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7 de Julio de 2024

Elecciones en Reino Unido: repensando la polarización

Uno pensaría, desde el efecto visible, que estamos frente a un territorio definido, estable, con una cultura política consistente y homogénea.

Por Enrique Morales
Keir Starmer es el nuevo primer ministro del Reino Unido. INSTAGRAM.
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Enrique Morales

Enrique Morales es cientista político. Investigador Proyecto Democracia de la Universidad Miguel de Cervantes.

Las elecciones en Reino Unido ilustran los efectos que produce un sistema uninominal y como ello repercute en la representación. Punto clave es no reflejar las diversidades que habitan en la realidad británica; una realidad no exenta de tensiones por la pluralidad, la inmigración y las posturas frente al resto de Europa. Uno pensaría, desde el efecto visible, que estamos frente a un territorio definido, estable, con una cultura política consistente y homogénea. Ciertamente, la existencia del sistema uninominal esconde tras el triunfo del partido mayoritario, en este caso el partido laborista, las tensiones multicolores y la evolución sociopolítica de ciudadanos que han ido desafiando el bipartidismo.

Hace unos años en Chile también se hizo presente una interpretación antojadiza y estratégica respecto a resultados electorales. Para muchos el resultado del primer plebiscito constitucional de 2022 fue visto como un ejemplo de no polarización, una supuesta muestra de cuasi unanimidad en relación con el diseño institucional y sus implicancias. Si bien son elecciones diferentes esa interpretación errada responde a que en ambos casos la realidad diversa se dirime a través de una fórmula todo o nada.

En el caso del Reino Unido las mayorías son sobrerrepresentadas en desmedro de las minorías y ello trae consigo la sensación inequívoca de voto inútil. El desincentivo a la participación electoral favorece una falsa estabilidad que termina perpetuando el bipartidismo. De alguna u otra forma también el votante se va acomodando muchas veces a esta dinámica permanente y reduce los componentes diferenciadores de sus perspectivas inclinándose por uno u otro polo. Ahora bien, en estas últimas elecciones surgió con claridad un fenómeno que aporta un sentido diferente y a la vez preocupante; La disminución en las distinciones y complejidades de nuestras posiciones políticas aumenta la polarización ya que supedita nuestra convivencia a un trasfondo maniqueo y de dualismo confrontacional. En esta última elección, debido al aplastante triunfo del laborismo, estamos frente a una polarización por concentración de poder; bajo esta nueva lógica en principio no estamos en presencia de respuestas extremistas.

Reino Unido con esta dinámica de polarización por concentración del poder en un solo partido fomenta la sensación de exclusión o de imposibilidad de futuros acuerdos. Desde la óptica no institucionalizada pervivirán las diferencias entre el polo gobernante, las fuerzas conservadoras y liberales disminuidas y la multipolaridad de partidos minoritarios. No es menor la forzada subrepresentación del partido de la Reforma (antigua tienda política defensora del Brexit) debido a que instala un telón de fondo de potencial desazón sociopolítica y futuros conflictos con el extremo ultraconservador. EL monopolio discursivo, el surgimiento de decisiones centralizadas en conjunto con una competencia electoral que no da cuenta de la múltiple realidad y la percepción de una autoridad autorizada para el ejercicio de un poder asimétrico no contribuyen al fortalecimiento societal ni institucional.

Estamos acostumbrados a una polarización de al menos dos polos hasta un punto de múltiples partidos en abierto antagonismo y distancia ideológica. En la nueva realidad del Reino Unido confluye el descontento, la desigual consideración de intereses, la ocultación de las abiertas tensiones partidarias, sociales y económicas. Esto alimenta el choque entre el polo dominante a la cabeza del gobierno y la multipolaridad que reaccionará desde diferentes puntos políticos o extrapolíticos. Además, el triunfo laborista no cambia el alza de los reformistas ultraconservadores y ello pasa por alto la necesidad de canalizar, reconducir y mitigar las diferencias a través de mecanismos institucionales. Urge una reforma electoral e institucional en concordancia con los alcances de democracias que habitan la diversidad y que abogan por representatividad y gobernabilidad.

Los sistemas electorales no son un juego y las cambiantes dinámicas sociopolíticas deben ser consideradas y recogidas como signo de cada tiempo; optar por falsas uniformidades, homogeneidades o encuadres distorsionadores es simplemente desencadenar soluciones aún más problemáticas y polarizadoras. Este todo o nada que configura un uno contra todos grafica otra alternativa peligrosa para la convivencia democrática y nos invita a reflexionar sobre la importancia y multiplicidad de los escenarios polarizadores. Es crucial distribuir el poder, las diferencias, las diversidades y los canales de consideración, deliberación y decisión que habitan junto a nuestras ciudadanías.

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