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¿Trabajar menos y producir más?

En 2019, el Banco Central estudió los posibles efectos que podría tener reducir la jornada laboral de 45 a 40 horas. El resultado fue que, sumado a otros factores, los costos laborales podrían subir entre 15% y 29%.

Durante el verano japonés de 2019, la sucursal japonesa de Microsoft experimentó con semanas laborales de 4 y 3 días de trabajo, promediando 32 horas trabajadas a la semana por empleado. El resultado fue que, aunque en agosto de 2019 se trabajó un 25% menos, la productividad laboral aumento un ≈40% comparado con agosto de 2018. Entre 2015 y 2019, Islandia experimentó bajando la jornada laboral de algunos empleados del sector público de 40 a 35-36 horas/semana. Resultado: en la mayoría de los casos, la productividad se mantuvo o mejoró.

Trabajar menos y producir más es posible. De hecho, según los datos de la Penn World Table 10, entre 1955 y 2019, Chile disminuyó la cantidad promedio de horas anuales trabajadas por empleado (-23%), mientras que más que cuatriplicó su PIB per cápita (+334%). Esto significó un aumento de la productividad laboral de 348%. Pasamos de ser un país Latinoamericano promedio al segundo mejor posicionado en materia de productividad laboral (levemente detrás de Argentina).

El cálculo de la productividad laboral, sin embargo, no encapsula todo lo importante, ya que deja afuera la evolución del capital y de la tecnología. Bajar la carga laboral de los empleados podría resultar en que estos sean más productivos en sus trabajos porque estarán más descansados. Pero, nada nos garantiza que eso sucederá. La productividad no sube automáticamente, sino que debe fomentarse.

Según la Dirección de Presupuestos de Chile, entre 1990 y 2020, la productividad total de los factores (PTF) no minera —que sí considera el capital y la tecnología— aumentó un 45%. Esa cifra es muy positiva y muestra cuánto hemos progresado como economía. Sin embargo, desde 2006, esa productividad se ha estancado e incluso ha disminuido.

En 2019, el Banco Central estudió los posibles efectos que podría tener reducir la jornada laboral de 45 a 40 horas. El resultado fue que, sumado a otros factores, los costos laborales podrían subir entre 15% y 29%. Como era de esperar, a las empresas les saldrá más caro contratar trabajadores porque debe pagar los mismos sueldos por menos trabajo.

Con una PTF estancada por años y un mercado laboral debilitado por regulaciones estatales, se hace aún más urgente avanzar en materia de productividad. En la economías emergentes como Chile, las principales formas de aumentar la productividad son, en el corto plazo:

(1) Dar más flexibilidad al mercado laboral fomentando la negociación trabajador-empresa, agilizando procesos de contrataciones y despidos (sobre todo del sector público), y aumentando las opciones de jornada laboral de los trabajadores.

(2) Desburocratizar procesos y facilitar la creación de nuevas empresas, que aumentarían la competencia en el mercado. Mientras más competencia, más incentivos tienen las empresas para mejorar su eficiencia.
Y en el largo plazo:

(3) Mejorar la calidad de la educación (también a través de competencia): una buena educación es la base de la productividad de un trabajador. Comparado con países desarrollados, los adultos chilenos con años de educación comparables son abismalmente menos capaces de leer y hacer tareas numéricas de manera eficiente.

(4) Más y mejor inversión en innovación y desarrollo (con incentivos tributarios): las nuevas tecnologías nos ayudan a hacer nuestro trabajo mejor y/o más rápido. Si se crean los incentivos para que las entidades que asumen riesgo innoven (los privados, no el Estado), probablemente, la innovación crecerá y será de mejor calidad.

El progreso humano no se origina solo en cuánto podamos producir, sino en cómo lo hacemos: ¿igual que siempre o más eficiente?

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