Secciones
Opinión

Aprender jugando: poner el foco en las características de la infancia

Es necesario abrir espacios para jugar en las escuelas, considerando tanto el juego libre como los juegos normados y el uso de estrategias didácticas basadas en juego. Desde siempre, animales y seres humanos hemos aprendido jugando, tradicionalmente el juego ha actuado como un mediador del aprendizaje. Entonces el desafío es simple: juguemos más y lloremos menos.

El juego es la actividad central del desarrollo infantil. A través del juego, las y los niños y interactúan y conocen el mundo. Al jugar, desarrollan aprendizajes fundamentales que sustentan las bases para la comprensión de diversos mecanismos que posibilitan una activa participación social. La importancia del juego ha sido reconocida por el Ministerio de Educación, incluyéndolo como uno de los ejes fundamentales de la enseñanza en las bases curriculares de la Educación Parvularia. Ahí se resalta el rol que tiene el juego para impulsar el desarrollo cognitivo y socioemocional de las y los estudiantes. Esta propuesta no se aleja para nada de la realidad, puesto que distintas investigaciones han indicado que los programas educativos basados en juego no solo aumentan el desempeño de los estudiantes, sino que también disminuyen la tensión existente en las salas de clases. Aquellos docentes que utilizan el juego como una herramienta educativa generan mayor motivación y compromiso en las y los niños, disminuyendo además la ansiedad que les generan los desafíos escolares.

Sin embargo, en muchas salas de clases, incluso en los niveles de Educación Parvularia, no es posible observar el uso de metodologías basadas en juego. En los últimos años se ha podido ver una disminución de los espacios de juego, actualmente las y los niños pasan más tiempo escuchando definiciones o siendo evaluados que aprendiendo por medio de metodologías lúdicas. No es extraño escuchar a docentes decir que a la escuela no se viene a jugar, sino que, a aprender, o a apoderados comentando con orgullo, que pese a tener el cuaderno lleno de lágrimas, su hijo logró cumplir con las tarea; pero ¿por qué aprender llorando si podemos hacerlo jugando?

La extrema presión que tienen los profesionales de la educación por los resultados podría ser la respuesta a esta ausencia de metodologías adaptadas a las características de las y los niños, o quizá alguna carencia en la formación inicial de las y los docentes. También podríamos encontrar la respuesta en la tendencia que existe entre las y los profesores de replicar las metodologías de enseñanza con las que fueron educados, o en la creencia en la meritocracia que se ha impuesto en la sociedad. Sin embargo, en este caso las razones no deben ser el centro de la discusión, sino que más bien debemos enfocarnos en la solución. Es necesario abrir espacios para jugar en las escuelas, considerando tanto el juego libre como los juegos normados y el uso de estrategias didácticas basadas en juego. Desde siempre, animales y seres humanos hemos aprendido jugando, tradicionalmente el juego ha actuado como un mediador del aprendizaje. Entonces el desafío es simple: juguemos más y lloremos menos.

Notas relacionadas











Kast, el turista

Kast, el turista

Kast puede ser mesiánico pero no está loco, aunque ha cometido estas semanas la locura de abandonar su temple para ajustarse al guion de Trump. Pero para hacer las cosas como Trump hay que ser Trump, o ser Milei y vivir en un país desesperado.

Foto del Columnista Rafael Gumucio Rafael Gumucio

Cuando las oportunidades existen, el talento florece

Cuando las oportunidades existen, el talento florece

Cada 8 de marzo, en el marco del Día Internacional de la Mujer, abundan los diagnósticos sobre brechas y tareas pendientes. Pero más allá de las cifras, hay una convicción que he podido constatar en terreno: cuando las mujeres tienen oportunidades reales, las toman y destacan. Como se diría en un lenguaje bien coloquial “somos mateas”.

Fernanda Álvarez