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Esperando a un Presidente

De un Presidente, el que todavía no tenemos, se espera madurez y guía, incluso cierta pedagogía si hiciese falta, altura de miras, y no una forma trágica de alumnado, pues de lo que hablamos es del destino de un país a la deriva. 

De seguir así, en Chile vamos a tener que empezar a esperar que llegue un Presidente. De la foto “chori” con el simpatizante que pasa, el golpe en el pecho con expresión de rostro agradecido, la camisa abierta y los puños subidos hasta el antebrazo tatuado, es decir, la política de los gestos, vamos a transitar al aburrimiento, la pose manida y la reiteración de una humildad fake que está comenzando a hartar.

Eso quiere decir que no solo la etapa de instalación, de elección de los ministeriables, entre ellos un núcleo duro de amigos -después de tanto protestar y todos los berrinches imaginables, con patataleta callejera e insulto subliminal a los mandatarios anteriores – sino que sobre todo la etapa del aprendizaje se terminó. Ello no significa que uno no siga acumulando experiencias y madurez, ojalá para bien, sino que al recurso superficial “la próxima vez lo haremos mejor” va siendo hora de ponerle coto, por no decir fin definitivamente. De un Presidente, el que todavía no tenemos, se espera madurez y guía, incluso cierta pedagogía si hiciese falta, altura de miras, y no una forma trágica de alumnado, pues de lo que hablamos es del destino de un país a la deriva. 

La generación de la nueva política, la que venía a sustituir simbólicamente a la dorada futbolera, fácilmente se puede transformar en la generación de la mala política, de los ministros y subsecretarios sin postgrado, del calentar la materia legislativa refugiados en un gesto leve, pero decodificable e inteligible, de hijos de papá. La pasada de mano por el hombro de Boric a Jackson parece decir “tú serás el siguiente”, asemejándose la penosa escena a una espera en la fila del cine donde todos debiésemos aceptar que este círculo se repartiese la jefatura futura del Estado como si de piruletas se tratase. 

Mientras en el extranjero aplauden a los gobernantes de un país que desconocen, in situ, sin medias tintas y condenados a padecernos, la preocupación aumenta y corre como la pólvora a través de noticiarios que retratan la violencia de los cárteles nacionales y de una convivencia que quedó hecha trizas a lo largo y estrecho de este bello país. Mostrar decisión, arrojo, capacidad de riesgo en temas clave como estos y otros puede ayudar a levantar un faro que esta costa abrupta, esta geografía privilegiada e indomable ahora necesita. 

El candidato menos malo, el hijo de la PS3 y el heavy rock deslavado, el Jefe de Estado más austral, cuyas ideas parecen haber germinado en terreno de vientos patagónicos, cambia la orientación de sus velas con todo desparpajo, y en su despliegue se puede leer “estamos aprendiendo”, cual colegial mimado. Todo un barniz actitudinal barato que esconde una fuerte orientación al poder y a su propia supervivencia ubicándose donde está el sol que más calienta, hoy ya cerca del nuevo centro político nacional, demasiado cerca del poder que anteayer criticara. 

 

Modesto Gayo,
académico Escuela de Sociología UDP
 

 

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