A horas del nombramiento del gabinete del Presidente electo, Chile enfrenta una definición clave para su futuro social y económico: contar con un Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género verdaderamente transversal, capaz de incidir de manera efectiva en las políticas públicas y de responder a las realidades concretas que viven las mujeres, más allá de enfoques ideológicos identitarios.
Las brechas laborales no solo persisten, sino que se profundizan especialmente a partir de la maternidad. En Chile, el 71% de las mujeres interrumpe su carrera laboral tras el nacimiento de su primer hijo (BUK, 2023), y un 61% de la ciudadanía considera que la sociedad no entrega apoyo suficiente a quienes desean ser madres (Encuesta Bicentenario, 2024). Estas cifras reflejan una realidad estructural que impacta directamente en la autonomía económica de mujeres y madres y explica, en parte, la postergación o renuncia a la maternidad, con consecuencias demográficas, sociales y económicas que ya comienzan a hacerse evidentes.
La transversalidad no debilita la causa de las mujeres; por el contrario, la fortalece. Un ministerio que logra convocar amplios consensos y dialogar con distintas miradas amplía su legitimidad, mejora la calidad de las decisiones públicas y permite avanzar en soluciones concretas y sostenibles en el tiempo. Cuando la agenda de las mujeres se reduce a una sola visión, pierde apoyo social y eficacia; cuando se abre al país, gana profundidad y respaldo.
En este contexto, resulta fundamental que quien encabece el Ministerio de la Mujer cuente con experiencia comprobada en la materia, conocimiento técnico y trayectoria que respalde su liderazgo. Esta cartera no puede transformarse en un espacio de cuoteo político ni en una moneda de cambio partidaria. Las mujeres en Chile merecen ser representadas con seriedad, competencia y compromiso real, no con designaciones que respondan a equilibrios políticos ajenos a sus necesidades.
Un Ministerio de la Mujer sólido no constituye un privilegio ni responde a una agenda identitaria; es una herramienta estratégica para el desarrollo del país. Su conducción exige responsabilidad, preparación y una mirada de largo plazo que ponga en el centro la dignidad de las mujeres y su derecho a desarrollar plenamente sus proyectos de vida.
La experiencia reciente demuestra que un ministerio sin transversalidad ni liderazgo idóneo no solo dificulta el diálogo, sino que también pierde eficacia y legitimidad frente a la ciudadanía. Persistir en ese camino sería un grave error. Las mujeres en Chile merecen más respeto, seriedad y dignidad.