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Lecciones del domingo

La postulante de Chile Vamos, antes reina indiscutida en las encuestas, viene cayendo sostenidamente en los sondeos. Y aunque a su comando le dé por criticar la metodología, de poco sirve la negación o intentar tapar el sol con un dedo. Mejor ver la realidad. Y en esa pasada, copiar lo que funciona y descartar lo que no.

Tiene mala fama copiar las ideas, pero buena inspirarse en ellas. Podría ser una lección para sacar hoy en la candidatura de Evelyn Matthei después de la primaria del oficialismo.

La postulante de Chile Vamos, antes reina indiscutida en las encuestas, viene cayendo sostenidamente en los sondeos. Y aunque a su comando le dé por criticar la metodología, de poco sirve la negación o intentar tapar el sol con un dedo. Mejor ver la realidad. Y en esa pasada, copiar lo que funciona y descartar lo que no.

Carolina Tohá y Evelyn Matthei tienen algo parecido: ambas campañas apuntan -o apuntaban, en el caso de la primera- a conquistar desde las ideas, pero también desde la confrontación. “Nosotros no somos ellos”, “nuestro pasado nos avala”, etc.

Jeannette Jara, por su parte, conquistó al electorado hablando sobre el futuro. Ignorando, no sin vuelta olímpica, su pasado en el estallido, las ideas del PC, y, en simple, todo lo que huela a política. La gente hoy no quiere políticos. No quiere más de lo mismo. No quiere a los que han sido dueños del boliche por años y que, de alguna manera, mantienen el local igual.

En los últimos estudios de Cadem hemos visto cómo la desesperanza cruza a la sociedad chilena. Después del estallido, pandemia, y dos procesos constituyentes traumáticos, a las personas les cuesta ver una luz en el horizonte desde lo público. Jara ganó no porque es comunista, sino porque ofrecía una luz que enceguecía ese punto negro de su biografía. Ganó a pesar de ser comunista.

No habla del pasado, no se altera. Ofrece un asiento en la mesa para conversar e incluso un abrazo al contendor. Hemos visto cómo estos días intenta sumar al mundo del socialismo democrático, cediendo ante sus principios comunistas en pos de aglutinar una fuerza mayor.

Matthei tiene carácter, eso es bueno. Pero hoy la cuenta ganadora no gira en favor de la confrontación, del “tu dijiste” o “tu fuiste”. Los vientos corren a favor de la empatía, de la sonrisa, de ofrecer un espacio en que las personas quieran sentirse parte para estar en paz, no para derribar al otro. El centro -centroizquierda y centroderecha- es históricamente el lugar de los encuentros. El living donde la democracia es sagrada, donde las conversaciones llegan a mejor puerto, donde la imposición tiene menos sentido que la construcción.

Se puede ser firme con la delincuencia y ser, al mismo tiempo, acogedora. Se puede. Pero lo más necesario, es mostrar un camino hacia el futuro, proponer a los chilenos hacia dónde podemos caminar, juntos, por algo mejor. Las peleas chicas, dejarlas a otros. Hacerle honor al ancho camino del medio, ese donde todos sientan que podemos transitar al mismo tiempo, sin tener que agarrarnos a combos.

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