundo técnico es que hay que bajarlos…
Lo que yo propongo es que esa recaudación automáticamente se devuelva a buena parte de las personas que lo pagaron. O sea, si tú miras la recaudación neta de lo que yo estoy proponiendo, es cero, ¿ya? Porque devuelvo todo a los primeros deciles. Y la pregunta es, ¿cómo devuelvo todo? La devuelvo a la Cuenta Rut familiar que maneja la jefa o el jefe del hogar. Es una transferencia directa y un cambio en el Gini y en la desigualdad en Chile gigantesco.

¿Lo que usted propone es este tipo de mecanismo en paralelo a una reducción de la tasa corporativa general?
Claro, yo bajaría el impuesto, pero no al 23% en cuatro años. La bajaría al 10%. Así pasaríamos a tener un sistema tributario tan competitivo, que no solo los chilenos invertirían más, sino que muchos extranjeros también. Chile enfrenta una etapa que yo pienso que es fantástica, está cambiando completamente por dónde se gana plata con los temas energéticos.

Recortar la tasa con esa fuerza genera un desafío evidente para las arcas fiscales.
No, no, no. Piensa que esas arcas fiscales están recaudando 7 puntos del PIB. Esto sería en una segunda etapa, de manera gradual. Cuando yo empiezo a cobrar impuestos por la carga, empiezo a recibir inmediatamente. Pero además, con un recorte al 10%, bajaría fuertemente la evasión. ¿Quién va a ir a contratar a un abogado para dejar de pagar el impuesto del 10%? Hay muchísima gente dedicada a ver cómo pagas menos que el 27%, pero menos que el 10%, no.

Claro, pero usted decía que el resultado fiscal de las medidas de uso de infraestructura era cero, porque se redistribuye. Entonces, solo estamos creando un mayor estrés en las arcas fiscales.
Esos siete puntos se redistribuyen de manera gradual. Hay varios usos más, como construir viviendas sociales, con el Estado poniendo los terrenos. Ahí tienes que gastar parte de esta recaudación adicional en el Ministerio de la Vivienda que pondría 20% del costo de construcción, como una especie de pie que se lo pone a las familias de ingresos más bajos. Y después llamaría a una licitación de concesionarios similares a los de las carreteras para establecer arriendos a 20 años plazo con garantía estatal.

¿Por qué con garantía estatal?
Así ellos se pueden conseguir los créditos en el mercado capitales. Eso permite construir 100.000 viviendas al año. Es una tremenda fuente de financiamiento del ministerio de la Vivienda para construir viviendas sociales, con un impacto positivo en el empleo también.

Su propuesta tiene desafíos políticos relevantes. ¿Qué pasa por ejemplo con los camioneros? ¿Van a aguantar? Cualquier gobierno se enfrentaría además a una baja en la popularidad, es cosa de ver lo que sucedió con el presidente José Antonio y el alza en el precio de las gasolinas.
Creo que fue un costo, otra vez, gratis de gente que no sacó bien las cuestas. Cuando subes el precio de la gasolina y del diésel como se subió, $300, ese mayor precio paga IVA y paga impuestos específicos. Por lo tanto, el Estado gana plata. Y a mí me parece inmoral que el Estado gane plata con una crisis de este estilo que le pega tan fuerte a la gente. Entre paréntesis, sé que esta es una crítica demasiado fuerte a un gobierno con el que yo estoy de acuerdo y que espero le vaya muy bien. Pero, ¿qué hubiese pasado si en vez de llegar y traspasar a la bruta los costos se hubiese hecho de manera escalonada? ¿Cuánto me cuesta? Primero, destino a financiar el mayor ingreso que yo tendría por impuesto específico a la gasolina, al diésel y el IVA. ¿Y cuánto me falta? US$100 millones. Eso es lo que costaba. Entonces, me endeudo en US$100 millones el primer mes y el segundo mes me hago cargo solamente de la mitad del alza. Con eso le digo a la gente yo no estoy beneficiándome con esta alza, estoy aportando para que ustedes lo pasen menos mal.

