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Urge una estrategia para promover el despliegue de infraestructura digital

Chile no cuenta con una estrategia que promueva el despliegue de infraestructura digital. A la falta de normativa actualizada e integral para promover ese despliegue se suman los conocidos problemas de armonización entre los distintos niveles de Gobierno o las imposiciones de tasas arbitrarias.

Internet está sosteniendo la vida económica y social de nuestro país. El catastro de bienes de capital identifica que los principales proyectos privados de inversión para los próximos meses son el despliegue de redes 5G, fibra óptica, data centers y cloud. Es decir, los mayores aumentos de inversión en Chile al año 2024 son las del sector telecomunicaciones y tecnología, consolidándose lo que hace seis años definimos como la ruta para convertir a Chile en el HUB digital del Cono Sur.

InvestChile, en su último reporte, confirma que la inversión en el sector de telecomunicaciones y tecnológico presenta en la actualidad 150 proyectos, con una inversión de US$7.000 millones.

Las empresas socias de la Cámara Chilena de Infraestructura Digital -al año 2021- invierten anualmente US$1.500 millones, representando casi la totalidad de la inversión del sector. Nuestros socios enfocan su inversión -95% extranjera- en promover una industria habilitadora, innovadora y de transferencia tecnológica verde, digital e inclusiva.

La inversión en el sector en los próximos años debe ser intensiva. De ahí que construir una agenda en este ámbito es estratégico para enfrentar desafíos de más conectividad, acceso a internet de calidad y desarrollar una economía del dato que impacte la matriz productiva. La infraestructura digital es el factor más crítico de este siglo: por ejemplo, construir una nueva red 5G requiere de cinco veces más recursos que los montos anuales del sector. Un plan maestro de despliegue de infraestructura 5G implica una alta inversión para pasar de 23 mil a 60 mil antenas, equivalente a US$3.500 millones en 5 años. Lo anterior debe ser a través de un despliegue ordenado para lograr inversiones más eficientes, aprovechando la infraestructura existente, potenciando la compartición de infraestructura y sus beneficios para la industria y las comunidades donde se inserta.

A esto hay que agregar la inversión en fibra óptica en igual período, que implica sumar US$2.500 millones. Hablamos de una red en régimen, con cobertura y capacidad, de US$6.000 millones.

No hay posibilidad de avanzar y cumplir con más hogares conectados a una red fija, de extenderla hacia zonas rurales y suburbanas y desplegar una red 5G en tres años con la interminable “tramitología”. El actual modelo sobreburocrático y errático retrasa el despliegue de infraestructura en promedio 20 meses. La promesa de enfrentar la desigualdad digital, promover la economía del dato y contar con millones de aparatos conectados, en el actual escenario, no es posible, entre otras cosas, por los “cuellos de botella” generados por algunas comunidades y gobiernos locales, que impiden que el despliegue de infraestructura se dé con la celeridad que se requiere.

Chile no cuenta con una estrategia que promueva el despliegue de infraestructura digital. A la falta de normativa actualizada e integral para promover ese despliegue se suman los conocidos problemas de armonización entre los distintos niveles de Gobierno o las imposiciones de tasas arbitrarias.

Las ciudades y los municipios tienen un rol crucial para promover la inclusión digital. Sin embargo, sólo pocas han hecho el “click” necesario para entender el vertiginoso cambio en el que está inmersa esta industria. En este sentido, el Gobierno central, y también los municipios, deben aunar esfuerzos con el sector privado para “evangelizar” los beneficios de este tipo de inversiones hacia la comunidad y aclarar los mitos y creencias erróneas sobre posibles afectaciones a la salud.

Una Agenda Pro Inversión debe dar cuenta de una planificación a corto, mediano y largo plazo, con metas e indicadores objetivos y medibles, pertinentes a cada contexto local y vinculante entre los organismos del Estado. Sin el despliegue oportuno de la infraestructura adecuada, quedaremos rezagados en la ruta digital.

En los próximos cinco años debemos triplicar la inversión en infraestructura y aumentar por 10 la capacidad de soportar dispositivos conectados. Chile, para 2025, generará alrededor de 463 billones de gigabytes de datos al día. Y eso sólo aumentará con 5G, con más fibra óptica al hogar, con la masificación del Internet de las Cosas (IoT), ampliando con ello la demanda de plataformas de procesamiento y almacenamiento de datos.

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