La redistribución que usted propone está centrada sobre todo en las familias más vulnerables pero ¿qué pasa con la clase media aquí?
Se va a ver beneficiada por un aumento en el crecimiento económico y en los nuevos proyectos por la llegada gigantesca de capitales de afuera.

Volviendo al tema tributario, si se cobra por uso de infraestructura de transporte, parte de ese aumento de costos se traspasará a precios y tendremos un aumento de la inflación.
Si miras lo que pasó con el ajuste del Mepco, el efecto total ha sido acotado, no es un proceso inflacionario. Con mi propuesta, el IPC va a subir entre 0,8 y 1,2 puntos, de a poco. No se va a sentir. Pero ese es el precio que hay que pagar por recaudar 7% del PIB. Y yo lo pago feliz. Todo el mundo lo pagaría feliz.

¿Por qué nunca intentó tener un rol político?
La política pública es muy distinta a la política sin apellido.

¿Y cómo se logra traspasar a políticas públicas las ideas entonces?
Ese es un problema grave. Por diversas razones, gente que debería preocuparse de estos temas muchas veces está muy ocupada, muchas veces no le da el tiempo para pensarlas, sacar las cuentas. Eso lleva un esfuerzo, digamos, especial. Otras veces, digamos, están enamorados de las soluciones que ellos propusieron, y dicen, ‘no, que voy a venir a ver esto que me parece a primera vista una locura’. Es como la clásica pregunta ‘¿y en qué país se ha hecho esto?’. Bueno, en ninguno. Pero nosotros perfectamente podríamos ser el primero. ¿Sabes que es exactamente lo que me dijeron cuando yo propuse hacer el Canal del Fútbol? Me dijeron que estaba loco.

¿Quién le dijo eso?
La gente de los clubes y los family offices donde fuimos a tratar de conseguir plata. En Chile de repente se pueden hacer cosas que no se han hecho en ningún lado y que son muy buenas. Yo estoy convencido de dos cosas. Que este sistema que yo propongo no se va a hacer en este gobierno ni probablemente en varios más. Pero al final se va a hacer. Porque a la larga la lógica termina imponiéndose.

Cruzados, su otra pasión

Las políticas públicas no son la única pasión de Jorge Claro. El fútbol es otro. Fue presidente del Club Deportivo Universidad Católica entre 1994 y 1996, pero recientemente se convirtió en el mayor accionista individual de Cruzados, la sociedad que administra la entidad.

¿Cómo se gestó su avance como accionista de Cruzados?
Cuando empezó la construcción del estadio, se empezó a notar que iba a faltar la plata y que se estaba haciendo una emisión de acciones. Mi hijo Matías, que es muy fanático, más que yo, me dijo ‘podríamos comprar acciones’. Era una manera de devolverle al fútbol lo que nos dio con el Canal del Fútbol.
Pero solamente le devolvieron a la Católica, no a los otros equipos. ¿Por qué lo voy a dar a Colo Colo o a la U, si ya les devolvimos bastante en ingresos para ellos? Si no fuera por el Canal del Fútbol estarían no sé adónde.

Ahora su hijo Matías es el presidente del club.
Matías tiene todas las características para hacerlo muy bien como presidente. Obviamente no pueden prometer títulos y cosas de ese estilo, porque eso es muy difícil. O sea, tú puedes haber hecho todo, todo, todo y al final a última hora se te va el título, como me pasó a mí en el año 94 y en el año 95. Pero hay muchas cosas que se pueden hacer. Obviamente, una parte importante es tratar de generar los ingresos que permitan el objetivo principal que es tener un muy buen plantel contratado, jugadores, entrenadores. Eso es importante, pero para hacerlo hay que tener ingresos.

¿Y cómo proyecta esos números?
Inicialmente los ingresos son complicados porque estás pagando las deudas por la construcción del estadio, que son muy grandes, pero hay muchas maneras de generar mayores ingresos en una entidad de ese estilo y yo creo que Matías va a ser capaz de hacerlo. Tiene muchas habilidades para ese cargo. Es malo que yo lo diga, pero soy el que más lo conoce. Entonces yo sé de lo que estoy hablando.

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